Historia 


Mar, Ciencia y Guerra: la Real Compañía de Guardias Marinas

La Guerra de Sucesión española (1701-1713), había dejado claro a la nueva Monarquía borbónica, que el Ejército español se trataba de una institución anticuada en sus formas y características. La Armada obedecía a ese corte antiguo, y ante los nuevos planteamientos que ofrecía el siglo XVIII, había que reorganizarla junto al resto del Ejército para generar una fuerza moderna y capaz frente al resto de potencias. Partiendo de esta premisa, el Intendente General de Marina, José Patiño, puso en marcha las nuevas medidas, e instalándose en Cádiz, como centro naval de mayor importancia, por ser puerto de partida y de unión entre el Atlántico y el Mediterráneo, comenzó a implementar una serie de cambios que se impregnaban ya de un carácter ilustrado, a pesar de que este movimiento no estaba ampliamente desarrollado en España, pero que había conseguido llegar a las élites de pensamiento españolas.

José Patiño

José Patiño

La medida más importante debía ser la formación de una oficialidad culta y moderna, capaz de resolver situaciones o desarrollarse más allá de la guerra, puesto que el mando de las antiguas unidades de los Habsburgo españoles había recaído mayoritariamente en una nobleza preparada por y para la guerra, o en los escalafones medios, por personas cuya vida siempre fue ligada a la milicia siendo en el mejor de los casos bachilleres, pero inmersos en una sociedad de base religiosa y no preocupada en exceso por los conocimientos.

Esto no era concebible en la nueva sociedad borbónica, y mucho menos en las mentes de estos nuevos ministros que configuraban las élites del momento, como Patiño, el cual propuso un nuevo modelo de enseñanza donde se prepararan oficiales y marinos expertos tanto en el mar, como en la guerra, como en las ciencias. Esta es la base teórica de la creación de la Real Compañía de Guardias Marinas en 1717, y lo que es más importante, de la primera Escuela-Academia Naval de la historia de España, la cual se ubicaría en Cádiz. Con posterioridad, a lo largo de los siglos XVIII y XIX la Compañía de Guardias Marinas y su escuela, cambiarían de emplazamiento en el mismo Cádiz, e incluso se crearían nuevas en Ferrol o Cartagena, hasta finalmente en nuestros días, heredera de ese proyecto de Patiño encontramos la Escuela Naval Militar emplazada en Marín (Pontevedra).

El proyecto consistía en una formación a medio camino entre la que recibía la oficialidad inglesa, basada en la formación puramente práctica a bordo de navíos en servicio activo, y la formación de la Armada francesa, que era exactamente lo opuesto, con una formación puramente teórica. La importancia de la Real Compañía de Guardias Marinas es que muestra el reflejo de los primeros latigazos de la Ilustración en España, al combinar en el plan de estudios la formación militar y marítima, con las ciencias: aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, cosmografía, náutica, arquitectura militar, ingeniería naval, música, danza, etc. Todo ello nutre no solo los conocimientos de los protagonistas sino también las viejas tácticas y modelos de guerra, que junto a la tecnología naval se moderniza gracias a los nuevos conocimientos y se refleja en tratados de artillería, navegación, astronomía, táctica, etc.

Se refleja así en el plan de estudios la importancia de la formación y la adquisición de conocimientos que la Ilustración promueve, buscando así al hombre culto y capaz, versado en múltiples disciplinas científicas, y alejado de la formación puramente práctica y poco intelectual de los siglos anteriores, donde el marino se encargaba de navegar y guerrear, sin mayores preocupaciones e intereses. Esto dará lugar a la aparición en un corto espacio de tiempo de una nueva oficialidad que se complementará con los cambios técnicos para crear una Armada potente y moderna. Además, la Academia de Guardias Marinas, como institución de enseñanza, puesto que físicamente tardó algunos años en tener emplazamientos específicos, supone una de las primeras plataformas de divulgación científica y de desarrollo ilustrado en la España del XVIII, y como veremos en las décadas siguientes, nutrirá las filas de la Ilustración española con algún nombre relevante tanto para el desarrollo científico-técnico de la Armada como para la ciencia del momento en España.

Jorge Juan, importante figura de la Armada ilustrada

Jorge Juan, importante figura de la Armada ilustrada

También alberga un punto en contra esta nueva institución, y es que se mantendrán los requisitos de nobleza para el ingreso en la misma, por lo que se muestra aquí que los paradigmas ilustrados se ceñían a una élite, haciendo inviable la propagación de los mismos entre estamentos inferiores. Hay que tener en cuenta que también se admitían personas de origen aventurero, entendiéndose estas por marinos expertos o hijos de oficiales en servicio o retirados, pero supusieron un número muy pequeño de los ingresos que registró la Real Compañía a lo largo del siglo.

A partir de la formación de los Guardias Marinas, veremos la creación de otra gran institución de la Armada española ligada al estudio científico: el Real Instituto y Observatorio de la Armada, fundado en la década de los cincuenta del siglo XVIII y ubicado en San Fernando, Cádiz. Se encargará del estudio y observación astronómica y cartográfica, introduciendo los nuevos conocimientos que venían del extranjero, como las nuevas teorías de La Place (1749-1827). También dispondrá de un generoso número de expertos relojeros y científicos que se encargaran tanto de la enseñanza como de la mejora de los conocimientos, instrumentos e instalaciones. En cualquier caso no solo destaca su labor educativa, sino también la importante labor de recopilación de datos de las expediciones y estudios llevados a cabo a lo largo del siglo, creando con el paso del tiempo una amplia biblioteca con volúmenes y estudios de todas partes de Europa, así como una amplia colección cartográfica constantemente renovada. Sentará también las bases que orientarán la construcción del Real Observatorio de Madrid.

En definitiva, la modernización de la Armada española parte de su oficialidad, pasando del viejo corsario, del marino formado y curtido en el mar sin más, al hombre de cultura que entendía sobre lo que le rodeaba. Ingeniería, astronomía, matemáticas y otras ciencias, se unieron a la guerra para dar una base de conocimientos amplia, reflejada en los múltiples tratados escritos por los propios marinos del momento (Jorge Juan, Tofiño, Malaspina, etc.). Todos ellos, hombres de ciencia y guerra, sientan en gran medida las bases del desarrollo científico ilustrado de la España del siglo XVIII.

En colaboración con QAH | Mundo Histórico

Vía | GARCÍA HURTADO, M. R, La Armada española en el siglo XVIII. Ciencia, hombres y barcos, Madrid, Sílex, 2012

FERNANDEZ DURO, C.; Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón. Tomos VI, VII y VIII, Madrid, Museo Naval, 1973

Imagen | José Patiño;  Jorge Juan

RELACIONADOS