Neurociencia 


Neurobiología del Mindfulness

¿De qué hablamos, cuando decimos mindfulness?

imagesMindfulness no es un descubrimiento moderno, aunque vivamos ahora su redescubrimiento (y un cierto reencuentro) en el marco de la cultura occidental.

Mindfulness pudo existir desde el momento mismo en que los primeros cerebros humanos comenzaron a transformar el planeta, aunque probablemente nunca sabremos cuándo vivieron los representantes más primitivos de nuestra especie que practicaron alguna forma de mindfulness de manera sistemática.

En realidad, mindfulness es, en sí misma, algo muy simple y familiar, algo que todos nosotros hemos experimentado en numerosas ocasiones de nuestra vida cotidiana. Cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo, estamos practicando mindfulness. Lo que sucede es que habitualmente nuestra mente se encuentra vagando sin orientación alguna, saltando de unas imágenes a otras, de unos a otros pensamientos. Mindfulness es una capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento.

 Mindfulness desde la ciencia.

Podemos definir mindfulness como un estado en el que el practicante es capaz de mantener la atención centrada en un objeto por un periodo de tiempo teóricamente ilimitado. (Lutz, Dunne y Davidson, 2007).

Existen bastantes trabajos que han explorado la experiencia de mindfulness con una metodología estrictamente científica y neurobiológica. A continuación, se exponen los resultados de algunos de ellos y, precisamente porque todavía es imposible abordar este asunto de una manera sistemática y exhaustiva, en diversas revisiones científicas se han escogido una serie de temas, sobre los que ya existen conocimientos científicos, agrupándolos en:

  1. Abandonar los prejuicios, abrirse a la novedad y conocerse a sí mismo.

Cuando la información procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto. Hay amplia evidencia – escriben Engel, Fries y Singer (2001)-, de que el procesamiento de estímulos está controlado por influencias de arriba abajo que conforman poderosamente las dinámicas intrínsecas de las redes tálamo-corticales y crean constantemente predicciones acerca de los eventos sensoriales entrantes.

Los procesos de arriba abajo son muy poderosos a la hora de esclavizar a la información viva que accede momento a momento, ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente –mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora. La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje. Esa información entrante o primaria ha sido clasificada por Siegel (2007) en 8 sentidos o corrientes de información sensorial, clasificación muy útil, sobre todo a la hora de representarnos mentalmente la información que manejamos al practicar la atención plena. El proceso de prestar una atención especial a cualquiera de las ocho corrientes informativas requiere que una parte del cortex prefrontal, concretamente la corteza prefrontal dorso-lateral (DLPFC; dorsolateral prefrontal cortex), se active al tiempo que recibe la información que está siendo privilegiada en ese momento. Una vez se ha dirigido la atención a una de las corrientes sensoriales (con la participación de la DLPFC), si implicamos a la vez nuestra capacidad de autoobservación, es decir la metacognición que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha (y que implica la intervención de las zonas más mediales del cortex prefrontal, incluyendo la corteza órbitofrontal) tendremos la oportunidad de flexibilizar la respuesta, desconectando, por decirlo así, la automaticidad que, en ausencia de esta intervención consciente, se hubiera producido.

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  1. Mindfulness, asimetría prefrontal y disposición afectiva.

Una de las razones por las que el uso de la atención plena está teniendo éxito en clínica es porque contribuye al restablecimiento del equilibrio emocional (como sucede en la ansiedad o en el trastorno límite de personalidad), y porque favorece los estados de ánimo positivos y las actitudes de aproximación frente a las de evitación, razón por la que se ha utilizado en el tratamiento de los cuadros depresivos (Segal, Williams, Teasdal, 2002; Simón, 2002). Existe al menos un trabajo que ha estudiado los efectos directos de mindfulness sobre la actividad cerebral en relación con el estado de ánimo y con lo que se ha llamado la disposición afectiva.

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  1. Mindfulness e inmunidad.

En 1991, Kang y cols. se preguntaron si existiría alguna relación entre el perfil de asimetría prefrontal y los parámetros inmunitarios. El hallazgo más significativo del estudio de Kang y cols. fue que las mujeres que poseían una activación frontal derecha más extrema tenían niveles más bajos de actividad de las células NK (células asesinas naturales).

Estos hallazgos no representan más que un comienzo en el estudio de una relación que puede resultar extraordinariamente fructífera: la posibilidad de influir en el sistema inmunitario a través de la meditación. Dada la trascendencia de los mecanismos inmunitarios en el mantenimiento de la salud y el elevado número de patologías en las que existen alteraciones inmunitarias, es obvio que la posibilidad de influir sobre la inmunidad de manera positiva puede abrir nuevas vías en la terapia de estos procesos. Piénsese, a modo de ejemplo, en las enfermedades autoinmunes, en todo tipo de infecciones y en los procesos tumorales, entre otras patologías especialmente relacionadas con la inmunidad.

