Neurociencia 


Mi padre es un impostor: el síndrome de Capgras

Imagínate que después de un largo día de trabajo llegas a casa. Abres la puerta, dejas el abrigo y las llaves en el recibidor, te diriges al el salón a saludar a tus padres que hoy vienen de visita y de repente ves que tu padre no está allí. En su lugar se encuentra un impostor, físicamente igual que él pero no es él; hay algo extraño en él que lo delata y que confirma que no es tu padre.

Aunque parezca algo chocante e incluso disparatado, esta es la situación que experimentan aquéllos que sufren del denominado Síndrome de Capgras. Este trastorno descrito en 1923 por el psiquiatra francés Joseph Capgras y conocido inicialmente como l’illusion des soies (ilusión de los dobles) se caracteriza por el mantenimiento de la creencia de que una persona cercana a nosotros ha sido sustituida por un doble, un impostor idéntico a ella. A pesar de que el paciente tiene la firme convicción de que la persona que ve es un impostor, no sabe ni puede explicar las diferencias entre éste y su allegado.

Este poco frecuente delirio suele estar circunscrito a una persona particular con la que el paciente mantiene una relación estrecha y puede tener una duración variable, existiendo casos en los que esta creencia tiende a reducirse e incluso a desaparecer y casos en los que la idea se cronifica a lo largo del tiempo.

Es importante no confundir este trastorno con la denominada prosopagnosia, alteración perceptiva caracterizada por la existencia de dificultades en el reconocimiento de caras. En el síndrome de Capgras el reconocimiento facial se encuentra preservado, lo que falla en este caso es un mecanismo bien distinto y sobre el que se han planteado diversas teorías. Se considera que es la ausencia de sensación de familiaridad asociada al rostro percibido el mecanismo que desencadena el delirio del impostor. El paciente se topa con una persona que es idéntica a su allegado pero no siente esa familiaridad al verlo. De este modo, el cerebro resuelve la disonancia entre informaciones contradictorias mediante la generación de la creencia del doble o impostor.

Para explicar esta ausencia de familiaridad, se han propuesto diferentes explicaciones. Desde la Neuropsicología y los modelos de desconexión, el modelo más relevante es el de Ellis y Young (1990) quienes consideran que la desconexión de las dos vías de procesamiento visual influiría en la aparición del trastorno. La vía ventral conecta las áreas visuales del cerebro con áreas temporales relacionadas con el reconocimiento de los objetos y el conocimiento semántico de éstos. Por su parte la vía dorsal se relaciona con áreas del parietal posterior y con estructuras límbicas, encargándose por ello de aportar, entre otras cosas, el significado emocional a lo percibido. Así pues cuando la vía dorsal se desconecta, el cerebro tiene que lidiar con información contradictoria (veo la cara de mi familiar pero no siento ninguna emoción ni sensación de familiaridad) y reacciona generando la creencia del impostor.

Los intentos por validar estos modelos proceden de trabajos experimentales en los que se evalúa la respuesta psicogalvánica de la piel de los pacientes de Capgras los cuales, a diferencia de los sujetos controles, no muestran una respuesta positiva en la conductancia de la piel ante rostros de personas conocidas. Cabe decir que estos estudios han sido criticados debido a cuestiones metodológicas relacionadas con la insuficiente proximidad afectiva de los rostros mostrados y el escaso número de pacientes estudiados.

Desde los modelos de lateralización cerebral, el origen del delirio se relacionaría con alteraciones en el hemisferio derecho, concretamente en estructuras prefrontales (relacionadas con la supervisión y la monitorización de la memoria, y la realidad) y en áreas temporales, encargadas de la generación de esta sensación mediante la participación de la amígdala, estructura límbica muy implicada en el procesamiento emocional.

En esta línea Gainotti (2007) asume que en el reconocimiento facial trabajan conjuntamente dos vías. Una subcortical, lateralizada en el hemisferio derecho y que se encargaría de la sensación de subjetividad y familiaridad y una vía cortical no lateralizada que, activada por la primera, se encargaría de combinar esa información de corte emocional con el conocimiento general almacenado sobre la persona percibida. La existencia de daños en el hemisferio derecho ayudaría a que el cerebro, sin el control de los procesos ejecutivos de monitorización de la realidad y de las falsas creencias, resolviera las disonancias mediante la atribución del delirio de Capgras.

Para finalizar cabe decir que estos modelos pueden explicar una parte del trastorno pero en ningún caso la totalidad del mismo. Es necesario seguir investigando y tomar en consideración las propuestas procedentes de los diferentes modelos psicológicos, cognitivos, neuropsicológicos, etc. Sólo combinando todos estos factores podremos llegar a entender un poco más la singularidad de este extraño síndrome.

 

Vía |

Madoz-Gúrpide A, Hillers- Rodríguez R. Delirio de Capgras: una revisión de las teorías etiológicas. Rev Neurol 2010; 50: 420-30.

Gainotti G. Face familiarity feelings, the right temporal lobeand the possible underlying neural mechanisms. Brain Res Rev 2007; 56: 214-35.

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