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Mindfulness para mejorar la concentración en el deporte

 

En la era de la información en la que nos bombardean con nueva información y conceptos como economía colaborativa , Milenial, Tabarnia… a cada segundo, es cada vez más importante saber en qué centrar la atención. Pero este debe ser llevado en todos los aspectos de nuestra vida.

 

Mindfulness y deporte son dos conceptos que se retroalimentan puesto que muchas personas practican ambas disciplinas. La primera fórmula, de hecho, refuerza el potencial de cualquier deportista puesto que para optimizar los resultados de un entrenamiento, no solo es importante poner atención en el estado de forma física sino, también, en el plano emocional. Con mucha frecuencia, el deportista debe luchar con sus propios límites mentales para conseguir un reto.

¿Qué frenos son los más frecuentes? Por ejemplo, la inseguridad, la pereza, el miedo al fracaso, las creencias limitantes… La atención mental, por el contrario, activa la conciencia de presente que mejora la concentración y la atención en el poder del ahora. Algo muy importante ya que, de este modo, el deportista adquiere la capacidad de centrar su energía en una meta actual, sin dejarse condicionar por un fracaso pasado o sin arrastrar la ansiedad de las expectativas futuras.

Así como el cuerpo necesita un entrenamiento constante para potenciar el estado de forma física, el mindfulness es una gimnasia para la mente ya que para desarrollar esta capacidad de atención plena, la persona también requiere de un entrenamiento que es previo al desarrollo de este bienestar.

7 beneficios de la atención plena en el deporte

¿Cuáles son los beneficios que produce esta práctica en el ejercicio físico? Para que

1. Gestión del estrés. El deportista siente cómo todas las tensiones mentales que pueden llegar a somatizarse físicamente a través de un malestar corporal se reducen, gracias al control de la respiración como vehículo de bienestar.

2. Motivación. Por medio de esta rutina mental, el deportista se centra en la relación que tiene consigo mismo y cuida de él como si fuese su mejor amigo. Silencia ese ruido mental de ideas negativas que afectan a su rendimiento. Y pone en constante relación la armonía de cuerpo y mente.

3. Diferenciación entre pensamiento y sensación. Gracias al desarrollo de este nivel de consciencia, el protagonista es capaz de diferenciar entre una idea mental y una sensación física. Los pensamientos producen sentimientos y sensaciones. Por esta razón, para cambiar una sensación corporal desagradable, es fundamental modificar un pensamiento limitante por una idea positiva.

4. Reconocimiento de los propios límites. El cuerpo no es una máquina. La responsabilidad de un deportista es cuidar de sí mismo. Por medio de esta práctica, la persona no fuerza el organismo sino que atiende esas señales de agotamiento porque escucha su cuerpo de verdad.

5. Mientras que para practicar una disciplina deportiva, la persona necesita salir de su casa e ir a un centro deportivo específico, por ejemplo, el deportista puede practicar la atención mental allí donde se encuentre. Esto aporta un empoderamiento muy importante a quien quiere seguir con su rutina de entrenamiento emocional sin poner ningún tipo de excusa sobre las dificultades de la gestión del tiempo.

6. Actitud optimista. Por medio de esta rutina de encontrar un tiempo para uno mismo, la persona educa sus propios pensamientos. De este modo, propicia el desarrollo de un carácter optimista que es esencial tanto para celebrar los éxitos deportivos como para sobrellevar las derrotas.

7. Preparación mental para una prueba deportiva. Así como el calentamiento es muy importante para practicar running, por ejemplo, este nivel de concentración también es esencial desde el punto de vista de la preparación psicológica. Un deportista de élite se caracteriza por tener esta capacidad de concentrarse realmente en aquello que está haciendo en ese momento para no dejar que ninguna distracción externa afecte a su rendimiento.

 

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