Neurociencia, Salud y Deporte 


Mi hijo… ¿travieso o hiperactivo?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) representa un problema social importante por su alta incidencia en la población infantil y juvenil, además de por las consecuencias psicológicas que genera.

Además de las dificultades que sufre la persona que lo padece, el TDAH también repercute directamente en la familia y en la escuela. El sentimiento de fracaso que presentan los padres y los profesores en la consecución de sus objetivos con los niños que padecen TDAH genera en estos un déficit de autoestima y un agravamiento de las conductas presentadas por estos menores.

El TDAH se suele detectar en los primeros años de la infancia y se caracteriza por la presencia de tres síntomas fundamentales: el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad.

 

Déficit de atención

Los niños con TDAH presentan muchas dificultades para realizar una misma tarea durante un período de tiempo largo. Se aburren enseguida tras unos minutos haciendo la actividad, desconectan y comienzan a pensar en otras cosas. El hecho de no fijarse bien hace que comentan muchos errores en tareas que podrían dominar. Presentan importantes dificultades para organizarse y evitan las tareas que requieren esfuerzo. Frecuentemente olvidan el material necesario para cada tarea y pierden objetos personales. En muchas ocasiones parecen no escuchar cuando se les habla directamente. Se distraen fácilmente con cualquier estímulo que se cruce en su camino y son muy descuidados en las actividades.

 

Hiperactividad

Una de las características más llamativas del niño hiperactivo es la excesiva actividad motora que presentan, manifestándose ésta en una necesidad de moverse constantemente y por la falta de autocontrol corporal y emocional.

Los niños con hiperactividad están en movimiento constante, tienen muchas dificultades para permanecer sentados durante períodos de tiempo largos en situaciones que lo requieren (en clase, durante las comidas, viendo la televisión, etc.). Suelen hablar en exceso, son ruidosos y cuando están sentados dan golpecitos en la mesa, cantan o farfullan. Corretean por todos lados, pareciendo estar activados por un motor.

 

Impulsividad

Los niños impulsivos tienen dificultades para guardar el turno, se precipitan en responder antes de que se hayan completado las preguntas y suelen interrumpir o entrometerse en las actividades de otras personas.

La impulsividad comportamental que presentan está muy relacionada con una escasa tolerancia a la frustración, un deficiente control de los impulsos y con problemas de autorregulación.

La conducta impulsiva junto con la falta de conciencia del riesgo les hace más propensos a los accidentes. Antes de una acción no valoran las posibilidades y las consecuencias de cada posible respuesta, simplemente actúan y luego sufren las consecuencias. Sólo ven las consecuencias de sus actos cuando es demasiado tarde y ya han hecho o dicho algo inapropiado. Sin embargo, a pesar de sufrir las consecuencias negativas una y otra vez, no aprenden, y en la siguiente ocasión vuelven a reaccionar impulsivamente

Algunos autores señalan que los síntomas más llamativos en los niños con TDAH y que más inquietan y alertan a los padres y profesores de estos niños son los síntomas relacionados con la hiperactividad e inquietud psicomotora; pasando más desapercibidos los síntomas de desatención e impulsividad, siendo estos últimos frecuentemente confundidos con problemas de conducta.

 

No para en todo el día, ¿será hiperactivo?

Algunos síntomas presentes en el TDAH se pueden llegar a confundir con características normales y comunes en niños sanos. Es importante que, tanto padres como profesores, observen a estos menores con sospechas de poder padecer TDAH. Normalmente, cuando se tratan de características normales y no alarmantes, éstas tienden a disminuir en el cambio de la educación infantil a la educación primaria, y a medida que los niños crecen.

Un aspecto que nos permite diferenciar entre niños con TDAH y niños sanos es la intensidad de los síntomas presentes, siendo éstos más intensos de lo normal en los niños con TDAH en comparación con su grupo de referencia. Además, estos síntomas han de estar presentes antes  de los 7 años de edad y han de interferir en el funcionamiento de la vida del niño por un periodo continuado de al menos 6 meses para poder ser diagnosticado.

Además, los síntomas presentados por el menor deben aparecer en dos o más ambientes, siendo éstos habitualmente la escuela y la casa.

 

Conclusiones

Como bien hemos comentado anteriormente, algunos síntomas del TDAH son muy comunes en niños sanos y se pueden llegar a confundir. No obstante, por el hecho de que en ocasiones se traten de características comunes en niños de ciertas edades, no tenemos que obviarlas y no prestarles atención.

La detección temprana del TDAH, al igual que del resto de trastornos, es sumamente importante. Con una detección temprana y una intervención eficaz, la problemática del niño hiperactivo resulta relativamente controlable. Por ello, ante la duda de que su hijo pueda presentar TDAH, se aconseja que acuda a un profesional que determine o descarte su diagnóstico.

Es importante que los padres mantengan un contacto continuo con los profesores de su hijo con el fin de que ambos tengan constancia del comportamiento y actitud del niño tanto en casa como en la escuela. No hay que olvidar que los niños pasan gran parte del día en el colegio, por lo que el profesor nos puede aportar información significativa del comportamiento de nuestro hijo.

 

Vía|

  • Orjales, I. (2005). Déficit de Atención con Hiperactividad. Manual para padres y educadores. Madrid: Editorial CEPE.
  • Fundación CADAH 
  • Neuroclassics

Imagen| Niño hiperactivo

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