Historia 


Mártires del Pueyo, el Misterio de dar la vida por unos ideales

Grupal-01Las dos Españas nos helaron el corazón hace ochenta años. Fueron años en los que la barbarie y la sinrazón camparon a sus anchas por nuestra piel de toro. En esta ocasión vamos a recordar la historia de los Mártires del Pueyo, monjes benedictinos que decidieron ser fieles tanto a su fe como a sus ideales, aunque eso les costase la vida. La diócesis de Barbastro (Huesca) fue la que en mayor proporción sufrió la persecución religiosa (88% del clero asesinado), algo que testimonia el profesor Julián Casanova, para quien la persecución al Clero fue incluso más obsesiva que la que se desencadenó contra las personas consideradas fascistas, propietarios acomodados o participantes en la sublevación militar (…) Es el fenómeno peor estudiado de toda la guerra civil”.

Los benedictinos, que residían en dicho monasterio desde 1889, tenían como principal labor la formación de los monjes que eran destinados como misioneros a Australia siguiendo los pasos del gallego, y también benedectino, Dom Rosendo Salvado. Del celo intelectual de aquellos monjes da buena cuenta el hecho de que la biblioteca, inexistente en 1890, contase con unos 25.000 volúmenes en 1936.

Según el padre Santiago Cantera Montenegro en su artículo “La fecundidad de la vida monástica: monjes y ermitaños mártires en España (1936-1937)”, los sucesos sufridos por la Comunidad Benedictina de Nuestra Señora del Pueyo en el santuario situado a las afueras de Barbastro (Huesca) fue “uno de los episodios martiriales más hermosos e impresionantes entre los monjes españoles“. Para conocer bien lo sucedido en 1936 resulta fundamental leer el testimonio aportado por el padre Plácido Mª Gil, hoy monje de Leyre, que por entonces era un niño colegial del monasterio y que, junto a otros chicos, logró salvar la vida y hoy es testigo vivo de la vida carcelaria de los 18 mártires: “Ya antes del Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 se vivía en todo el país un estado de anticlericalismo que no presagiaba nada bueno para la Iglesia“. Ya antes de la guerra, y en el propio Barbastro, los Misioneros Claretianos habían tenido algún incidente con las autoridades municipales, quienes les prohibieron realizar el servicio militar en la plaza de toros.

Cuando la mañana del 20 de julio llegó la noticia del Alzamiento al Monasterio, Dom Mauro Palazuelos Maruri, el joven prior (33 años) decidió tras reunirse con sus monjes darles permiso para que, quien lo deseara, abandonase El Pueyo para buscar refugio. Tan sólo unos pocos decidieron irse. Algunos de ellos serían martirizados posteriormente. El resto decidió permanecer en el convento y al día siguiente, día 21, fue detenido el primer monje (Padre Mariano Sierra). El 22 por la tarde los milicianos apresaron al resto de la comunidad y los llevaron hacia un caserón de campo conocido como “el mesón o mesonet” acusándolos falsamente de esconder armas, tal y como habían hecho dos días antes con los Claretianos. Ambas comunidades religiosas fueron recluidas en el Colegio de las Escuelas Pías de Barbastro, al igual que la propia comunidad de los escolapios y don Florentino Asensio Barroso, obispo de la Diócesis, quien se les unió el 23 de julio. Junto a ellos fueron encerrados los seis colegiales benedictinos, de entre 12 y 15 años, quienes terminaron salvando la vida, aunque durante los siguientes días tuvieron que oir, continuamente, a los verdugos decir “pronto mataremos a los de arriba“, en referencia a los monjes. Durante su encierro las tres comunidades religiosas, junto con el obispo, vivieron en un clima de hermandad y fe celebrando, en la medida que podían, los sacramentos, entre ellos la Eucaristía, la cual celebraban a escondidas.

El 26 de julio comenzaron en Barbastro las ejecuciones a quienes profesaban la fe católica. Algunos de los primeros en ser ejecutados fueron varios jóvenes pertenecientes a Acción Católica y el hermano benedictino Vicente Burrel. El obispo Don Florentino Asensio fue asesinado el 9 de agosto, al parecer en compañía del benedictino Mariano Sierra. Pero fue durante la madrugada del 28 de agosto cuando fueron martirizados la mayor parte de los monjes del Pueyo. Los milicianos, sin previo aviso ni forma alguna de juicio, irrumpieron a las doce de la noche en la estancia de los monjes y los ataron con una larga soga. Fueron conducidos al camión, donde enseguida comenzaron a gritar “Viva Cristo Rey” y “Viva la Virgen del Pilar”. Previamente habían recibido la absolución del prior Dom Mauro y fueron absolviéndose entre ellos. Ya en el camión los milicianos se vieron incapaces de acallar a los monjes, quienes constantemente gritaban “¡Viva la Virgen del Pueyo!”, ello pese a los continuos golpes y culatazos de fusil que rompieron los dientes de algunos de ellos y provocaron duras heridas en la cabeza.

Los milicianos detuvieron el camión en las cercanías de Barbastro y ejecutaron a los monjes, quienes murieron perdonando a sus verdugos. Por el testimonio de Jacinto Peraire, periodista y biógrafo de los mártires, sabemos que dom Mauro antes de morir pidió “la gracia de saludar por última vez a mi madre”, lo cual fue aceptado no sin cierta sorna por los milicianos. El monje, orientando su mirada hacia El Pueyo “a pleno pulmón, con su impresionante voz de tenor, entonó la Salve“. Tenemos también el testimonio del Hermano Aurelio Ángel Boix Cosials, recién profeso solemne a sus 21 años y de quien conocemos, gracias a las cartas que escribió a su familia, que sentía una “gran felicidad por poder morir mártir de Cristo“.

La lista de los mártires es la siguiente: PP. Mauro Palazuelos Maruri (prior, nacido en 1903), Honorato Suárez Riu (subprior y prefecto de júniores; 1902), Mariano Sierra Almázor (1869), Raimundo Lladós Salud (1881), Leandro Cuesta Andrés (1870), Fernando Salinas Romeo (1883), Domingo Caballé Bru (1883), Santiago Pardo López (1881), Ildefonso Fernández Muñiz (1897), Anselmo Mª Palau Sin (1902) y Ramiro Sanz de Galdeano Mañeru (1910); Dom Rosendo Donamaría Valencia (1909; diácono), Dom Lorenzo Ibáñez Caballero (1911; subdiácono), Dom Aurelio Boix Cosials (1914; tonsurado); Hermanos Lorenzo Santolaria Ester (1872), Lorenzo Sobrevia Cañardo (1874), Ángel Fuertes Boira (1889) y Vicente Burrel Enjuanes (1896). Por origen geográfico eran: 9 aragoneses, 4 castellano-viejos, 2 navarros, 2 catalanes, un asturiano y un santanderino (el prior).

Fueron beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013 junto con otros quinientos mártires de la persecución religiosa acontecida en España entre 1936 y 1939. Los días 26, sábado, y 27, domingo, de octubre tuvieron lugar la ceremonia de entronización de los mártires y la bendición del nuevo altar. 

Vía| La fecundidad de la vida monástica en España: monjes y ermitaños mártires en España (1936-1937)

Más información| Mártires benedictinos del Pueyo; Los mártires benedictinos del Pueyo (1); Los oyó todo Barbastro: los Mártires benedictinos del Pueyo Noticias de Lumbier: Los Mártires Benedictinos del Pueyo

Imagen| Beatos Mártires del Pueyo

En QAH| Acepto ser libre si salvas a mis compañeros, sino moriré con ellos

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