Especial Miguel Ángel, Patrimonio 


Miguel Ángel, Laocoonte y la obsesión por lo clásico

“Aquellas en ruta certera buscan a Laocoonte, y primero rodean con su abrazo los pequeños cuerpos de sus dos hijos y a mordiscos devoran sus pobres miembros; se abalanzan después sobre aquel que acudía en su ayuda con las flechas y abrazan su cuerpo en monstruosos anillos, y ya en dos vueltas lo tienen agarrado rodeándole el cuello con sus cuerpos…”  (Eneida, II, 201 ss).

Laocoonte y sus hijos.

A la izquierda: diseño de Marco Dente representando el aspecto original del conjunto. A la derecha: copia escultórica realizada en mármol sobre la restauración en cera de Bandinelli.

Al igual que al hablar del Renacimiento es imposible no mencionar el arte clásico, al tratar la obra de Miguel Ángel no podemos pasar por alto la influencia del grupo escultórico helenístico de Laocoonte y sus hijos. Hallado en el Mons Oppius el 14 de enero de 1506 por el agricultor Félix Fredis en una viña cercana a Santa María la Mayor, en las inmediaciones de la antigua Domus Aurea de Nerón, este grupo escultórico supuso un punto de inflexión en la concepción clasicista no sólo de Miguel Ángel, sino de toda la Italia renacentista del siglo XVI. Tras la noticia del hallazgo acudieron al solar, entre otros, el arquitecto Giuliano da Sangallo y el escultor Miguel Ángel, siendo identificado inmediatamente el grupo escultórico con el que describía Plinio el Viejo al hablar del palacio de Tito.

“Debe ser situada por delante de todas, no sólo del arte de la estatuaria sino también del de la pintura. Fue esculpida en un solo bloque de mármol por los excelentes artistas de Rodas Agesandro, Polidoro y Atenodoro y representa a Laocoonte, sus hijos y las serpientes admirablemente enroscadas” (Historia Naturalis, XVI, 37).

Generalmente aceptada la identificación inicial y al margen de las posteriores interpretaciones en cuanto a su cronología, inmediatamente fue comprada y colocada en el Patio Octogonal de Belvedere por el Papa Julio II. Junto con el Torso del Belvedere constituyó el origen de la creación de los Museos Vaticanos, atrayendo a artistas y eruditos. A pesar de gozar de un estado de conservación relativamente bueno, carecía de algunas partes, como el brazo derecho de Laocoonte y de su hijo mayor, por lo que se inició un debate entre los artistas de Roma para restaurar el conjunto. Miguel Ángel supuso que el brazo de Laocoonte debía estar flexionado y, tras una primera prueba en cera realizada, en 1532 Giovanni Angelo Montorsoli realizó una restauración en terracota, reconstruyéndolo estirado, en actitud de fortaleza y dinamismo, desestimando así la opinión de artistas como Miguel Ángel y recibiendo críticas de otros como Tiziano.

Grupo escultórico tal y como se ve en la actualidad en los Museos Vaticanos.

Grupo escultórico tal y como se ve en la actualidad en los Museos Vaticanos.

A pesar de ello, las sucesivas restauraciones, como la realizada por Agostino Cornacchini entre 1725-1727, no tuvieron en cuenta las iniciales interpretaciones. Tras ser recolocada en el Patio Octogonal de Belvedere en 1815 (a su vuelta de París, donde había sido llevada por Napoleón en 1799), no fue hasta el año 1905 cuando se descubrió que la interpretación realizada por Miguel Ángel había sido la más acertada. Fue entonces cuando el arqueólogo Ludwig Pollack identificó el brazo original en Roma (seguramente aparecido en las inmediaciones del lugar de hallazgo de 1506, pero se creía descontextualizado). Tras los pertinentes estudios, entre 1957-1960 el brazo fue añadido al grupo escultórico en una restauración llevada a cabo por Filippo Magi, donde se retiraron el resto de piezas de las anteriores restauraciones, siendo su aspecto final el que podemos observar en la actualidad.

Detalle de la escena del castigo de Amán (Capilla Sixtina, Museos Vaticanos).

Detalle de la escena del castigo de Amán (Capilla Sixtina, Museos Vaticanos).

Volviendo sobre los pasos de Miguel Ángel, ¿por qué no podemos separar este grupo escultórico de su obra artística? Aunque ya hemos indicado, basándonos en autores como Giorgio Vasari, que este hallazgo supuso un punto de inflexión en la Italia Renacentista del siglo XVI, si profundizamos en la evolución artística de la época podemos observar el paso desde el renacimiento clasicista al manierismo. Este cambio en el estilo provocado por la influencia del grupo de Laocoonte, aunque podemos observarlo en Rafael, Tiziano, Rubens, etc.; es en Miguel Ángel, testigo principal del impacto de esta obra y de sus avatares iniciales, donde podemos observar una amplia influencia del conjunto en alguna de las figuras de la Capilla Sixtina (El castigo de Amán, La Serpiente de Bronce), los dos esclavos de la tumba de Julio II, la escultura de San Mateo, esbozos de La Batalla de Cascina… La influencia parece aún mayor cuando hoy en día, quienes observamos las obras de Miguel Ángel, sentimos estar mirando por una ventana al arte antiguo.

 

Vía| BURANELLI, Francesco. Laocoonte: alle origini dei Musei Vaticani. Roma, “L’Erma” di Bretschneider, 2006; GONZÁLEZ ZYMLA, Herbert. “El Laocoonte de Hagesandro, Polidoro y Athenodoro de Rodas: a vueltas con la iconografía del ciclo épico troyano al servicio ideológico del Imperio Romano”,  Gerión. Madrid, Universidad Complutense de Madrid (Dpto. Historia Antigua), 2005. p. 19-58.

Imagen|  Google, Castigo de Amán, Laocoonte y sus hijos

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