Coaching Profesional 


No me mires, mírate

Una de las mejores costumbres que podemos tener para que nuestras relaciones sean sanas, es mirarse más a uno mismo y un poco menos a los demás. Es importante que empleemos tiempo en averiguar lo que nosotros sentimos, en vez de dedicarnos a ser jueces de los que están a nuestros alrededor.

Tendemos a mirar al de al lado para señalar las cosas que consideramos que podría mejorar, pero rara vez miramos en nuestro interior para hacer revisión de aquello que nosotros podemos cambiar. Esto puede hacer que acabemos creando un entorno en el que se vive más pendiente de lo que piensa el otro que del propio criterio, y en el exista mucha exigencia por vivir de acuerdo con referentes externos.

Cuando estamos ante una diferencia de opiniones, por ejemplo, es mucho más fácil calificar como “no válido” el punto de vista de la otra persona, que pararnos a pensar que igual pretendemos imponer nuestra visión en vez de aceptar una diferente.

Mirarse

Si miramos siempre a los demás acabaremos juzgando nuestra vida a través de medidas impuestas externamente

La solución pasa por ser más tolerante y humano, por aceptar que los demás no necesariamente sienten o desean lo mismo que nosotros, que tienen otra manera de ver la vida, puede que parecida a la nuestra, pero con notables diferencias que nosotros no tenemos por qué entender o aprobar. Conviene que aprendamos a escuchar con humildad y comprensión, abandonando la postura de “sabelotodo”, puesto que por mucho que uno crea saber, su opinión siempre estará sesgada.

Nos cuesta aceptar que lo que nosotros vemos como un error o una equivocación, para la otra persona puede no serlo.  Esa postura, la de juez, nos convierte en auténticos expertos de las vidas ajenas pero ciegos en cuanto a emitir juicios en carne propia.

¿Qué podemos hacer? No compararnos, no exigir al de enfrente, averiguar dónde estamos nosotros, qué nos dice nuestro corazón, saber que tenemos la libertad de elegir nuestra vida sin pensar lo que se espera de nosotros, porque nuestro camino es único y nos lleva hacia nuestro destino, el de nadie más. Confía en tu intuición, en tu criterio, en tu corazón. Las cosas se aprenden andando, no mirando cómo andan los demás. Decide, experimenta, equivócate y dirige tú las riendas de tu vida.

Este cambio, aceptar más el punto de vista ajeno y mirarse a uno mismo en busca de posible evolución y no al revés, puede mejorar  la vida de todos. Tanto si eres padre o profesor, alumno o ejecutivo, comercial o ama de casa: mirémonos, revisando si podemos cambiar algo y  dejemos que los demás hagan lo mismo, sin juzgar ni pretender cambiarles.

Elijamos ser felices en vez de tener la razón.

Vía| Texto cedido por la autora

Imagen| Visualización, Mirarse al espejo

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