Economía y Empresa 


Mujer lista azul busca: #tasarosa

Había una vez un país llamado PinkBlue donde las mujeres son rosas y los hombres azules. Allí viven Pink y Blue, una pareja que sale junta a hacer la compra el primer sábado de cada mes. El recorrido de este sábado comienza en la sección de droguería de un gran hipermercado, Blue adquiere su paquete de chuchillas de afeitar azules por 7,50 euros y Pink compra las rosas por 7,95. Tras las cuchillas, ambos se dirigen a la zona de desodorantes; Pink encuentra de oferta el desodorante roll-on por 1,95 el tapón rosa y Blue compra su for men por 1,87 euros: ¿Será que huelo yo peor que tú? Le pregunta ella, con sorna. Siguen caminando hacia la zona de perfumería para comprar un regalo a unos amigos que celebran su aniversario, dos envases de 100ml de la misma marca; el de hombre por 58,60 euros y el de mujer por 89,30. La última parada de la mañana tiene lugar en la peluquería, Pink paga 34 euros por lavar, cortar y peinar y Blue consigue sanear su larga melena por tan solo 17. Ella se enfada tanto al ir comprobando que, simplemente por el hecho de ser mujer, está sometida a una tasa adicional que va anotando las diferencias de precios en su libreta morada: ¿Por qué pago más por un color que ni siquiera es mi favorito?

Las mujeres pueden llegar a pagar hasta un 75% más por el mismo producto

Las mujeres pueden llegar a pagar hasta un 75% más por el mismo producto

El pasado verano la revista Forbes publicó que las mujeres estadounidenses pagan al año 1.300 dólares más que los hombres por la versión femenina de productos similares a los masculinos. Ante esta noticia, el colectivo feminista francés Georgette Sand inició un análisis de comparación de precios que les llevó a la conclusión de que las mujeres pueden llegar a pagar hasta un 75% más por el mismo producto. El movimiento, que comenzó a moverse en Twitter bajo hashtags como #womantax o #taxerose, encontró miles de ejemplos: cuchillas idénticas con distintos precios en función del género, matrículas de gimnasio variables si el socio es hombre o mujer, hipotecas iguales pero distintas y coches que adecuan sus precios al sexo del consumidor. La asociación consiguió reunir 50.000 firmas para presionar al gobierno, que finalmente accedió a iniciar una investigación concluida el pasado mes de diciembre. El informe se basa en la comparación de tres tipos de productos y tres tipos de servicios y demuestra que, si bien no es sistemática, en Francia existe la tasa rosa; el gobierno se  ha comprometido a poner en marcha durante este año un proceso de concertación entre fabricantes y distribuidores para reglar la eliminación de todo sobreprecio debido al género.

Este fenómeno de la tasa rosa, también llamada woman tax, ha tocado, por tanto, la fibra sensible de colectivos feministas que consideran injusto que las mujeres, simplemente por el hecho de serlo, estemos pagando un precio adicional por productos similares. Por otro lado, los detractores replican que se trata de una tasa de marketing más que de género que obedece a la ley de la oferta y la demanda: cuando un consumidor está dispuesto a pagar más los fabricantes lo aprovechan, fijan sus márgenes libremente y luego los clientes también son libres para elegir si comprar o no. Para ellos no se discrimina a las mujeres por ser mujeres, sino por estar pendientes del precio y alegan, además, que hay un efecto de costes en algunos casos pues la mayoría de la inversión en I+D+i en cosmética e higiene, por ejemplo, se hace para productos femeninos.

Es indudable que los departamentos de marketing saben que las mujeres somos un segmento de población que solemos preocuparnos más por nuestra imagen que los hombres y han detectado que, en general, también estamos más predispuestas a pagar precios superiores por algunos productos; un hecho que aprovechan para encarecer sensiblemente su importe y así aumentar sus beneficios. Según un estudio del Boston Consulting Group citado por Harvard Business Review, las mujeres, que representamos el 40% del total de la fuerza laboral, hemos llegado a manejar la economía global (Feminomics) al convertirnos en el 70% de la fuerza de consumo del mundo, es decir, tenemos mayor poder en términos de decisión de consumo.

En la perfumería, en la peluquería o en la tienda de moda, nosotras elegimos; en las mismas tiendas, ellos hacen lo propio. La función de la empresa consiste en producir y vender identificando necesidades o intereses de clientes que están dispuestos a adquirir algo a un precio determinado. Los productores y distribuidores intentan despertar ilusiones o emociones  con todo tipo de técnicas y no olvidemos que, por suerte, el arte es creativo y libre. En nuestras manos está no comprar los productos rosas, si son más caros y casi iguales a su versión en otro color, apostar por el importe unisex, dar publicidad en las redes a las marcas que lo aplican e ir directamente a la sección de hombres en algunas categorías de productos para  no pagar un peaje.

Demostremos a los creativos y publicistas que para conectar con las mujeres hace falta algo más que colorear los productos de rosa.

Vía| PlayGround

Más información| Esade, BAE Negocios, El Confidencial, Yorokobu, El País, Eroski Consumer

Imagen|Tasa rosa

En QAH|Publicidad sexista ¿espejo de la sociedad?

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