Historia 


Mercenarios: Sin plata, no hay suizos

 

Así rezaba un antiguo y castizo refrán español de principios del siglo XVI haciendo clara referencia a la conditio sine qua non para contar con la exquisita voluntariedad y disciplina de los soldados mercenarios suizos. En la mayoría de los casos, contar con su presencia era visto como el preludio de una victoria segura dado su férrea y profesional formación marcial y sus volubles objeciones morales para realizar todo tipo de misiones indecorosas o peligrosas. Por estas razones eran habitualmente empleados por los reyes y emperadores de media Europa desde el siglo XIII hasta el XIX agrupados en regimientos extranjeros, generalmente, para reforzar las primeras líneas o los flancos de sus propias huestes y ya que se reconocían como los guerreros mejor reputados de todo el continente.

Piqueros suizos del siglo XV

Piqueros mercenarios suizos del siglo XV

Sin embargo, los soldados mercenarios siempre han tenido una particular, y puede que hasta merecida, mala fama en lo que respecta a su incívico comportamiento con la población civil y a sus flexibles y cambiantes lealtades. No resultaba raro que en medio de la batalla cambiaran de bando siempre que su paga hubiera sido aumentada, paga que siempre acababan cobrándose ya fuera en bolsas de plata o mediante el pillaje y el asalto a los pueblos cercanos, dejando un rastro de violaciones, asesinatos y barbarie en su camino de regreso a casa. Especialmente recordadas son sus acciones en la Guerra de los Cien Años (siglo XIV-XV), en la Guerra de los Treinta Años (siglo XVII) o en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (siglo XVIII), contiendas en las que los mercenarios hessianos, suizos y bajoalemanes se han ganado a pulso la fama de combatientes despiadados debido a sus formas y costumbres poco elegantes en el desenlace de las batallas frente a los caballerosos soldados profesionales británicos o austríacos.

El Renacimiento fue sin duda la edad de oro de los mercenarios, especialmente en tierras italianas en donde las guerras entre ciudades-estado eran por desgracia comunes, hecho que permitió abrir una constante demanda de tropas profesionales para combatir en diferentes frentes. Fue en aquella era cuando surgió la figura del condotiero, comandante en jefe de un ejército profesional al servicio de un príncipe o noble que actuaba como caudillo militar de la soldada que tenía empleada, con la función de proteger una ciudad al estilo de cuerpo de policía o, en cambio, asediar otra ciudad rival esperando una suculenta parte del botín por los servicios prestados. Algunos de los habituales empleadores de tropas mercenarias fueron las ricas familias Médici, Orsini, Sforza, Vistonti o Borgia, entre otros.

La Guardia Suiza Papal en la actualidad con uniforme y armadura del siglo XVI

La Guardia Suiza Papal en la actualidad con uniforme y armadura del siglo XVI

Los mercenarios no han sido solamente empleados por casas reales o nobiliarias sino que el propio Papado ha contado desde el siglo XVI, por contratación de Sixto IV, con su propio ejército privado de mercenarios suizos, denominados: la Guardia Suiza Pontificia –se utiliza el término pontificia para diferenciarla de la Guardia Suiza que protegió a la familia real francesa desde tiempos de Carlos VIII, y cuyos integrantes murieron defendiendo a Luis XVI en el Palacio de las Tullerías en 1792, durante los acontecimientos de la Revolución Francesa-.

 

Vía|Gecoas

Más información|Rodelero

Imagen|Swiss mercenaries, The Pope personal army

En QAH|Contratistas privados: Status de riesgo; Mercenarios del emperador: los lansquenetes alemanes del S. XVI

 

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