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Mediando entre los sentimientos y los negocios familiares

Para empezar os definiré que es una empresa familiar (EF). Definimos EF a aquella empresa en donde la gestión está regulada por una familia, la propiedad pertenece a una familia y se pretende la duración en el tiempo de la empresa, y por tanto que se mantenga y traspase de generación en generación. Pues bien parece fácil, pero dentro de este tipo de empresas además juega en el campo dos factor muy importante: la familia y los sentimientos. La empresa tiene conflictos y la familia también, y si mezclamos las dos, imaginaros…, con lo cual para intentar prevenir una serie de problemas futuros, se crea el protocolo familiar.

El Protocolo Familiar es un instrumento formal para la buena gestión  de la Empresa Familiar, y se define como “un acuerdo marco, firmado entre familiares y socios de una misma empresa, que regula la organización y gestión de la misma, así como las relaciones económicas y profesionales entre la familia, la propiedad y la empresa con el objeto de garantizar la viabilidad y continuidad de la empresa en manos de la familia propietaria”.

Se pretende de parte de  todos los miembros del grupo familiar el compromiso moral por mantener una línea de acción concreta:

-Crear un espíritu de unión y compromiso por los familiares.

– Seguir fiel a los valores y creencias heredados de las generaciones precedentes.

Dado que el Protocolo es una herramienta dinámica, viva y debe servir de norma para guiar las actuaciones familiares en la empresa y que, a su vez, sea capaz de contribuir a la solución de las eventuales incidencias que se produzcan en el seno de la familia, y que estén relacionadas con la empresa. Debe revisarse de forma periódica, al menos anual o bianualmente, tanto en lo referente a las reglas de juego como a las decisiones operativas. Además, y por acuerdo de los miembros del grupo familiar, parte de los principios o decisiones operativas pueden asumir forma jurídica y obligar a sus miembros.

El protocolo persigue como objetivos:

– Proteger e incrementar el patrimonio familiar, evitando la dispersión del capital y del poder.
– Evitar o ayudar a superar las crisis estructurales de la empresa, institucionalizando alternativas a los problemas, adelantándonos a su vez de forma activa a los problemas intergeneracionales.
-Regular la relación entre familia y empresa.
-Ayudar a profesionalizar los procesos de dirección estratégica.

La redacción de un protocolo se adapta a cada empresa y puede incluir las claúsulas necesarias para cada una.En él tratamos temas como los valores y creencias de la empresa para que se transmitan en el tiempo, la forma de acceder a la empresa por los familiares, las retribuciones de los familiares trabajadores y accionistas, el tema de la sucesión o de cómo se llevará a cabo el traspaso, la distribución de la propiedad y la valoración de las acciones, los órganos de gobierno que requiera la empresa, normas del protocolo y sanciones, familiares políticos restricciones y regímenes de matrimonio, testamentos… se pueden incluir muchos apartados dependiendo de las necesidades.

Bajo mi punto de vista quizás en PYMES de primera generación en donde fue creado por el fundador y su esposa, no sea necesario el protocolo, pero en terceras generaciones donde entra el consorcio de primos y hay más familiares de por medio, el protocolo puede ser una herramienta muy valiosa a la hora de gestionar y prevenir conflictos, ya que nos puede librar de más de un quebradero de cabeza.Y por supuesto en grandes corporaciones familiares es imprescindible éste documento.

 
* Vía|(protocolo carlos morato)
* Más información|(ual)
* Imagen|(japonmatari.es)
* En QAH|(Soy jefe, ¿y ahora que hago?)

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