  1. Empatía y mindfulness

Como dicen Blakemore y Decety (2001), entendemos las acciones de los otros a través de nuestro propio sistema motor. O, con palabras de Gallese (2003), percibir una acción es equivalente a simularla internamente. Nuestro cerebro almacena la información pertinente a las secuencias internas de sus propias acciones: intención ! orden motora ! acción ! consecuencias sensoriales (y de otro tipo). Al observar actos motores en los demás, se activan, en nuestro cerebro, los mismos circuitos que harían falta para que nosotros realizáramos dichos actos. Es entonces cuando podemos consultar en nuestra memoria (no necesariamente de manera consciente) qué intenciones se hallan relacionadas con la ejecución de dichos actos y, por este camino indirecto, tenemos acceso a comprender la mente de los otros. Por tanto, la mera observación de los actos motores de otros seres vivos nos permite inferir, no sólo sus intenciones, sino también los estados mentales que normalmente subyacen a dichas intenciones.

Resulta evidente, por tanto, que el cerebro humano viene preparado para interrelacionarse socialmente con los demás, para comprender sus actos, las intenciones que los orientan y las motivaciones que los impulsan. Y también para sentir sus emociones. Como afirma Siegel (2001), el cerebro está estructurado con una capacidad innata para trascender las fronteras de la piel de su propio cuerpo e integrarse con el mundo, especialmente con el mundo de los otros cerebros.

  1. Mindfulness: la transición del estado al rasgo.

Existe suficiente consenso como para afirmar que mindfulness, en cualquiera de sus formas de expresión, es un estado mental. Siegel (1999) define el estado mental como el patrón total de activaciones del cerebro en un momento concreto en el tiempo y señala que un estado mental tiene dos funciones fundamentales: coordinar la actividad del momento y crear un patrón de activación cerebral que tendrá mayor probabilidad de producirse en el futuro. Con la repetición de un estado mental, estamos incrementando la probabilidad de que estados parecidos se produzcan con una frecuencia cada vez mayor y esto equivale a decir que lo que al principio era un estado de la mente localizado temporalmente en un momento circunscrito, pueda convertirse en un rasgo duradero del sujeto.

Por lo tanto…

La investigación neurobiológica confirma que al practicar mindfulness estamos propiciando un cambio inmediato en nuestro estado mental y que si la práctica se prolonga durante bastante tiempo, lo que al principio no era más que una modificación funcional transitoria, se convierte en cambios permanentes en la estructura cerebral, cambios que implican modificaciones también duraderas en la manera de ser y de reaccionar del sujeto, en definitiva, el cambio de un rasgo en su personalidad.

  1. Mindfulness e integración: La corteza prefrontal.

En todos los trabajos en los que se estudia la actividad cerebral relacionada con la meditación utilizando la neuroimgen (véase por ejemplo la revisión de Cahn y Polich, 2006), hay una zona que suele destacar por su importante participación: la corteza prefrontal.

La corteza prefrontal, especialmente sus zonas más anteriores (áreas 10 y 32 de Brodman), han experimentado un fuerte aumento de tamaño en la especie humana en comparación con el tamaño de la corteza prefrontal de los monos. Sin embargo, no está tan claro que ese aumento de los humanos sea tan espectacular cuando se compara con la corteza prefrontal de los grandes simios (Frith y Frith, 2006).

Concluyendo…

Se producen cambios neurológicos duraderos en diversas zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo, de manera que tienen un efecto multiplicador sobre su vida y sus relaciones interpersonales, debido precisamente a la gran repercusión que poseen, por su propia naturaleza, los procesos integradores cerebrales.

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La importancia potencial de la meditación para muchas actividades humanas en las que el desarrollo óptimo del sistema nervioso desempeña un papel crucial. No sólo es interesante en psicoterapia, sino que también se está abriendo paso en el mundo de la educación (Langer, 1997). Recordemos que William James, hace más de cien años, ya afirmó que el cultivo de la atención sería l’education par excellence. Mindfulness ya está comenzando a aplicarse en los niños en edad escolar, aunque de momento, su repercusión cuantitativa sea aún bastante limitada.

Vía | http://vbreva.com/meditacion/MindfulnessyNeurobiologia.pdf

Imagen| mindfulness, meditación, cerebro.

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