Cultura y Sociedad, Literatura 


Más allá del último poema: conversaciones con un creador de sueños

“¿Pero qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes,

de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que

un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores.

Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la poesía”.

Federico García Lorca en Libro de poemas (“poética”) citado en

La generación del 27 desde dentro de Juan Manuel Rozas.

 

Becquer

En los tiempos que corren lo cierto es que el arte de conversar, de hablar con otra persona, está infravalorado. Muchos me dirán que esto no es cierto porque ahora, con unos simples movimientos de algún dedo, se puede contactar con gente que vive en otros lugares, en otras latitudes, casi en tiempo real. Pero, aunque verdad, muchas de esos diálogos, instantáneos y llenos de caritas sonrientes, son vacuos. Están vacíos. Vacíos de sentimientos (pasión, tristeza, abandono…) y de otras cuestiones como la espera; propia de aquellas postales, ahora desterradas, tan viajeras que eran capaces de llevar la arena de una playa mediterránea a un pueblo de la meseta castellana. Tan trotamundos que, a veces, se perdían buscando emociones y podían llegar a ese pueblo semanas después de que su emisor, su artífice, hubiera vuelto al mismo.

Este tipo de conversaciones, que antes también se daban aunque en menor medida, han hecho que proliferen esas “amistades desaparecidas” de las que el otro día hablaba Javier Marías en su artículo publicado en El País Semanal. Esas relaciones que han llegado a ser muy estrechas pero que, por motivos desconocidos, se pierden en una nebulosa de la que no se sale. Una niebla más dolorosa ahora cuando cuesta tan poco interesarse por alguien. Como decía antes: unos golpes de dedos y listo.

Hace 200 años, el año sin verano, interesantes coloquios dieron lugar a que se creara Arte literario en mayúsculas gracias a Mary Shelley y compañía en la Villa Diodati. Sin ese gusto al hablar, a reunirse, quizá el doctor Víctor Frankenstein no había dado vida a su criatura y, con esa ausencia, el mundo habría perdido.

Existen autores, como es el caso de la ya citada Shelley, que, desde un determinado momento, han formado parte del imaginario colectivo; que han estado presentes en libros de texto, comics, algún que otro sketch humorístico y un sinfín de elementos que han hecho que, en ocasiones, se conozca una determinada faceta de los mismo pero no su totalidad. Otra vez, el ruido en la comunicación la hace casi imposible. Esto se ha repetido en otras manifestaciones artísticas como demuestra el caso del pintor Julio Romero de Torres; de él se conoce, en ocasiones, la copla y las imágenes en los almanaques pero no todo el simbolismo que su obra representa.

Uno de estos escritores es sin duda Gustavo Adolfo Bécquer.

Y es que, si se pregunta a alguien por él, seguro que algún verso de la “Rima LIII” recuerda, aquella de las golondrinas y el balcón, o le viene a la mente esa imagen de aquel billete de cien pesetas en el que estaba retratado. Aquel retrato que creó en lienzo su hermano Valeriano y que he tenido la oportunidad de ver, cara a cara, en varias ocasiones a lo largo de mi vida. Una de ellas, la última, fue en su actual casa: el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Allí, entre otros cuadros, hablamos. Le pregunté por cómo se asimila el éxito después de haber partido al largo viaje (no todo el mundo puede decir que está en la zona más alta del Romanticismo en español), por cuál fue la causa de su muerte (si de tuberculosis, como siempre se nos ha dicho, o de alguna otra enfermedad menos romántico pero igual de mortal); de cómo había decidido que su vida debía girar alrededor de las letras en vez de entre los pinceles (como fue el caso de su hermano Valeriano), de si estaba cansado (como en cierta medida le pasaba a Zorrilla, otro de los románticos, con la famosa escena del sofá del Don Juan Tenorio) de que siempre se remitieran los mismos versos en boca de la gente o cómo se sentía ante cada una de las muestras que los peregrinos, nosotros, le ofrecíamos en forma de carta, flor, caminata…

Él, con mirada algo ladeada pero directa, no dejaba de contarme historias, relatos llenos de realidad pero con esa genialidad propia de la fantasía que le caracteriza, para, al final, llegar a ese punto que relata la “Rima LXIX”:

“Al brillar un relámpago nacemos

y aún dura su fulgor cuando morimos;

¡tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos

Sombras de un sueño son que perseguimos;

¡despertar es morir!”

Toda esta poesía pictórica, cierta es la expresión latina “Ut pictura poesis”, como toda lección de vida se termina y el espacio se vuelve a llenar de otros personajes y de otras personas que, en esos momentos, habitan el museo. Pero no es el final porque el efecto se vuelve a producir cada vez que una persona lee alguna frase que creara su pluma o visite la escultura dedicada al maestro en el Parque de María Luisa. Allí, observando su rostro y el de las damas que le acompañan simbolizando todas las fases de un amor, las palabras de José Gestoso se hacen más verdaderas que nunca:

¿A qué seguir? Los resplandores del genio, en breve espacio de años, disiparan las sombras con que vulgares prejuicios e insano fanatismo trataron de empañarlo: su nombre brilla ya con su luz propia en la región infinita de la Inmortalidad”.

Así que, la próxima vez que en una entrevista de trabajo tengan que desarrollar una dinámica de grupo en la que tengan que defender su profesión y esta sea del campo tratado; defiéndela porque sin el Arte la vida estaría vacía, como esas conversaciones de las que hablaba en el principio, y sin eso tampoco habría cabida a los sentimientos. Ya lo dijo el maestro:

“¡Habrá poesía!”

Datos de interés:

*Fotografía: fotografía del grupo escultórico dedicado al poeta en el Parque de María Luisa (Sevilla).

*Más información en las siguientes publicaciones y webs (algunos ejemplos):

-Webs:

*Espectacular documental y material sobre el poeta:

http://www.becquerdesconocido.es/

*Sobre la exposición “Terror en el laboratorio”:

https://espacio.fundaciontelefonica.com/evento/terror-en-el-laboratorio-de-frankenstein-al-dr-moreau/

*Artículo de Javier Marías sobre “Las amistades desaparecidas”:

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/las-amistades-desaparecidas/

-Algunas publicaciones:

*BÉCQUER, Gustavo Adolfo, Rimas. Cátedra, Madrid, 2005.

*PLAZA, José María (edición de), Entre el clavel y la rosa (Antología de la poesía española). Espasa, Madrid, 2002.

*ZORRILLA, José, Don Juan Tenorio. Austral, Madrid, 2008.

 

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