Patrimonio 


Medina Azahara: ciudad soñada

En el artículo de hoy vamos a tratar la historia de uno de los monumentos más singulares de la civilización islámica andalusí, como es el caso de la ciudad palatina de Medina Azahara, en Córdoba.

En los últimos días hemos tenido noticia de este importante conjunto arqueológico del siglo X debido a la celebración de un congreso en Córdoba que pretende ser el punto de partida para encumbrar al monumento cordobés en Patrimonio de la Humanidad. Es el punto de inicio de un largo proceso que pretende conseguir que el estado español eleve la candidatura cordobesa a la Unesco en 2017 para ser evaluada en París al año siguiente. No hay más candidaturas españolas a ese título en 2018, aunque eso no significa que el organismo dé el sí a la candidatura andaluza. Por otro lado del informe que ha sido elaborado por la Junta de Andalucía se desprende un cambio en el modelo de gestión del monumento, “con formato de patronato”, como el que en la actualidad disfruta “La Alhambra” de Granada, y que supondría una mayor autonomía del monumento así como la dotación de más recursos humanos y económicos.

Pero lejos de este laberinto de documentos, leyes y trabajo de instituciones hemos de centrarnos en el monumento en sí. Un monumento único dentro del ámbito europeo y aún de ese periodo histórico dentro de la cultura islámica. El yacimiento aporta un testimonio excepcional de la desparecida cultura islámica andalusí y constituye un ejemplo único de su época más floreciente.

Medina Azahara fue mandada construir por Abd-al Rahmann III, autoproclamado califa en el año 929, entre los años 936-976 a los pies de Sierra Morena, a ocho kilómetros de Córdoba capital. La tradición popular nos cuenta que el primer califa cordobés la construyó en honor de su favorita, pero recientes estudios apuntan a que la verdadera causa de la construcción de la ciudad palatina fue el deseo de ofrecer una imagen fuerte y poderosa del recién creado Califato Independiente de Occidente. Medina Azahara fue concebida como la nueva sede del gobierno del califato y como residencia del Califa. Además, fue una auténtica ciudad dotada de una fuerte organización urbanística en cuyo interior se organizaba la administración civil y militar del nuevo estado. Constituía un símbolo de independencia frente a los califatos islámicos orientales.

Medina Azahara. Vista panorámica.

Medina Azahara. Vista panorámica.

La ciudad se organizaba en tres terrazas rodeadas por una fuerte muralla, situado el Alcázar Real en la más superior y la intermedia, quedando la zona más baja se reservada para viviendas y la mezquita se edificó extramuros. Las fuentes históricas apuntan a la participación de unas diez mil personas que trabajaban diariamente en su construcción. Abd al-Rahman no escatimó en materiales para lograr el efecto buscado: la insignia del poderoso reino que gobernaba. Ricos mármoles violáceos y rojos, oro y piedras preciosas, además del cuidado trabajo artesanal de los mejores canteros y las legendarias contribuciones bizatinas, ayudaron al encumbramiento del preciado proyecto.

Parte del alcázar tenía carácter público y era donde se sucedían las visitas oficiales. En la parte más alta se situaba el Salón Alto, organizado en cinco naves con arcadas. Más abajo se encuentra el Salón Rico, una estancia rectangular que  se divide en tres naves mediante el uso de arcos califales de mármol rojo y azulado, siendo las laterales ciegas y abierta la central. La decoración a base de ataurique (motivos vegetales labrados) y la riqueza de los materiales han configurado el nombre del engalanado recinto, completado con baños y abierto al Jardín Alto, formando un conjunto de gran belleza. La distribución de la decoración seguía un plan definido: en la parte inferior destacan los grandes tableros que flanquean los vanos y cuyo tema es el árbol de la vida, en la parte intermedia encontramos los arcos de herradura con su decoración asociada y, por último, en la parte superior encontramos un friso corrido con motivos estrellados que conectaba con la techumbre de madera y que representaría el firmamento.

Medina Azahara. Salón Rico.

Salón Rico de Medina Azahara.

El Jardín Alto se desarrolla en cuatro zonas, quedando el punto de intersección ocupado por un pabellón y cuatro albercas. Una de éstas, la enfrentada al Salón Rico ha pasado a la leyenda por cobijar en su interior mercurio y bañar el grandioso recinto con destellos de mil colores. Un complejo de calles en rampa empinada nos conducen al gran pórtico oriental, por donde accedían las grandes embajadas que recibía el califa. Delante del mismo se abría una gran plaza en la que se concentraban las tropas y el personal de las ceremonias protocolarias. A extramuros de la medina se construyó la mezquita, levantada en poco más de un mes.

El conjunto sufrió grandes destrozos a través de las sucesivas guerras que asolaron al-Andalus a principios del siglo XI, transformando en ruinas Madinat al-Zahra. El esfuerzo por crear una ciudad ideal tan sólo duró setenta años.

VÍA | Diario Córdoba, Arte en Córdoba, Turismo de Córdoba, Arteguías

Imagen | Salón Rico, Vista Panorámica

En QAH | La Mezquita-Catedral de Córdoba (I): el primitivo templo de Abd-al Rahman I. La Mezquita-Catedral de Córdoba (II): la ampliación de Abd-al Rahman II. La Mezquita-Catedral de Córdoba (III): la fastuosa intervención de Al-Hakan II. La Mezquita-Catedral de Córdoba (IV): la ampliación de Almanzor.

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