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Me pido líder para siempre

 

Existen cientos de libros que hablan sobre el liderazgo. Todos ellos establecen clasificaciones propias y definiciones muy detalladas de las habilidades que debe poseer un líder. Desde la clasificación más sencilla, basada en la forma de aparición del líder, que los agrupa en líderes formales e informales, hasta otras más complejas, como la que toma como punto de partida la relación entre el líder y sus seguidores, que los divide en líderes carismáticos, democráticos o autoritarios. Desde Maquiavelo hasta Mintzberg, muchos autores han intentado identificar las características que debe tener un líder en un esfuerzo por comprender qué es lo que distingue a estas personas del resto. Además, el liderazgo está de actualidad en el mundo empresarial. Cada vez se imparten más cursos con el fin de desarrollar las habilidades necesarias para poder dirigir a personas. Pero, ¿vamos en la dirección correcta?Super niño

La palabra “líder” está adquiriendo en la actualidad un significado peligroso que casi roza la omnipotencia. Esta visión del liderazgo puede llegar a crear personas despóticas que creen que reconocer un error es una muestra de debilidad o bien personas condescendientes que creen que deben dar el visto bueno a las ideas de los demás. Aquel que se sienta un líder o quiera llegar a serlo debe cargar con el peso de serlo siempre, porque un líder nace, no se hace… ¿quién no ha chocado contra tópicos así o se ha encontrado con este tipo de personas?

En primer lugar, la palabra “líder”, y todos sus derivados, se usa mucho y se usa mal. A veces la usamos para describir a una persona que tiene iniciativa. Otras para una persona que sabe comunicar su punto de vista y es capaz de convencer a los demás. Probablemente en estos casos sea mejor referirnos a que esa persona es asertiva. Y, a veces, una persona puede reunir dos virtudes como las anteriores y no ser necesariamente un líder, simplemente una persona con un gran carisma.

Y entonces, ¿por qué tanto empeño en el liderazgo? ¿Por qué todos queremos ser líderes? En tanto que el ser humano es una animal social, como muchos autores han puesto de manifiesto empezando por Aristóteles, éste siente un impulso para mejorar su estatus dentro de la jerarquía. Ser reconocido como líder lleva implícito el reconocimiento de poder e influencia y esto resulta atractivo a una amplia mayoría de personas. Pero hoy además aparecen otras fuerzas que nos empujan a querer ocupar el puesto más alto en una jerarquía. Las empresas parecen desear que todos sus trabajadores tengan auténtica madera de líder y por ello todos nos esforzamos por aparentar serlo.

En este contexto, para que cualquier agrupación humana pueda funcionar, es necesario que redefinamos nuestra idea del líder y adoptemos una visión integradora de lo que es el liderazgo. Para empezar, en un mundo cada vez más complejo es muy difícil que surja un líder absoluto que pueda gestionar todo el conocimiento de un grupo de un modo eficiente que le permita poder tomar las mejores decisiones. Por ello, debemos abandonar la idea de que un líder debe serlo siempre. Alguien deberá liderar un grupo cuando ese liderato sea lo mejor para el objetivo que el grupo se proponga. En el mundo empresarial cada vez es más frecuente la formación de equipos multidisciplinares. Lo óptimo en Influenciaestos equipos es que el liderato varíe en función de los objetivos y las necesidades. Si un proyecto resulta tedioso, tal vez se tenga un mejor resultado si la persona que asume la dirección tiene un gran carisma y mucha facilidad para motivar. En cambio, si un proyecto es muy excitante y surgen múltiples ideas, tal vez  resulte mejor que el líder tenga una gran habilidad de gestión, quedando la capacidad para motivar en un segundo plano. De una forma más espontánea surgen este tipo de lideratos en nuestras relaciones personales. Por ejemplo, todos tenemos el típico amigo gracioso hacia el que todos se giran cuando se está tomando algo en un bar y éste, encantado, busca cualquier oportunidad para lanzar sus bromas. Durante ese momento es él quien lidera el grupo, asumiendo la responsabilidad del cumplimiento del objetivo: pasarlo bien. Pero cuando necesitamos consejo, hablaremos con ese otro amigo que consideramos sabio y le permitiremos que nos ayude a elegir nuestra dirección, compartiendo esa responsabilidad (o incluso delegándola por completo).

Por tanto, además de todas las características que han encontrado los expertos, la definición de líder debería incluir una habilidad especial: la capacidad de ceder el liderazgo, asumiendo que nadie puede liderar siempre y aceptando el sometimiento a la dirección de otra persona, de modo que se reduzca la competencia actual y se dé paso a un clima de cooperación.

 

Vía|  Henry Mintzberg “Los 10 roles del manager”; Nicolás de Maquiavelo “El príncipe”; Oscar Wilde “El retrato de Dorian Grey”

Imagen| Super niño, la influencia

 

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