Patrimonio 


Nacimiento del terror: una noche en la Villa Diodati

Cubierta de Frankenstein en su edición de 1831.

Imaginad una noche tormentosa de verano de 1816. En torno a la luz lóbrega del fuego de una chimenea francesa, cuatro individuos mantienen una agradable charla, mientras la lluvia golpea con fuerza los ventanales. El edificio es la Villa Diodati, una ostentosa mansión situada en Cologni (Suiza). Las cuatro sombras parlantes son ni más ni menos que Lord Byron (propietario de la mansión)John William Polidori, Mary Shelley y Percy Bysshe Shelley.

Más allá de este cliché cinematográfico de la mansión encantada, allí estaba fraguándose el inicio de la novela de terror moderna, si bien no lo había hecho ya Mattheu Gregory Lewis con su monje en 1796. Fue aquella noche tempestuosa la que Byron eligió para su propuesta: que cada cual escribiera un relato de terror que helase la sangre del resto de los participantes de aquel desafío.

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El aquelarre, 1798. Cuadro para el palacio de los Duques de Osuna.

Y es que el género, nacido a finales del siglo XVIII, era prácticamente nuevo. Vale, sí, es cierto que fantasmagorías y demonios habían amedrentado al hombre desde el inicio de los tiempos, pero la perspectiva, en los albores del siglo XIX, había cambiado: El terror había pasado de ser un instrumento preventivo u opresor a ser un elemento lúdico en el que el espectador se regocijaba en el miedo. La razón y el Siglo de las Luces había puesto en las manos  de escritores, dramaturgos y pintores  los hilos de marionetas diabólicas antes movidos por la Iglesia.

Para ponernos un poco más en contexto, en España, hacia 1798 ,Goya se encontraba pintando una serie de cuadros para el gabinete de los Osuna, que basándose en ciertos aspectos de la cultura popular, representaban aquelarres, brujas y demonios. Un par de años después, el genio hizo un grabado al que puso un revelador título: El sueño de la razón produce monstruos. Y los produjo.

Capricho número 43: El sueño de la razón produce monstruos.

Todo este caldo de cultivo hizo que aquella noche de frío y agua, Lord Byron lanzara la propuesta a sus huéspedes. Así fueron concebidos Frankenstein y El VampiroLa primera obra fue la respuesta de la joven Mary, que con tan solo 19 años se embarcó en la escritura de lo que muchos consideran el inicio de la ciencia ficción. Una novela en parte surgida de un mal sueño de la autora, que recibió el apoyo de su marido (el consagrado escritor y poeta Percy Byshe Shelely), para las normas gramaticales y de estilo de la obra.

En Frankestein se mantiene un intercambio epistolar entre los distintos personajes, a través del cual se relata la creación de un Monstruo que se revela contra el científico que le da la vida, Víctor Frankenstein.

Exprimento con un pajaro en una bomba de aire (1768) de Joseph Wright.

No podemos entender la novela si no es en el marco de una serie de avances científicos que venían dándose desde mediados del XVIII, avances de los que también se hizo eco la pintura, como podemos ver en el Experimento con un pájaro en una bomba de aire (1768) de Joseph Wright. Las innovaciones en la ciencia ya habían alcanzado una gran importancia a esas alturas del XIX, propiciando así el nacimiento del monstruo al mezclar la ciencia con la ensoñación del genio romántico.

La segunda obra que se gestó aquella noche fue El Vampiro de Polidori (medico personal de Byron), en el que su autor partía de la figura del folclore popular  y la llevaba a las esferas aristocráticas de la sociedad, creando un ser adinerado, taimado y seductor que no por casualidad tenía similitudes con otro chupasangre, el propio Lord Byron, de quien Polidori tenía que soportar continuas burlas y ofensas. De este modo, el joven y maltrecho médico creó el vampiro que hoy conocemos, siendo el reflejo fiel del hombre que aquella tormentosa noche de 1816 propuso, como pasatiempo, la invención de unos relatos que marcarían la historia del género de terror por toda la eternidad.

 

Vía| BALLESTERO, Manuel. El principio romántico. Madrid, Anthropos, 1990.
SHELLEY, Mary. Frankenstein, o el moderno Prometeo. Estudio preliminar de Isabel Burdiel, Cátedra, Madrid, 1996.

Imagen| Frankenstein o el moderno Prometeo, El vuelo de brujas, El aquelarre, Exprimento con pájaro y bomba de aire.

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