Historia 


¿Mató Hernán Cortés a su mujer?

En la segunda mitad de 1513, en una pequeña playa cerca de Baracoa (Cuba), Hernán Cortés se disponía a embarcarse en secreto hacia La Hispaniola. Su propósito no era otro que el de entregar un cuaderno de hojas tupidas con quejas sobre Diego Velázquez, el flamante primer gobernador de Cuba, a unos oidores (jueces) castellanos que se encontraban en la isla vecina.

No llegó a salir de la dicha playa. El viaje fue interceptado y la conspiración desmontada por el propio Velázquez y sus hombres. Un traidor había alertado de los movimientos subterráneos contra el gobernador. Éste actuó sin más demora al enterarse. Cortés quedó al descubierto. Los indígenas y algunos descontentos con Velázquez lo habían situado como portavoz de sus disgustos. El problema estribaba en la doble posición de Cortés en aquel episodio: representante de los insurrectos y secretario del gobernador.

Manejando muy mal los tiempos, Cortés aceptó ser el cabecilla de un movimiento para desbancar a su jefe y terminó encadenado esperando la horca. Sin embargo, sorteó la muerte. Hernán era querido entre la población local y además tenía sus influencias. Velázquez no gozaba de muy buena fama y le interesaba apuntarse una buena acción en su lista de atrocidades, así que se pactó una puesta en libertad del capturado.

Hernán Cortés debía abandonar su sitio de secretario del gobernador. También se habló (y mucho) sobre oro, aunque es una parte que no nos ha llegado ningún tipo de referencia escrita. Con lo sabido, parece una pena muy moderada ¿verdad?. Si la segunda demanda está sumida en una niebla peculiar, tampoco está muy clara la tercera. Cortés tenía que contraer matrimonio con una tal Catalina Xuárez (a veces Juárez o Suárez). La boda se celebraría a principios del año siguiente.

¿Quería casarse Cortés? No lo sabemos con seguridad. Lo que sí sabemos es que era padre de una pequeña india, fruto de un vínculo sentimental con una taína cubana. Lo más insólito de todo fue la utilidad de la boda con Catalina Xuárez. Sirvió para aprobar ante los ojos de todos los castellanos su relación con la cubana. Algunos autores mencionan el casamiento entre Cortés y Catalina como un acto meramente diplomático y simbólico.

Mientras está conquistando México, no se queda en la bigamia. A partir del mes de julio de 1519 vive con Malintzin, otra “princesa” india. Después de aquél verano, le siguen ofreciendo al conquistador muchas otras hijas de cabecillas locales. Cortés recibe muchos reproches castellanos por tener tantas mujeres, pero poco le importan las críticas de sus compañeros o detractores. No debemos pensar en un Hernán Cortés desenfrenado en la pasión. Todo está calculado en su motivo último: la conquista de México.

Retrato de Hernán Cortés

Para su plan político, la unión entre representantes de los pueblos autóctonos y los visitantes aligeró considerablemente el choque cultural. Cortés fue el primero en dar ejemplo de la nueva manera de actuar, aceptando todas las hijas de jefes nativos que se le ofrecieron, pero también intervino para realizar enlaces entre sus soldados y otras mujeres aborígenes. Empezó un claro mestizaje, sin ningún embozo.

En ese contexto de conquista total, el recuerdo de su esposa legítima y castellana fue diluyéndose cada vez que entraba en un nuevo poblado mesoamericano. Algunos autores nos aseguran que seguía obsequiando a Catalina con porciones de piedras preciosas que iba encontrando en su aventura mexicana. Aunque cabe decir que no era la única adornada. Mandaba dotes económicos a la madre de su hija que igualmente se encontraba en Cuba. Puede decirse perfectamente que Catalina Xuárez no estaba en una posición privilegiada.

En verano de 1522, con México dominado, Catalina Xuárez acompañada de un buen séquito, desembarca en las costas mexicanas procedente de Cuba. Aquí la historia empieza a difuminarse. Se mezcla la leyenda con la realidad. Además encontramos una bruma espesa causada por los interesados en dañar la imagen de Cortés que se cruzan con los defensores a ultranza del conquistador.

Durante el verano, el matrimonio se reencuentra. Según algunos autores con mucha emotividad por haber estado tantos años separados. Otros aseguran que la nutrida e inesperada visita no agradó a Hernán aunque no mostró signos de disgusto inmediatamente.

Las fuentes coinciden más en señalar la desafección entre Catalina y Hernán con el paso de las semanas y sobretodo con el nacimiento del primer hijo varón de Cortés (fechado después de terminar el verano de 1522). En dicha ocasión, Hernán se mostró especialmente efusivo y afable con el pequeño Martín. El suceso conmocionó bastante a Catalina y no se hizo falta esperar un airado reproche por no haber tenido descendencia con ella. Igualmente, le recordó a Cortés que la descuidara en Cuba, sin poder estar juntos.

El clima hostil entre los dos llegó a su punto culminante en una recepción nocturna el primer día de noviembre. Catalina desentendió el banquete antes de su fin, subiendo a sus aposentos, muy exacerbada. Fue posteriormente, sobre medianoche, cuando los esposos tuvieron una discusión en su habitación. La única verdad es el fenecimiento de Catalina terminada la cena.

Por una parte, se asegura (los más firmes acusadores de Cortés) que el cadáver de Catalina presentaba unas marcas rojas en el cuello de estrangulamiento. Así mismo se apunta el afán de emparejarse con la nobleza castellana por parte de Cortés (estaba arreglando un enlace con la sobrina del obispo de Burgos). Por otra parte, se ha escrito (los inagotables defensores del conquistador) que Catalina murió por la debilidad de su cuerpo al clima de México. La pelea debilitó definitivamente sus enclenques fuerzas.

Algunos autores afirman la autoría intelectual de Cortés, no la material. Apuntan a una muerte planificada por Cortés, pero ejecutada por otro. Otra verdad inapelable de la noche, que parecen pasar por alto muchos puede parecer banal y no lo es. No se requirieron los servicios de ningún médico para certificar el motivo de la muerte de Catalina. Su llegada México en 1522 no estaba en los planes de Cortés, a nadie se le escapa. En sus cartas de relación, Cortés, no menciona a Catalina ¿Descuido?.

Unos años más tarde se celebró un juicio, instado por los familiares de Catalina y ejecutado por los enemigos de Cortés. Él ya estaba en Europa. Más que esclarecer la muerte de Catalina se reclamaba una parte de los bienes a Hernán. Se zanjó el tema con una pequeña suma económica entregada a la familia (inferior a la exigida) y con la exculpación oficial del explorador. Poco riguroso debió ser que todavía, a día de hoy, la sombra de la duda planee sobre la figura de Hernán Cortés.

 

Vía| DURVERGER, C, Hernán Cortés. Más allá de la leyenda, Taurus, Madrid, 2013; GIL AMBRONA, A, Historia de la violencia contra las mujeres, Cátedra, Madrid, 2008; GUTIÉRREZ CONTRERAS, F, Hernán Cortés, Salvat, Barcelona, 1989; MARTÍNEZ, J.L, Hernán Cortés, FCE-UNAM, México-D.F, 1990.

Imagen |Hernán Cortés

En QAH| ¿El falso Cortés?; La noche más triste de Hernán Cortés; La Malinche, intérprete de la ambición de Cortés

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