Patrimonio 


Maestros de la línea y el color (I): Piet Mondrian

Holanda se tiñe de rojo, amarillo y azul estos días. Por todas partes se respira neoplasticismo. ¿El motivo? De Stijl cumple 100 años y la cuna de este movimiento artístico, que nació en forma de revista en 1917 y acabaría convirtiéndose en una forma de concebir el arte, el diseño o la arquitectura a través de la búsqueda de la pureza de las líneas, el espacio y el color, se ha propuesto celebrarlo por todo lo alto con exposiciones y actividades a lo largo y ancho del país: Ámsterdam, La Haya, Utrecht, Amersfoort, Leiden… Lugares en donde “el estilo”- así es su traducción- e integrantes han dejado su huella. Una historia que va desde De Stijl hasta el actual Dutch Design. Pero de entre todos ellos, es la figura de Piet Mondrian, el artista holandés más internacional- con permiso de Van Gogh-, en torno al cual se concentran ya la gran mayoría de estos eventos.

Nacido en el seno de una familia conservadora, Pieter Cornelis Mondriaan (Amersfoort, 1872 – Nueva York, 1944), decidió dedicarse al arte como su tío Frits Mondriaan, integrante de la denominada  Escuela de la Haya. A pesar de la oposición de su padre, en 1892 se traslada a Ámsterdam para estudiar en la Real Academia. Pero pronto descubrió que su vocación era la vanguardia.  Hasta 1907 su estilo era postimpresionista.  Poco a poco, su estudio de la luz, será sustituido por la representación plana del objeto -sin apenas perspectiva- y sobre todo por el empleo del color.

Molino al sol, 1908, Gemeentemuseum de La Haya.

Cuando vi por primera vez el trabajo de los impresionistas, van Gogh, van Dongen y los fauves, los admiré […]. Abandoné el color natural por el color puro” Mondriaan relata de esta manera su acercamiento a la técnica divisionista y la paleta de los fauves. En La nube roja del mismo año rompe con la gama cromática tradicional, y posteriormente, en Molino al sol (1908), el cambio vaticina su obsesión por los colores, pero también por el espíritu. En 1909 se inscribe en la Sociedad Teosófica de Ámsterdam y coquetea con el simbolismo. Prueba de ello es Evolución, en forma tríptico, con tres figuras que sitúan la idea por encima del natural en base a formas geométricas. Era solo cuestión de tiempo que Mondriaan se dejara seducir por el cubismo. El estilo de Braque y Picasso llegó al Stedelijk Museum de Ámsterdam el 6 de octubre de 1911 gracias a la asociación del Círculo de arte moderno, integrado por artistas holandeses residentes en París. Aquello fue “amor a primera vista” pues en seguida empezó a experimentar con el cubismo analítico y fue abandonando el color en los años posteriores. Esta deriva le valió la participación en 1912 en la segunda exposición del Círculo y los elogios del gran Apollinaire.

Esta exposición supuso el inicio de su etapa en París. En la capital francesa Mondriaan comienza el viaje hacia la síntesis del arte, que además aplicará a su propio nombre y apellido: Piet Mondrian. Un viaje sin billete de retorno hacia la modernidad. En sus obras parisinas el marco desaparece, reduce los planos a la superficie y la línea es tema y motivo al mismo tiempo. En horizontal y en vertical, Mondrian construye obras como Malecón y océano, y progresivamente, sus títulos evocadores y descriptivos van desapareciendo. En Composición oval, 1914, los planos se organizan en ejes verticales y horizontales con decoloración de planos de color azul, lavanda y ocre, ¡y lo que es más importante!, sus características líneas oscuras delimitan ya los rectángulos.

París es el inicio del Mondrian que todos reconocemos. Su intención era continuar en Francia, pero la Primera Guerra Mundial le sorprendió en Holanda, país neutral, y no regresaría hasta 1919. Mientras tanto Theo van Doesburg, artista, crítico y editor, tuvo a bien ganarse la confianza del ya reconocido artista holandés para que participara en su nueva revista De Stijl junto a artistas como George Vantongerloo, Bart van der Leck,  Gerrit Rietveld…. Una publicación mensual sobre arte y diseño que en el número de junio de 1917 se expresa de la siguiente manera: “Allí donde la nueva estética no haya llegado al gran público, es misión del especialista despertar la conciencia estética de este público. El artista verdaderamente moderno, es decir consciente, tienen una doble tarea. En primer lugar, debe crear la obra de arte puramente plástica; en segundo lugar, debe encaminar al público la comprensión de una estética del arte plástico puro. Por ello, una revista de estas características es indispensable, tanto más cuando la crítica oficial no ha sabido suscitar una sensibilidad estética abierta a la revelación del arte abstracto”. Es decir, un nuevo arte fuera del dogmatismo en el que, a pesar de todo, acabaría convirtiéndose. Le seguirán dos manifiestos en 1918 y 1921, y un último sin firma.  Con esto se dejaba claro la vocación internacional del estilo, siendo paralelo al constructivismo y suprematismo ruso, y que además dialogó –con sus más y sus menos- con la Bauhaus donde dio su conferencia van Doesburg en 1922.

Victory Boogie Woogie, 1944, Gemeentemuseum de La Haya.

Para Mondrian la pintura en De Stijl es construcción y plástica. Sus cuadros se forman a partir de rectángulos y cuadrados, y los colores primarios, alteran su significado. Esto supone la geometrización del espacio y la búsqueda de una realidad que va más allá de la apariencia. En 1924 sus obras son una mezcla de arte y diseño. Línea y color están en la misma superficie y se complementan: rectángulos, colores planos y una armadura que sujeta la composición, pero sin someterla. Su lenguaje se irá radicalizando hasta el punto que en ese mismo año corta sus lazos con De Stijl cuando Van Doesburg quiso introducir la diagonal como elemento dinámico.

Su estilo será conocido como neoplasticismo tras el abandono del movimiento. Ya nunca mutará. De su estancia en Londres dará el salto al continente americano donde encontrará sustento bajo el ala de Peggy Guggenheim tras huir de la Segunda Guerra Mundial. Allí descubrirá el jazz y ritmos modernos, melodías que se cruzan, chocan y entrelazan como en su última composición Victory Boogie Woogie de 1944. Este lienzo inacabado pone punto y final a una extensa obra que va desde el siglo XIX hasta el XX, y de allí a la posteridad. Un legado que podrá verse a partir del 3 de junio en la exposición El descubrimiento de Mondrian en el Gementemuseum de La Haya, junto a la ya inaugurada Piet Mondrian y Bart van der Leck (finalizada el 21 de mayo) y La arquitectura y los interiores De Stijl para el próximo 10 de junio. ¡Queda De Stijl para rato!

 

Vía| Grego Castaño, Charo. El Espejo del orden. El arte y la estética del grupo holandés De Stilj. Madrid: Akal, 1997; Deiches Susanne. Piet Mondrian 1872-1944. Composición sobre vacío. Barcelona: Taschen, 1995; Holanda

Más información|Mondrian, Piet. Arte plástico y arte plástico puro. México: Coyoacan, 2007. 

Imagen| Molino al sol, Victory Boogie Woogie

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