Neurociencia 


Neurocirugía agresiva: operar con un picahielos

A lo largo de la historia la medicina ha cometido (y seguirá cometiendo) atrocidades con el objetivo de mejorar la salud o la calidad de vida de los pacientes. Algunas de estas desacertadas prácticas se han realizado en neurocirugía.

Durante el siglo XX fue bastante común la lobotomía, que era una práctica quirúrgica en la que se destruía parte del lóbulo frontal con el objetivo de desconectarlo del resto del cerebro o del tálamo, área cerebral encargada del control de las emociones. Lobotomía extrema.

La lobotomía era aplicada para tratar a personas con trastornos psicológicos, psiquiátricos o disfunciones cerebrales casi de cualquier índole: depresiones, esquizofrenias, obsesiones, retraso mental, etc. Realmente lo que conseguían era dañar el área cingulada anterior, reduciendo su actividad y aumentando su apatía, a lo que actualmente llamamos trastorno pseudodepresivo: falsa depresión en la que la persona no está triste, sino que muestra una indiferencia como síntoma consecuente de un daño cerebral.

El neurólogo Moniz trató por primera vez la enfermedad mental mediante este tipo de operaciones, abriendo el cráneo y “desconectando” el lóbulo frontal del resto del cerebro. Por este tipo de procedimiento en 1949 recibió el Premio Nobel de Medicina.

Por otro lado, el médico estadounidense Freeman recorrió su país poniendo en práctica una práctica similar pero más “depurada”. Así, introducía un cincel o un picahielos a través del ojo o de las fosas nasales y con un golpecito destruía las fibras nerviosas. Mediante esta técnica intervino a miles de pacientes. Freeman haciendo una lobotomía.

Otra polémica actuación es la hemisferectomía, practicada desde finales del siglo XIX, cuyo auge se produce durante los años 50 del siglo XX y que aún hoy en algunas ocasiones se realiza.

La hemisferectomía es una intervención quirúrgica que se practicaba y se practica en personas con crisis epilépticas farmacorresistentes, a quienes la medicación no les produce efecto alguno. La frecuencia y la intensidad de estas crisis les impide llevar una vida con cierta normalidad, siendo gravemente interfiriente con su cotidianidad, por lo que se opta por la neurocirugía.

La hemisferectomía más extrema es la anatómica, que consiste en extraer una parte del hemisferio o incluso hacerlo completamente cuando existe una afectación grave. Algunas de estas prácticas se realizan en niños con enfermedades graves como en Síndrome de Rasmussen para prevenir evoluciones negativas, intentando controlar así las convulsiones. Hemisferectomía anatómica.

La callosotomía es una hemisferectomía funcional en la que se seccionan las fibras nerviosas más importantes que unen ambos hemisferios cerebrales (cuerpo calloso). El objetivo es que estas crisis epilépticas no se propaguen desde el área donde se inicia la crisis al resto del cerebro .

Estas prácticas son intentos de mejorar la calidad de vida de los pacientes, actuando en función de los medios del momento. Aunque parezcan soluciones extremas, hemos de decir que, por supuesto, de algunas de ellas se obtienen ventajas para los pacientes y sólo se realizan cuando no se valoran otras alternativas.

Cabe esperar que a finales del siglo XXI mirarán con escándalo algunos de los métodos actuales, pero debemos entender que se actúa en función de los medios disponibles en un momento concreto de la historia, siempre que se valore la responsabilidad ética y un objetivo terapéutico funcional.

* Más información| Historia de la lobotomía
* Imagen| Freeman haciendo una lobotomía, Hemisferetomía, Lobotomía extrema
* En QAH| Síndrome de la mano ajena después de una callosotomía

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