Cultura y Sociedad, Historia 


Neruda, la cara “roja” de la moneda

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido por todos nosotros como Pablo Neruda.

Reconocido universalmente como uno de los mejores y más influyentes artistas del siglo XX.

Según alguno de sus compañeros de profesión: «ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él». 

Sus padres, un obrero ferroviario y una joven que murió de tuberculosis al mes de nacer Ricardo, vivieron en Temuco, donde su padre se casa de segundas nupcias con Trinidad Candia Marverde.

El impresionante entorno natural de Temuco, sus bosques, lagos, ríos y montañas marcarán para siempre el mundo poético de Neruda. La soledad, la desesperanza y la evocacion al amor, fueron los factores que dieron lugar a la creación de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, libro que llevó a su autor a los circuitos internacionales. 

Hasta los 17 años no empieza a firmar sus obras con el pseudónimo Pablo Neruda, principalmente para evitar el malestar de su padre por tener un hijo poeta. Aunque Ricardo nunca aclaró la procedencia de su nombre artístico, no desmintió e incluso apoyó la teoría de que pudiera ser un homenaje a Jean Neruda, escritor checo del que leyó cuentos que le causaron una gran impresión.

En 1936, empieza la Guerra Civil española. Afectado por ella y por el asesinato de su amigo García Lorca, se compromete con el movimiento republicano.

Su poesía durante el período siguiente se caracterizará por una orientación hacia cuestiones políticas y sociales, lo que refuerza sus grandes ventas de libros. 

Hasta aquí el lado más conocido del poeta chileno.

La implicación de Neruda en la política se hizo una constante en su vida.

Protestas contra el gobierno de Videla en su país, que prohíbe y persigue a sus antiguos seguidores comunistas, exilio…etc. hacen que su postura se radicalice cada vez más.

Lo que no se suele conocer es el lado más extremista del poeta. El uso de su maestría a la hora de crear versos endiabladamente bellos se pusieron al servicio del comunismo más radical. La grandeza de su pluma se rindió a los pies de uno de los dictadores (si no el más) sanguinarios de la historia: Stalin.

Neruda siempre simpatizó con el “bando rojo”. En 1945 es elegido Senador y se une al Partido Comunista de Chile. Acérrimo defensor del régimen soviético, en 1953 recibe el Premio Stalin de la Paz.

Quizás estos repugnantes versos, incluidos en su también famoso Canto General , publicado en 1950 conmovieron al tirano:

“Stalin alza, limpia, construye, fortifica
preserva, mira, protege, alimenta,
pero también castiga.
Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:
hace falta el castigo
”.

Después de elaborar numerosos versos ensalzando la “sencillez” de Stalin, elogiar su manera de llevar a la gloria al pueblo ruso y recordar a los “traidores” al régimen cuales serán las consecuencias, Neruda escribe la famosa Oda a Stalin cuando éste muere:

 

“Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.
En sus últimos años la paloma
La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros
y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente.
Así vieron la paz pueblos distantes”.

En 1969 el Partido Comunista lo elige como pre-candidato a Presidente de la República, pero renuncia en favor de Salvador Allende como candidato único de la Unidad Popular, que triunfa en las elecciones de 1970.

 Pese a su pasado, en 1971 se le otorga el Premio Nobel alegando que su calidad literaria no se puede mezclar con su trayectoria política, lo cual sería lógico si no fuera porque a otros autores de equivalente prestigio se les ha denegado por cuestiones ajenas a su obra.

 

Vía| Víctimas, Neruda 

Imagen| Ricardo, Neruda

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