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Maestros de la línea y el color (IV): Gerrit Rietveld

De entre todas las obras de De Stijl ninguna es tan conocida y representativa del movimiento holandés como la Silla roja y azul (1918) de Gerrit Rietveld (Utrecht, 1888-1964). Dicho mueble constituye todo un manifiesto neoplasticista, cuya simplicidad y colores primarios –añadidos posteriormente a sugerencia de Bart van der Leck– debían aspirar al bienestar y la comodidad, no solo física sino también espiritual, de quien se sentara o posase su vista sobre él. Esta silla fue alabada por sus colegas, en especial por Mondrian que veía su propia obra trasladada a un objeto tridimensional, a pesar de que su concepción fue anterior a la colaboración de Rietveld en la revista en 1919.

Con once años, el futuro diseñador de muebles y arquitecto, comenzó a trabajar en el taller de ebanistería de su padre al tiempo que acudía a clases de dibujo técnico en la Escuela de Artes Aplicadas de su ciudad natal. Uno de sus maestros fue el arquitecto Piet Klaarhamer quien participaría posteriormente en la publicación y cuya obra quedaría fuertemente influida por De Stijl.

En 1917 abrió su propia carpintería. A diferencia del taller familiar, donde lo muebles de estilo Luis XV se diseñaban a mano -de forma muy laboriosa, y cuyo resultado no era ergonómico y mucho menos barato-, apostó entonces por la producción industrial en serie. Sus nuevos diseños eran sencillos, los muebles manejables y los precios accesibles.

Silla de bebé (1917-1918) en el nº2 de De Stijl. Vía: Charo Grego

Influido por las sillas de Charles Rennie Mackintosh, en el mes de julio de 1919, apareció la primera colaboración de Rietveld en el segundo número de la revista con una imagen de una silla de bebé así descrita: “Parte de unos requisitos importantes: sentarse con facilidad y seguridad […] aspira tanto a la regularidad como a la clara plasmación de la cosa misma, sin accesorios”. De esta manera la función y la estética tiene una prolongación en el espacio mediante la unidad del color. Estas características culminaron en la Silla roja y azul: dos tablas diferenciadas (respaldo y asiento) donde la forma prevalece sobre la materia con el fin de que el mueble sea una prolongación espacial y no un obstáculo.

Con el contacto de los miembros del nuevo grupo, el diseñador se interesó por la arquitectura tras sus breves incursiones en pintura y orfebrería. De esta época es la decoración de la casa de Rob van t’Hoff en el barrio de Huis ter Heide (Utrecht), inspirada en las del arquitecto americano Frank Lloyd Wright. Por desgracia nada queda de su diseño original, pero algunos sitúan su conocida Silla roja y azul como parte del estudio para este encargo.

Maqueta de la Casa Rietveld-Schröder, Utrecht, 1924. Vía: MoMA

Estos diseños de muebles fueron tan revolucionarios y tuvieron tanto éxito que Theo van Doesburg le dedicó varios de sus textos. A diferencia del resto de miembros, Rietveld se dedicó muy poco a la teoría. Tanto sus muebles como edificios marcaron mejor que cualquier otro escrito sus principios artísticos. De esta etapa neoplasticista, uno de sus edificios más conocidos es la Casa Rietveld-Schrönder también en Utrecht, completada en 1924, bajo el encargo de la viuda y mecenas del arte Truus Schröder-Scrader para su casa familiar. Se trata de una composición tridimensional y asimétrica, de colores primarios que enfatiza sus formas cúbicas y espacios flexibles unidos por puertas correderas, muy novedosas para la época. En la actualidad podemos ver en su interior una de las Sillas roja y azul  y una Silla Zig-Zag (1934), esta última con madera contrachapada y aluminio, influida también por el mobiliario de Wright. Hoy, la casa forma parte del Museo Central de Utrecht y es Patrimonio de la Humanidad protegido por la UNESCO desde el año 2000.

Cada vez más interesado en el debate sobre arquitectura y urbanismo dentro del arte social, en 1928 el holandés abandona su colaboración con De Stijl y se une al Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) del que formaban parte 28 arquitectos europeos a la cabeza de Le Corbusier dentro del movimiento moderno. Parte de las ideas de estos congresos fueron adoptadas en la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, pero su puesta en práctica fue desigual debido a la crisis económica. Finalmente se disolvió en 1959 tras su XI encuentro por las diferencias existentes entre sus miembros.

Rietveld Pavillion en el Museo Kröller-Müller en Otterlo. Vía: Tecnno

De esta época merece la pena que nos detengamos en su pabellón para la Tercera Exposición Internacional de Esculturas de Sonsbeek Park de Arnhem en 1955 tras su éxito con la construcción del pabellón holandés para la Bienal de Venecia de 1953. Más tarde fue reconstruido como jardín escultórico del Museo Kröller-Müller en Otterlo con el nombre de Rietveld Pavillion. Su interés radica en la estructura formada por galerías y salas abiertas que generan unos ritmos asimétricos entre vacíos y planos, muy característicos de la arquitectura neoplasticista, pero obviando los colores puros por texturas y tonalidades neutras, más cercano al movimiento moderno norteamericano y europeo.

Uno de sus últimos proyectos arquitectónicos fue la construcción del Museo Van Gogh. Tras su fallecimiento -un año después del encargo- todos sus bocetos se mantuvieron para el alzado posterior. Allí, la luz, la geometría y los espacios abiertos constituyen el principal legado del arquitecto para homenajear a este también ilustre artista holandés, cuyo museo se completó en 1999 con el diseño del ala de exposiciones de Kisho Kurokawa y el nuevo hall de entrada en 2015.

Estudio para los aviones KLM (ca. 1957). Vía: Nieuwe Instituut, Rotterdam

Durante sus últimos años estuvo muy implicado en la arquitectura social y en el diseño de mobiliario barato y fácil de realizar, hasta tal punto que hoy es considerado uno de los pioneros del bricolaje y del concepto del “diseño abierto” en Europa. Entre 1952 y 1953 realizó una exposición retrospectiva sobre De Stijl en Ámsterdam, Venecia y Nueva York como miembro histórico del movimiento, y un año después, tuvo lugar su primera exposición individual en el Centraal Museum dedicada sobre todo a su arquitectura.

Pero sin duda, su proyecto más llamativo fue el diseño para el interior de los aviones DC7, DC8 y Lockheed Electra de la compañía KLM en los años cincuenta con el objetivo de crear una atmósfera agradable para los pasajeros. Para ello empleó los colores en la decoración interior como su principal herramienta para contrarrestar la falta de luz y la estrecha estructura tubular de la nave. No obstante la compañía nunca llegó a producir su proyecto, ya que no estaban dispuestos a asumir ciertos cambios en el mobiliario del avión. Todo un ejemplo de obra “elevada” que media entre el arte y la vida para mayor comodidad y deleitación de todos.

Vía| Grego Castaño, Charo. El Espejo del orden. El arte y la estética del grupo holandés De Stijl. Madrid: Akal, 1997; MoMA; Tecnne y Vitra Design Museum
Más información| Holanda
Imagen| Charo Grego Castaño (publicación); MoMA; Tecnno y Nieuwe Instituut
En QAH| Maestros de la línea y el color (I): Piet Mondrian; Maestros de la línea y el color (II): Theo van Doesburg; Maestros de la línea y el color (III): George Vantongerloo

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