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Mi jefe es un padrazo… no como mi padre

“¡Somos un familia!”, así se autocalifican ciertas empresas que en boca de muchos empresarios que se jactan de haber logrado el clima de armonía que suele identificar a una familia. Todos sabemos que no es así aunque sea por un detalle tan básico y conocido como que elegir nuestra familia no es una opción: ni para pertenecer ni para abandonarla (hablo de circunstancias normales). En la empresa, obviamente, sucede absolutamente lo contrario (o debería serlo).
Sin embargo el “buen rollismo” de determinadas organizaciones es envidiado por la gran mayoría que raramente piropean el buen hacer de sus jefes y compañeros. O, al menos, en la balanza de “pros” y “contras” la negatividad gana por goleada. La fragmentaciones intraempresariales que identificamos son tan variadas como los tipos de jefes, de empleados y de negocios, las fórmulas de remuneración y reconocimiento, los estilos de liderazgo y de creación de equipos… y por decenas de factores que determinan el clima laboral de uno de los espacio donde más horas pasamos a lo largo de la vida.
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¿Se puede decir que un buen jefe es el que sienta a preguntar/escuchar a sus contratados para hablar de sus “vidas” más allá de las paredes de la oficina? Me refiero a conversaciones personales bienintencionadas, nada de escenas de cuarto oscuro con presiones y negociaciones en cualquiera de sus sentidos que se nos vengan a la imaginación. Es decir, hablo de un líder consciente de su papel, que entiende que debe asumir ese rol a pesar del riesgo de paternalismo camuflado tras cada interrogante.
Algunos empresarios se encuentran en el extremos contrario: son duros en la forma y en el fondo. Quizá oculte un corazón de madraza tras la careta de jefe que no admite concesiones a la galería. Su comprensión consiste, como mucho, en guardar silencio cuando en realidad debería dar un puñetazo sobre la mesa. Saber mandar es un arte pero no conviene mezclarlo con ser padre… aunque también requiera habilidades de máximo nivel.
Por último, detectamos la tendencia hacia la profesionalización de la “profesión” de madre/padre. Y me parece muy bien, ¿pero seguro que son tan equiparables ambas actividades? Y aquí empieza la confusión de la que –en mi opinión– no puede salir nada bueno. Progenitores que implantan un business plan en su empresa, una ristra de protocolos sociales (comidas, vestimenta, uso de la tele…) como si se tratara de una PYME. Y enfrente, quizá ese mismo padre o madre, entra en la oficina felicitando cumpleaños y organizando una gymkhana para generar empatía y aportar cohesión en la plantilla.
Todo tiene sus ventajas e inconvenientes: lo difícil es no sobrepasar la débil línea que separa los ámbitos profesional y familiar. A partir de aquí, la experiencia personal puede arrojar luces a responsables de recursos humanos que tienen en sus manos la difícil tarea de lograr buen ambiente y productividad simultáneamente.
Julio Pérez Tomé
Y tú, ¿qué piensas de todo esto?
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