Patrimonio 


¿Nevadas en agosto? Historia de Santa María la Mayor en Roma

Que la historia del cristianismo está llena de sucesos incomprensibles, atribuidos a milagros, no es ninguna sorpresa. Los territorios de tradición cristiana se encuentran jalonados de edificios con leyendas fundacionales más que curiosas; basta recordar la aparición de la Virgen del Pilar en Zaragoza. ¿Por qué fijamos nuestra atención, pues, en una nevada? Seguramente porque esta acaeció en una fecha tan atípica como un 5 de agosto en una urbe de riguroso periodo estival: Roma.

La historia se remonta al año 364, cuando en la Ciudad Eterna ocupaba el solio papal Liberio. Su pontificado estuvo marcado por disputas sobre la naturaleza de Cristo. Los arrianos defendían que Cristo era hijo de Dios, pero no Dios en sí mismo; su teoría arraigó en las zonas orientales del Imperio, más empobrecidas, mientras que el encarnacionismo, la ideología triunfante, caló en la zona occidental. Liberio, como Papa de Roma, fue un firme defensor de la naturaleza divina de Jesús, lo que le llevó a ser desterrado por el emperador, Costancio II, defensor del arrianismo. Detrás de estas disputas teológicas hay que buscar la motivación política: el siglo IV fue un periodo de confrontación entre las Iglesias orientales y la Iglesia de Roma en busca de la supremacía. No hace falta decir quién resultó vencedora.

El Papa Liberio marca el perímetro de la iglesia, pintado por Masolino (siglo XV).

El Papa Liberio marca el perímetro de la iglesia.

Volviendo a Liberio, una vez en Roma y apoyado por el pueblo es cuando emprende la construcción de la Basílica Liberiana, que acabaría siendo Santa María Mayor. Una maniobra muy sagaz en un tiempo en que la idea de Cristo como Dios aún no estaba muy asentada; si Jesús dejaba de poseer naturaleza divina, su madre la Virgen también pasaba a un segundo plano. Y entonces se obró el milagro: una noche, la del 4 al 5 de agosto, María se apareció al Papa Liberio, indicándole que habría de construir una iglesia en su nombre en el lugar exacto donde estaba por caer una inmensa nevada. Y así fue. Roma se despertó cubierta de nieve, que no dejaba de ser un símbolo de la pureza de la Virgen, por lo que Liberio tuvo que cumplir.

La iglesia se construyó y la leyenda nos habla de que el propio Liberio marcó su contorno en la nieve, como en el siglo XV recogió en pintor Masolino. Este templo primigenio fue sustituido unos decenios más tarde por una gran basílica, una de las más importantes de toda Roma, sede de reliquias vinculadas con la infancia de Cristo, como la cuna de madera donde María lo acostó, briznas de paja que lo calentaron y un paño, parte de uno mayor con el que se envolvió al recién nacido. Todas ellas se alojaron en la conocida Gruta de la Natividad, que venía a imitar el Portal de Belén. Su creador fue Sixto III, el Papa que mandó reconstruir el templo en el año 432.

Para quien la visita hoy día, su configuración interna es uno de sus aspectos más llamativos. Una larga nave, de elevada altura, y separada por columnas de otras dos más estrechas. Un espacio solemne en el que puede saborearse, como en pocos sitios, lo que era una basílica clásica. Hay que decir que el edificio ha sido actualizado en múltiples ocasiones. Durante el Treccento se construyó un nuevo ábside, en el que situó un excepcional mosaico cuyo tema protagonista es la Coronación de la Virgen. En el siglo XV se renovó toda la cubierta de la nave central, pasando a componerse de riquísimos casetones cubiertos en oro, por orden del controvertido Papa de origen español Alejandro VI. El siglo XVI traería la creación de ‘la otra Sixtina‘, una capilla erigida por Sixto V (su predecesor en el nombre sería quien alzase aquella que alberga los frescos miguelangelescos).

santamaria

Interior de la basílica

La basílica se enriqueció con obras de arte como pocas en la ciudad de Roma, con pinturas de Lanfranco y Guido Reni. Además cuenta con la representación escultórica más antigua de un Belén, realizada en 1291. Pareciera que Santa María la Mayor no se avergonzara de atesorar maravillas: muy cerca del altar mayor, bajo un sencillo escalón de mármol, descansan los restos de Gianlorenzo Bernini, el gran escultor del Barroco italiano y creador, junto a Borromini, de la Roma barroca.

Tal desfile de maravillas solo puede concebirse en un lugar que tiene el privilegio de ser el mayor centro de culto mariano en una ciudad en la que no faltas iglesias a la Virgen. La basílica de Santa María Mayor posee un recorrido histórico en el que religión, política y leyenda se dan de la mano, como la misma Roma.

 

Vía| Vatican.va

Imagen| Fachada Santa MariaMassolino, Interno Santa Maria

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