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¿No crees en las casualidades? Yo tampoco…

Hay paradojas vitales que desconciertan: quién no ha escuchado afirmar rotundamente frases del tipo “no creo en las casualidades pero mira por donde me encontré hace un mes con un amigo, que llevaba años sin ver, y hoy –¡fíjate por dónde!– hemos puesto en marcha un negocio entre los dos”. La verdad es que tópicos como “no son casualidades, son causalidades” o “la suerte no existe, hay que buscarla”, “hay que estar ahí…”, encierran una parte de verdad envuelta siempre por un halo de misterio. Yo, al menos, no dejo de estremecerme cuando llegan a mis oídos esos casos de “sorprendente coincidencia”.

dice-219263_1280Lo curioso es que hay gente a la que “todo” (eso dicen) les sale bien y otros (eso afirman) a quienes “nada” les sale como les gustaría. Ninguno de los extremos es objetivo, son tipos que resultan más bien sospechosos, siempre por puro exceso de optimismo o de pesimismo. En la amistad, en los negocios, en las relaciones sentimentales… el mundo se divide en tres: los que dan gracias por haber coincidido con tal o cual persona; los que maldicen porque estaban allí en el momento inadecuado y, por último, los que no se enteran: no ven oportunidades ni caen en la cuenta de los infortunios que les pueden sobrevenir (si es que no los han disfrutado o padecido ya)

¿Casualidad, causalidad? Creas o no en las coincidencias, suelo invitar al afectado a que piense sobre lo acontecido. Reflexionar, analizar las causas, valorar las consecuencias, aprender, alertar y transmitir experiencias… ¿te parece poco aprendizaje? Ya sólo con esta actitud aprovecharemos en beneficio propio de las casualidades que se nos cruzan en la vida… lo sean o no, las busquemos o las provoquemos, sean sin querer o queriendo. Da igual: han sucedido y la realidad, como sabemos, es implacable, se impone siempre, incluso los eventos que no tenemos anotados en la agenda.
Precisamente porque la ficción con frecuencia supera –¡y mucho!– la realidad, me posiciono a favor de convertir las casualidades en oportunidades. Para los dubitativos recomiendo dos cosas: preguntar a su alrededor no sea que entre el prójimo (‘próximo’) encuentre “la oportunidad” y le ayude a caerse del guindo; o también contrastar los puntos de vista con expertos y personas que han estudiado la cuestión en lugares tan sugerentes como dontknow. Eso sí, de nuestra opinión personal no nos libra nadie: siempre será la más valiosa y de gran valor compartirla.
Y tú ¿qué crees?
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