Patrimonio 


Meroe y las pirámides de Sudán

Cuando se pretende romper tópicos sobre el Antiguo Egipto es habitual reconocer que las célebres pirámides solo ocuparon una mínima parte de su historia. No obstante, el legado de aquellas perduró por siglos, engendrando otras emblemáticas construcciones, como la bien conocida Pirámide Cestia. Pero ni tan siquiera es necesario alejarse de las antiguas fronteras del País del Nilo para encontrar otras pirámides emparentadas con las propiamente egipcias.

Situación de Meroe en Sudán, entre la 5ª y 6ª catarata del Nilo

Situación de Meroe en Sudán, entre la 5ª y 6ª catarata del Nilo

Durante la época grecorromana, unos 1.500 años después de la construcción de las últimas pirámides, prosperó al sur de Egipto el Reino de Meroe, en el corazón del actual Sudán. Sucesor del Reino de Napata, el Reino de Meroe tomó su nombre de la ciudad homónima, adonde los nubios trasladaron su capital en el s. IV a. C., movidos por la desertización y las incursiones del faraón Psamético II en Nubia. Meroe ofrecía una situación estratégica en el centro del Nilo medio, área agrícola antaño beneficiada por las lluvias del monzón africano, al tiempo que protegida entre las cataratas del Nilo de las turbulencias procedentes del Oriente Próximo: griegos, persas y egipcios. Área que también se había erigido como encrucijada de rutas desde el Mediterráneo al África subsahariana, con dominio sobre parte del Mar Rojo. La riqueza mineral, fundamentalmente de oro, jugó igualmente a favor de esta ubicación. Es posible que la palabra “Nubia”, de hecho, derive del egipcio nebu, “oro”.

Numerosos autores clásicos advirtieron el esplendor de Meroe: Hérodoto, Estrabón, Diodoro de Sicilia, Plinio y Heliodoro. Sus textos quedan acreditados por los vestigios que aún hoy revelan el espectacular desarrollo alcanzado por la ciudad gracias al contacto con el mundo grecorromano. Esto es claramente observable en la arquitectura, no solo de influencia egipcia –téngase en cuenta que soberanos nubios llegaron a gobernar Egipto pocos siglos atrás con el rango de faraón, durante la XXV dinastía–.

Quiosco romano y templo de Apedemak en Naqa, síntesis de las influencias norteñas en el reino de Meroe

Quiosco romano y templo de Apedemak en Naqa, exponentes de las influencias norteñas en el reino de Meroe

Los templos consagrados a deidades indígenas, como Apedemak, constan de una estructura sencilla. Sin embargo, el Templo de Amón (s. IV a. C.) sigue el ejemplo del templo egipcio clásico –pilonos, patio, sala hipóstila, sala de la barca sagrada y santuario– y tal como indica su nombre está dedicado a una deidad egipcia. Del mismo modo la ornamentación del resto de edificios, en especial los de carácter civil, como los baños reales, esbozan el estilo griego de época helenística. Por otra parte, tanto la lengua meroítica como su escritura –jeroglífica primero, cursiva después– son claras herederas de la egipcia y griega, aunque a día de hoy no se encuentran bien descifradas por la escasez de textos bilingües.

Meroe, en cambio, debe su reciente reconocimiento a su necrópolis. También en el s. IV fue trasladada allí desde El Kurru, cerca de Napata, continuando y desarrollando la tradición de construir pirámides revestidas de ladrillo de arenisca y con un ángulo muy pronunciado sobre las cámaras funerarias excavadas en la roca. Arkamani (275-250 a. C.) fue el primer monarca que hizo de aquel lugar su sepultura.

Panorama de la necrópolis de Meroe

Panorama de la necrópolis de Meroe

La necrópolis se localiza en tres partes: necrópolis sur (con 200 tumbas), la necrópolis oeste (500) y la necrópolis norte (la más espectacular, 40 pirámides representativas de la gloria meroítica). Hasta hoy se han identificado más de 400 pirámides en las tres zonas de la necrópolis en diferente estado de conservación. Todas carecen de punta, pero en su día debieron de estar rematadas por alguna estatua o un disco solar. En su lado oriental se levanta una pequeña capilla para ofrendas con imágenes de divinidades egipcias como Osiris, Isis, Anubis o Neftis. Se alzaban hasta los 30 metros de altura y el propósito de las mismas es similar al de las egipcias: la creencia en la vida después de la muerte y la necesidad de conservar el cuerpo junto a sus pertenencias.

La ignorancia acerca del sitio no ha logrado dejarlo exento de expolio. En 1834, si bien no el primero, sufrió el más escandaloso: tras desmantelar decenas de pirámides, el médico y cazatesoros Giuseppe Ferlini halló el magnífico Tesoro de Meroe, vinculado a la reina Amanishajeto y compuesto por más de 300 piezas de exquisita calidad. Aunque de elaboración nubia, la inspiración egipcia es innegable. Contenía anillos, brazaletes, pectorales, pendientes y muchas joyas más que el aventurero se apresuró en trasladar a Europa para hacer fortuna, motivo por el que hoy el ajuar se custodia entre Berlín y Múnich.

Piezas del Tesoro de Meroe

Piezas del Tesoro de Meroe

Gracias a las excavaciones de los últimos años se ha logrado ir recomponiendo el inmenso destrozo que Ferlini y otros viajeros fueron dejando a su paso. Los trabajos del arquitecto y nubiólogo Friedrich W. Hinkel en 1976 supusieron un primer gran paso para arrojar luz sobre la historia de Meroe, y previamente otros proyectos constataron mediante el hallazgo de vasijas de vino griegas y romanas que el mundo nubio no estaba en absoluto aislado. En 2011, finalmente, el yacimiento de Meroe obtuvo el reconocimiento merecido conformando uno de los dos únicos sitios de Sudán declarados Patrimonio de la Humanidad. Se expone así al mundo un área de investigación que promete aportar mucho a nuestra larga historia.

 

Vía| Société des Cultures Nubiennes. MéroeSociété des Cultures Nuebiennes. Les Royaumes de Napata et Méroé, La Nubia Antigua, Archaeology in Sudan.

Más información| Nubia. National Geographic, Imágenes del Tesoro de Meroe, Meroe en la lista de Patrimonio de la Humanidad: en inglés y en español, Meroe: writing.

Imagen| Wikimedia Commons, Wikimedia Commons, Dunia Nzuri, Harald Wartooth.

En QAH| Los enterramientos en el Antiguo Egipto (I): de la mastaba a la pirámide, La muerte en el Egipto faraónico (IV): las tumbas, ¿Cuál es la pirámide más grande del mundo?

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