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No es la economía

¿Habéis sentido esa sensación de aún llevando una vida ordenada y descansando las horas recomendadas, incluso más, continuar muy cansados?

¿Habéis visto a algún deportista cambiar radicalmente durante un partido? ¿Pasar de una actuación prodigiosa a una nefasta y viceversa sin motivo aparente?

Para entender este hilo conductor, uno puede aplicar todas las recetas para que algo funcione y que el resultado no sea óptimo. Todas estas recetas o acciones no sirven de nada por separado, sólo tienen el efecto esperado cuando todas las piezas encajan. El problema es encontrar el pegamento que las une. El problema es que ese pegamento obedece a una fuerza que todavía, a pesar de los esfuerzos de muchos investigadores, no hemos sido capaces de comprender: el funcionamiento del sentimiento humano.

A día de hoy, muchas de las acciones llevadas a cabo por políticos y economistas se han demostrado insuficientes y poco funcionales bien porque no eran correctas, bien porque no llegaban a tiempo o bien porque simplemente porque no funcionaban.

Si uno analiza los orígenes de esta crisis económica no encuentra hechos económicos como tal. Me explico, los hechos económicos son consecuencia y no causa.

La economía demuestra que un excesivo apalancamiento es peligroso si la rentabilidad no es mayor que los intereses que se tienen que pagar. También la economía muestra la diferencia entre gasto e inversión, tiene muy bien definido el concepto de riesgo así como dispone de mecanismos para controlar factores como el PIB, la inflación o el desempleo. No maltratemos a la economía.

La medicina nos demuestra que un fumador tiene una mayor probabilidad de padecer cáncer de pulmón. ¿Acaso culpamos a la medicina cuándo se diagnostica esta enfermedad? Entonces, ¿por qué atacamos a la economía por algo de lo que ya estábamos avisados? No es la economía. El que se apalanca o el que fuma es el ser humano. El resto son realidades, una realidad que es la que es y no la que queremos que sea.

La realidad muestra que el problema no es económico, es humano, derivado del comportamiento ególatra de nuestra especie que difiere del resto de seres vivos del planeta. Hoy en día nadie quiere sacrificar nada y hablo en términos individuales, de comunidades, países o “Uniones”.

Pues bien, de ese sacrificio personal surge el pegamento que une las piezas y que es materia de éxito.

La reflexión es sencilla: mientras sólo pensemos en salvarnos a nosotros mismos no estaremos listos para salvar el mundo.

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