Derecho Civil, Jurídico 


Negligencia médica, ¿cómo demandar? (I)

 

En ocasiones nos vemos en supuestos donde, presuntamente, se ha producido un daño por parte de un médico o un facultativo a su paciente que acude a nuestro despacho para conseguir una indemnización alegando que se ha cometido “negligencia médica”.

Pero hemos de tener claro que no todos los supuestos son susceptibles de ser indemnizados.

En esta es la primera entrega de una serie de artículos que publicaremos referente a la negligencia médica, analizaremos los conceptos principales con los que hemos de familiarizarnos en este tipo de procedimientos judiciales, los tipos de negligencia médica que existen y cuáles son los requisitos y procedimiento para lograr con éxito un acuerdo extrajudicial o una sentencia estimatoria que otorgue a nuestros clientes dicha indemnización de tal manera que condene al médico, a la compañía aseguradora, a la clínica o bien a todos ellos solidariamente.

Plazo-para-reclamar-por-una-negligencia-médica

Los conceptos fundamentales que debemos comprender y manejar en Sala para en este tipo de supuestos son “lex artis”, “buena praxis”, “malpraxis”, “historia clínica”, y “consentimiento informado”.

 

 

LEX ARTIS:  [o ley del arte] es la ley artesanal especifica o regla profesional del oficio que se trate. Generalmente se emplea por profesionales especializados dentro una actividad concreta (en este caso la médica) y que solamente pueden ejercer con la debida diligencia y garantía aquellos profesionales capacitados para llevarla a cabo.

En el sector de la medicina tiene especial relevancia por el riesgo intrínseco de ser intervenido por un profesional médico que “ha de saber lo que hace” para que sometamos nuestro consentimiento de cara a ser intervenidos, sea cual sea el tratamiento o la intervención.

La lex artis no implica una determinada actuación sistemática y protocolizada fija, sino que baila dentro del concepto de la libertad de actuación profesional, pero la ensambla de manera casi simbiótica a la responsabilidad que asume de cara al frente al paciente-cliente en caso de que exista alguna complicación no atribuida a más causa que a la propia intervención.

Es decir, el profesional tiene la capacidad de actuar con plena libertad e independencia según su propio criterio y experiencia profesional, pero una vez se produzca una complicación atribuida directamente a la propia actuación (sin factores externos de causalidad), habrá que analizar si responde del resultado dañoso por haberse apartado de las técnicas y actuaciones que otros profesionales de las mismas características suelen aplicar, bajo su propia responsabilidad y riesgo y siempre sobre el estado de la “ciencia” de cada momento, valorando los medios que tenía disponibles en ese momento y la urgencia exigida en su caso.

Pensemos por ejemplo en una intervención de urgencia de un médico que se encontraba como pasajero en un accidente aéreo y atiende a supervivientes en una isla desierta y sin recursos frente a otro que se encuentra en una intervención quirúrgica de un hospital privado con un paciente.

Es importante saber que el concepto jurídico de lex artis no corresponde exclusivamente a los médicos, sino a también a otras profesiones especificas, normalmente colegiadas (arquitectos, ingenieros, letrados, etc.).

 

BUENA PRAXIS.

Existe buena praxis cuando la actuación se adecua a las reglas técnicas pertinentes y se habla de “un buen profesional, un buen técnico, un buen artesano”, y de una buena actuación en el ejercicio de una profesión. Es decir cuando se cumple con la lex artis.

MALPRAXIS.

Si la buena praxis significa actuar de acuerdo con la lex artis, la mala praxis [o malpraxis] sería no cumplir adecuadamente, salvo justificación razonada, con las reglas y preceptos destinados a este fin. Es decir, no seguir la lex artis.  Romper con “las reglas del juego”. Sería apartarse del camino del “buen hacer“, una desviación o vicio del acto médico según el estado de la ciencia en cada momento y según los medios técnicos disponibles y determinados por las circunstancias concretas de la intervención.

HISTORIA CLÍNICA COMPLETA.

Se trata de un documento público/semi público y con derecho de acceso limitado que recoge tanto los antecedentes del propio paciente como todos los detalles del tratamiento y su evolución hasta el momento del “alta médico“. No sólo sirve para llevar a cabo el control técnico y administrativo del paciente, sino que es nuestra base documental inicial fundamental para poder probar en su caso la producción del daño y su valoración. Es imprescindible solicitarlo completo a través de un formularios que ha de rellenar el propio paciente o persona con su autorización.

CONSENTIMIENTO INFORMADO.

Es un documento que recoge el consentimiento del paciente a ser intervenido y prueba que se ha cumplido con la obligación del médico o facultativo a la hora de explicar detalladamente tanto las implicaciones de la intervención o tratamiento, así como los riesgos que puede acarrear la misma, directa o indirectamente. Tiene que venir unido al historial clínico.

El simple hecho de que falte dicho documento es presunción de que ha existido falta de diligencia o mala praxis médica al incumplir con sus obligaciones de información según las reglas de la lex artis. Y será el propio médico o la clínica el que tendrá la carga de la prueba a la hora de demostrar que si existió información. La jurisprudencia exime de su existencia en determinados supuestos (intervención de urgencia, imposibilidad por circunstancias especiales, etc.).Office - Larios tres Legal

Por tanto, una vez que entendemos esos conceptos, analizaremos si tenemos o no acción de indemnización por responsabilidad (contractual o extra-contractual) para nuestro cliente, contra quién (médico, compañía aseguradora, clínica privada, o en su caso administración pública si se tratare de un hospital o centro público), y en qué grado de responsabilidad (concreta al médico, al hospital, o en escala o tramos por ser intervenciones claras y atribuible la responsabilidad a un profesional especifico: médico, enfermero/a, anestesista, etc. o todos ellos solidariamente ex art.1903 CC.) y por qué vía o procedimiento (penal, civil, reclamación administrativa, etc.), así como los costes y la duración aproximada (negociación extrajudicial o duración del litigio en sede de procedimiento declarativo y en procedimiento ejecutivo).

Una vez analizado todo esto, si entendemos que existe, y hemos trazado la estrategia procesal, comenzaremos con la recopilación de prueba tanto documental como pericial, testifical y/o interrogatorio de parte.

No debemos olvidar que nuestra misión como letrados es demostrarle al juez, en su caso, que el médico actuó interviniendo a nuestro cliente con responsabilidad por los daños a través de culpa o negligencia [art. 1902] en mayor o menor medida (dependiendo del tipo de negligencia), y que dicha responsabilidad le viene atribuida por llevar a cabo su lex artis, con malpraxis.

Esto lo haremos aportando, entre otras pruebas, los informes periciales medico-legales oportunos, que a su vez habrán sido elaborados mediante a los datos que vienen contenidos en el historial clínico completo, comprobando en todo caso si existió transparencia en la obligación del médico de informar, comprobaremos por tanto si hubo o no consentimiento informado, si éste estaba firmado por él, y si en el mismo se recogían suficientemente los riesgos y variables del daño que finalmente se ha terminado produciendo; ensamblando causalidad y responsabilidad así como valoración del daño causado en euros.

En el siguiente artículo, analizaremos los 2 tipos de negligencia médica que la jurisprudencia diferencia y las especialidades y requisitos que tiene cada uno de ellos: la negligencia médica en intervención quirúrgica curativa (de medios) y la negligencia médica dentro del espectro de una cirugía estética o voluntaria (de resultado).

 

Vía| Código Civil: Noticias Jurídicas.

Más información| www.lariostreslegal.com

Imagen| Google Image,

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