Historia 


Milcíades, el vencedor de la batalla de Maratón

milciades

Busto de Milcíades

El Maratonómaco es el sobrenombre que recibe uno de los más famosos estrategas atenienses, Milcíades II. Nació en el año 550 a.C. en Atenas y, a parte de haber sido una distinguida figura política en su época, llegó a la inmortalidad gracias a la táctica que empleó en la decisiva batalla de Maratón.

Se le llama Milcíades II el Jóven para diferenciarle de su abuelo, Milcíades el Viejo, a su turno hijo del que estableció las bases de la colonia ateniense en el Quersoneso tracio (actual Turquía, llamada modernamente Península de Galípoli), que siglos después serviría a Alejandro Magno como punto de partida para su campaña en Asia.

A Milcíades le fue concedida la administración de la península poco después de haber sido honrado con el título de arconte de Atenas. Por su cargo público se vio obligado a acompañar a Darío I el Grande, el rey persa, en sus expediciones en contra de los escitas por el Danubio en el año 514 a.C. Se le entregó el liderazgo de las tropas encargadas de la vigilia de la flota al otro lado del Danubio. Los hombres provenían mayoritariamente de las ciudades-estado griegas situadas en la costa Anatoliana, más concretamente en la región de Jonia.

Viendo que Darío I no volvía para la fecha acordada, Milcíades quiso destruír la flota para evitar que cayese en manos enemigas y dejar al rey junto al groso del ejército a su propia suerte, pero los jonienses se negaron a escucharle.

En 499 a.C. aprovechó el caos causado por la rebelión de las colonias griegas de Jonia en contra de los persas para conquistar las islas de Lemnos e Imbros. No consiguió mantener su posición por demasiado tiempo y perdió las conquistas, ya Darío envió tropas de inmediato para ahogar la rebelión. Milcíades huyó y se vio obligado a refugiarse en Atenas, donde fue declarado tirano por los ciudadanos, para después ser perdonado. Se convirtió en el líder del partido oligárquico de Atenas y fue escogido como uno de los diez estrategas de la ciudad.

Darío I no dejó pasar el incidente que los jonienses provocaron, así que envió soldados para castigar las polis que apoyaron la rebelión.

Busto de Darío I, rey de los persas.

Busto de Darío I, rey de los persas.

Toda la flota persa, de alrededor de 600 naves, ancló en el golfo Maratón, a 42 kilómetros de Atenas.

Milcíades había ideado un plan y consiguió convencer al foro para que aceptase luchar en campo abierto en vez de sólamente defenderse desde detrás de las murallas de la ciudad.

Con la autoridad que le confería su experiencia militar y su conocimiento sobre la composición del ejército persa, convenció al polemarca Calímaco para que iniciase de inmediato el ataque. El ejército persa, que se consideraba aventajado por su superioridad numérica, no se alarmó por la aparición de los atenienses y continuó con sus labores.

Aprovechando que una parte de los persas estaban ocupados encargándose del desembarque y patrullando la zona, Milcíades emprendió el ataque en un modo ciertamente atípico para aquellos tiempos. No avanzó lentamente, como se acostumbraba hacer para mantener la formación de lucha intacta, sino que los hoplitas atenienses y sus aliados atacaron la infantería persa, que era por lo menos dos veces más numerosa que ellos. Después de aquel ataque suicida les rodearon y vencieron al ejército persa, aunque la flota quedó prácticamente intacta.

Locación del lugar de desembarc

Locación de la lucha respecto a Atenas.

Ante el peligro de un posible desembarque en Atenas, Milcíades y los estrategas decidieron volver a reunir al ejército en Atenas. Fue una marcha difícil y forzada, teniendo en cuenta el terreno accidentado y el cansancio de los hoplitas después de la lucha, pero las tropas llegaron finalmente a tiempo para la recepción del otro intento de un desembarque de los persas en Falero (cerca de Atenas). Viendo la costa tan bien defendida, los comandantes persas no insistieron más y dieron media vuelta.

Aunque tal vez para el imperio Persa este primer intento de invasión fue considerado más o menos exitoso, para los griegos la batalla de Maratón quedó en el recuerdo como una victoria de consecuencias capitales. El temido ejército persa había, por primera vez, sido vencido en campo abierto por los hoplitas. No sólo se salvó la independencia de un pueblo, sino también la de una civilización. Los atenienses se salvaron a ellos mismos y al mismo tiempo salvaron toda Grecia.

Un año después, en 489 a.C., Milcíades obtuvo dinero a través de prestamistas e inició una expedición para castigar a los ciudadanos de la isla de Paros, que ofrecieron ayuda a los persas. Los enemigos políticos de Milcíades aprovecharon el fracaso de la expedición para pedir su condena a muerte. Finalmente, el héroe de la enfrentación de la Maratón murió en la cárcel ese mismo año.

Vía| Battle of Marathon – Peter Krentz

Imagen| Busto de MilcíadesBusto de Darío IMapa

En QAH| El running y la leyenda de Maratón

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