Economía y Empresa, Jurídico 


Monopolios Naturales: los monopolios deseados

Probablemente, aunque usted sea un defensor a ultranza del libre mercado y de la competencia, estará de acuerdo con que existan algunos servicios que sean provistos por un monopolista. De lo contrario, ¿qué pasaría si existiesen múltiples empresas que compiten por llevarle agua potable a su casa? Efectivamente, cada una de ellas desearía instalar sus tuberías propias, y al final terminaría con diez salidas de agua en su cocina para que pueda elegir cual de ellas desea contratar.

Como habrá notado el lector, el hecho de que múltiples cañerías lleguen a las viviendas de una población, por mucho que uno defienda el libre mercado, es ciertamente costoso. Como lo es que lleguen múltiples salidas de electricidad, o varias instalaciones telefónicas. Todos estos sectores, que presentan unos costes fijos de instalación inicial elevados, son los que tradicionalmente se han estructurado como monopolios naturales, en los cuales una sola empresa se ha encargado de suministrar el producto que ofertan.

Con la idea de evitar que estos monopolios, por presentar poder de mercado, abusen de los clientes, generalmente están formados por una sola empresa regulada a nivel estatal que fija un precio por el servicio prestado que se aproxima al precio de mercado, con el que se evita generar las ineficiencias propias de todo monopolio (precios altos, reducida oferta de servicio, etc.).

Uno de los principales precursores de estos monopolios fue el general Primo de Rivera. Durante su mandato (1923-1930), se aplicaron estas estructuras de mercado a sectores estratégicos; así, fueron creadas, entre otras, la Compañía Telefónica Nacional de España (a la postre conocida como Telefónica), la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos Sociedad Anónima (CAMPSA) o las confederaciones hidrográficas, encargadas de suministrar de forma exclusiva sus servicios de telecomunicaciones, carburantes y agua potable, respectivamente.

A nivel teórico, dos han sido las principales vías contempladas por las que se pueden regular estos monopolios.

En primer lugar, mediante la fijación de un precio que se ajuste a la realización de un beneficio normal; así, las tarifas eran ajustadas según la contabilidad para que la empresa produjera un beneficio esperable a tenor del capital invertido.

Una segunda forma basaba el establecimiento de un precio fijo teniendo en cuenta no la contabilidad, sino a los propios consumidores. Dos soluciones empleadas que no están exentas de críticas, ya que en el primer caso la disminución de costes está desincentivada, y en el segundo, la inexistencia de mercado competitivo hace que el establecimiento de un precio resulte un tanto arbitrario y, a veces, irreal.

En la actualidad, en el seno de países avanzados, se ha tratado de aprovechar la red de  infraestructuras existente (cables de alta tensión, hilos telefónicos, tuberías de agua, vías de tren) con la idea de que más de una empresa pueda acceder a ellas para proveer el servicio en cuestión. Así, las inversiones hechas por esos antiguos monopolios, que asumieron en su día el coste fijo inicial elevado, han servido para introducir un mayor grado de competencia en estos sectores.

Así por ejemplo, el hilo telefónico instalado en España fue creado en su mayoría por Telefónica hace ya algunos años; pero en la actualidad, podemos contratar los servicios telefónicos que oferta una amplia gama de compañías, que utilizan las infraestructuras que fueron creadas por la propia Telefónica. La misma idea está detrás de la creación de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), monopolio público encargado de la gestión de la red de ferrocarriles desde 2005 que, de cara a futuro, trata de introducir un mayor grado decompetencia mediante la eliminación del monopolio del transporte poseído por RENFE hasta dicho año.

En QAH| ¿Por qué una Economía Pública? (III)

Imagen| Mises.org, nosolocine

Más Información| El Blog SalmónEconomia48.com

 

RELACIONADOS