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Mujeres de la vanguardia española (I) : Maruja Mallo

La vanguardia española anterior a la Guerra Civil está estrechamente ligada al nombre de cuatro mujeres que pasarían a ser reconocidas como algunas de las más grandes artistas del siglo XX en nuestro país: María Blanchard, Maruja Mallo, Ángeles Santos y Remedios Varo. De todas ellas, es quizás Maruja Mallo, junto con Remedios Varo, la que gozó de una mayor libertad creativa.

La obra de Maruja Mallo (1902-1995) se desarrolla en un contexto sociocultural y artístico de permanente cambio. Por una parte, en España se comenzaban a dar los primeros cambios legislativos en favor de las mujeres, con medidas como la escolarización obligatoria hasta los 12 años, aprobada en 1909, que favoreció enormemente la reducción del analfabetismo femenino. Estas medidas se verían incrementadas durante la Segunda República con leyes como la del Divorcio y de Matrimonio Civil de 1932. Todo esto provocó una mayor presencia, aunque de manera paulatina, de la mujer en el campo de las artes, un hecho fundamental para comprender el desarrollo de Maruja como artista.

Maruja Mallo.

Maruja Mallo.

Maruja Mallo, que había nacido en el municipio de Viveiro (Lugo), pasó la mayor parte de su infancia entre Asturias y Galicia. A la formación recibida por parte de su padre, un hombre culto e intelectual, se suma la temprana vocación que desde muy joven mostró para el dibujo, hecho por el cual ingresaría desde muy temprana edad en la escuela de arte de Avilés. En 1922 se traslada a Madrid junto a su familia, y en ese mismo año ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante su estancia en la capital entablará relaciones con algunos de los intelectuales más importantes del momento, como Rafael Alberti, Federico García Lorca, Salvador Dalí y María Zambrano, llegando a ser relacionada con grupos como el de la Generación del 27. El impulso de Maruja Mallo llegaría en 1928 de la mano de Ortega y Gasset quien, impresionado por sus cuadros, decide organizarle una exposición en los salones de La Revista de Occidente, constituyendo así el único caso de artista promocionada por dicha revista.

En 1932 marcha a París mediante una pensión que le concede la Junta para Ampliación de Estudios de Madrid.  Allí conocerá a algunos de los artistas más destacados del momento como René Magritte, Joan Miró y Picasso, entablando una fuerte amistad con André Breton, el llamado “padre” del surrealismo. En 1933, ya de vuelta a España, comienza a ejercer como profesora de dibujo, primero en Arévalo y posteriormente en Madrid. Colaboró también en las Misiones Pedagógicas impulsadas por la Segunda República, siendo interrumpida su labor al estallido de la Guerra Civil. En los meses posteriores al inicio del conflicto, Maruja se traslada a Portugal, desde donde posteriormente toma un barco a Buenos Aires gracias a la ayuda de la poeta Gabriela Mistral, que por aquellos entonces ostentaba el cargo de embajadora de Chile en Portugal.  La pintora residió en Argentina desde 1937 hasta 1964, gozando de un gran reconocimiento y manteniendo  la intensa vida social que había llevado en Madrid.

La Verbena, Maruja Mallo, 1927.

La Verbena, Maruja Mallo, 1927.

Finalmente regresa a España y se instala de manera definitiva en Madrid en 1964. Sin embargo, ya no era el Madrid previo a la guerra que ella había conocido, y muchos de los intelectuales con los que se codeaba antaño estaban muertos o exiliados. No obstante, a pesar de que su vida pública había decaído enormemente, supo hacerse un pequeño hueco entre los artistas, críticos de arte y comisarios del momento.

La obra de Maruja Mallo, sin duda de las más creativas y libres de entre los artistas españoles del momento,  pasó por varias etapas que vienen a relacionarse con los acontecimientos en la propia vida de la pintora. Su obra anterior a la Guerra, de carácter figurativo, se enmarca dentro del surrealismo y pasa por dos etapas bien diferenciadas. La primera se da durante la década de 1920, con una fuerte presencia del colorido y con composiciones de gran dinamismo.  De estos años destaca la serie compuesta por cuatro óleos dedicados a las fiestas madrileñas, de entre las cuales sobresale La Verbena (1927), donde una serie de personajes de carácter popular se entremezclan sin sentido ni orden aparente, y todo ello siempre enmarcado en un ambiente puramente surrealista. Durante esta etapa pintaría una de sus obras más conocidas, El Canto de las Espigas,  que forma parte de una serie dedicada a los trabajos del campo y del mar, y que ella misma denominó la Religión del Trabajo.

Canto de espigas, Maruja Mallo, 1929.

Canto de espigas, Maruja Mallo, 1929.

Ya durante la década de 1930, en los años previos al estallido de la guerra, su obra pasa por una nueva etapa en la que desaparece el colorido y la viveza de las composiciones anteriores, que son sustituidas por escenas lúgubres y por un ambiente de desolación en el que los protagonistas son ahora despojos y esqueletos humanos. Predominan los tonos oscuros, símbolo del pesimismo existencial que vivía la pintora por aquellos momentos. Para acentuar la sensación de tremendismo, hace un mayor uso de la materia pictórica, acercándose así a la Escuela de Vallecas y constituyendo, para algunos, un precedente de las tendencias informalistas de los años 50. De esta etapa destaca su serie Cloacas y campanarios (1932), donde introduce todos los elementos anteriormente citados en cuadros como Antro de fósiles.

Concorde, Maruja Mallo, 1979.

Concorde, Maruja Mallo, 1979.

Durante los años del exilio y tras su regreso a España, Maruja Mallo continúa explorando su creatividad en numerosos óleos e ilustraciones, conjugando el uso de diversas técnicas y materiales. Es en estos años cuando se acerca más a la abstracción, en composiciones como Concorde, Selvatro y Máscara tres-veinte, las tres de 1979 y conservadas hoy día en el Reina Sofía.

A lo largo de las décadas de 1970 y 1980, Maruja Mallo constituyó un vestigio del pasado, una huella del arte de preguerra, y no fue hasta después de su muerte en 1995 cuando alcanzó el reconocimiento del que goza en la actualidad. Hoy día pasa por ser una de las grandes creadoras del siglo XX español, y representa la figura de la mujer moderna y rebelde, haciendo gala de una estética cercana a lo masculino e irrumpiendo con fuerza en un ambiente cultural que todavía estaba dominado por los hombres.

 

Vía| MUÑOZ, P., Mujeres españolas en las artes plásticas: pintura y escultura, Madrid: Editorial Síntesis, 2003; VAL, A., “La profesionalización de las mujeres artistas españolas. El caso de Maruja Mallo (1902-1995) y Amalia Avia (1926-2011)”, Papers: Revista de Sociología; vol. 98, Nº 4, 2013; DE LA GÁNDARA, C., Maruja Mallo, Madrid: Ministerio de Educación, 1978; MUÑOZ, P., “Mujeres en la producción artística española del siglo XX”, Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 28, 2006; YÁÑEZ, L., “El arte de Maruja Mallo y sus obras en el Museo de Lugo”, Boletín do Museo Provincial de Lugo.

Imagen| Maruja Mallo, La Verbena, Canto de Espigas, Concorde

En QAH| Ganar la batalla al olvido: las sinsombrero, La odisea de ser mujer, y artista

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