Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Muerte en las ciénagas: las momias europeas

El Hombre de Tollund

El Hombre de Tollund (Dinamarca, s. IV a.C.)

Al escuchar la palabra momia nuestra mente evoca imágenes de arena y pirámides, de faraones perdidos, jeroglíficos, papiros  y, por qué no, de intrépidos arqueólogos. No obstante, esos cadáveres incorruptos no son los únicos que pueblan el subsuelo terrestre. En el norte de Europa una serie de excepcionales condiciones naturales ha permitido la preservación de numerosos restos humanos durante más de 2000 años. Son los llamados coloquialmente “bog bodies” o momias de los pantanos.

Existen multitud de ejemplos de momificación natural en todo el mundo, habituales en contextos donde no hay oxígeno, en ambientes helados (recordemos a Ötzi) y en zonas donde la alta salinidad o aridez del terreno propician la desecación de la carne (como las momias de la Cultura Paracas de Perú). En el caso de las turberas del norte de Europa la preservación de la materia orgánica viene causada por dicha carencia de aire, que impide a los organismos encargados de la descomposición realizar su labor. Otro segundo proceso menos conocido acompaña al anterior en algunos casos: las raíces atrapadas en las ciénagas generan un ácido con unos niveles de pH parecidos a los del vinagre, formando una suerte de “salmuera” que favorece la conservación.

El resultado de tales transformaciones químicas es cuanto menos espectacular: piel, órganos internos, pelo, uñas y ropa han quedado congelados en el tiempo. Incluso recuperamos el contenido del estómago, lo que permite a los arqueólogos conocer la composición de las últimas ingestas del finado. A pesar de todo, estas ventanas fósiles hacia la vida de nuestros antepasados deben ser tratadas con nuevas aplicaciones químicas para evitar su rápida desintegración al contacto con el aire, por lo que muchos hallazgos de cuerpos en las turberas se han perdido para siempre al no recibir el tratamiento adecuado de inmediato.

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El Hombre de Grauballe (Dinamarca, s. III a.C.), víctima de degollamiento

¿A qué época pertenecen los cuerpos de los pantanos? Aunque algunos pueden ser fechados en el Neolítico y la Edad del Bronce, la mayor parte aportan cronologías de la II Edad del Hierro (s IV-I a.C.). Entre éstos cabe destacar, por su alto estado de conservación: el Hombre de Tollund (Silkeborg, Dinamarca), la Mujer de Huldre Fen (Dinamarca), el Hombre de Bockston (Varburg, Suecia) o el de Lindow Moss (Cheshire, Inglaterra). Los hallazgos de cuerpos en las turberas continúan siendo habituales: el último ejemplar fue encontrado a finales de noviembre de 2012 en Co Meath (Irlanda), con la particularidad de haber sido descabezado.

Es precisamente una característica esencial de las momias de los pantanos el presentar signos de haber sufrido actos de violencia. En algunos casos se observan marcas de estrangulación con sogas, apuñalamientos y decapitaciones. Este tipo de evidencias apuntan a la práctica de sacrificios humanos entre las gentes de raigambre celta y germánica, teoría apoyada por el hallazgo de sustancias psicotrópicas en los aparatos digestivos analizados, que sin duda ayudarían a inducir un estado de trance (hongos alucinógenos, bayas y hojas de muérdago).

Muy importante es, a mi parecer, el escenario elegido para estos rituales: aunque la turba de los pantanos era usada como combustible para el fuego,  y a pesar de que tenemos multitud de evidencias del culto a las aguas ya desde la Edad del Bronce, debemos pensar en la percepción y el imaginario de aquellos pueblos. Las ciénagas de aguas oscuras, ahogadas por la niebla  y anegadas de lodo y extraños ruidos, eran sentidas como las puertas de entrada al inframundo. Aún hoy a nosotros nos causan, como poco, cierto respeto.

 

http://youtu.be/brFqFpZ1Lj0

 

Más Información| Archaeology Archive: Bodies of the Bog, The Tollund Man.

Imágenes|  Hombre de Tollund (Rostro), El Hombre de Tollund (completo), Hombre de Grauballe.

Vídeo| YouTube: El misterio de las momias de los pantanos (Parte 1 de 4).

 

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