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Me sobran excusas

Me pregunto si nuestra mente tiene capacidad infinita para almacenar todo cuanto nos ronda por la cabeza. Qué filtro utilizamos para discriminar entre lo que albergamos dentro y lo que dejamos fuera.

A veces, me gustaría darle vacaciones a mis pensamientos. Dejarlos un poco más libres, más resueltos en el hacer y menos atados al por qué. No buscar motivos para mis actos ni encontrar el significado a lo ya hecho. Liberarme de los pretextos y justificaciones tal vez. Y es que, ciertamente, me sobran excusas.

Me sobran excusas para levantarme enérgicamente por la mañana, ¡el día me ofrece tantas cosas! Que sólo puedo ponerme en pie. Y no para hacerlas, sino para vivirlas.

Me sobran excusas para sonreírme en el espejo, por muchas ojeras que tenga hoy. Será que supe exprimir bien las horas del día anterior.

Me sobran excusas para mirar a los ojos y no andar agachando la mirada. Voy a descargarme de todo lo que me impida ir de frente.

Me sobran excusas para quedar con aquellos que me importan y no dejar que el calendario vaya pasando sus hojas.

Me sobran excusas para vivir el presente, liberada del ayer y confiada en el mañana.

El silencioMe sobran excusas para pararme a saborear el tiempo, dejar a mi corazón latir y llenar de aire mis pulmones. Hay tanto por escuchar en el silencio.

Me sobran excusas para retarme en todo aquello que temo. Ni mis miedos son tan grandes, ni yo soy tan pequeña.

Me sobran excusas para abandonar la rutina y escaparme a conectar con el mundo.

Me sobran excusas para reírme de lo que hoy hace a mi alma estar seria.

Me sobran excusas para decir sí, sabiendo que mi asentimiento es el comienzo de grandes aventuras que la vida me tiene reservadas.

Me sobran excusas para cantar y tocar la guitarra sin pretensión de afinar. Sólo por el placer de dejar escapar las preocupaciones a través de las notas.

Me sobran excusas para zambullirme en la inmensidad del mar y dejarme calar hasta los huesos por la sal de la vida.

Me sobran excusas para anteponer la obligación a la devoción. La mejor forma de disfrutar de la fiesta es bajo la consciencia del trabajo bien hecho.

Me sobran excusas para tumbarme panza arriba a cielo abierto y dedicar una noche a contar estrellas. Son tantas las que cada día me iluminan desde lo alto mientras yo no levanto la vista de mis apresurados pies sobre el suelo.

Me sobran excusas para dejar que sea fácil lo que sólo con mi ayuda se convierte en difícil.

Me sobran excusas para dejarme querer por quien logra amar hasta lo que uno rechaza de sí mismo. Eso sí que es puro milagro.

Me sobran excusas para darme cuenta que me faltan excusas para no ser feliz.

Imagen| El silencio

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