Patrimonio 


Maestros de la línea y el color (V): Bart van der Leck

Antes de que Mondrian o Van Doesburg comenzaran a experimentar con las combinaciones de colores primarios, Bart van der Leck (Utrecht, 1876- Blaricum, 1958) ya lo hacía. Su arte, cuyos elementos se irían simplificando poco a poco sobre un fondo blanco, contribuiría al desarrollo del movimiento moderno De Stijl, influyendo en miembros del grupo como Mondrian, que empezó a incluir estos colores cuando vio sus obras en la exposición de 1916 en el museo Kröller-Müller.

Siempre interesado por la figuración, el pintor, diseñador y ceramista holandés inició su carrera con catorce años como aprendiz en un taller de vidrio en su ciudad natal, familiarizándose desde muy temprano con la técnica para la fabricación de vidrieras. Más tarde, obtendría una beca para estudiar en la Academia Estatal de Artes Aplicadas de Ámsterdam y tras graduarse en 1904,  viajó a París junto a los también artistas Kees van Dongen y Lodewijk Schelfhout, muy interesados por el trabajo de los impresionistas de la capital francesa. Sin embargo su estancia allí duraría muy poco. Al cuarto día, decidió regresar a Holanda muy impresionado por las circunstancias sociales que vio. Esta experiencia produjo un cambio en su obra y pensamiento. Así, comenzó a desarrollar una tipología simple y generalizada que le permitió enfatizar las similitudes entre las distintas personas, es decir, los individuos en sus pinturas se convirtieron en colectivos.

El holandés encontró sus primeros temas cerca de su hogar, en la industria textil, e inspiración en el arte egipcio que había visto en París. Desde 1912 sus figuras seguían estas convenciones de representación y tenían como modelo las recientes pinturas murales de escenas de trabajo. A pesar de que nunca formó parte del partido socialista, sus ideales en torno a un arte para todos y no sólo para una minoría, le llevaron a especializarse en litografía, cerámica y vidrieras, todas ellas artes “menores” más cercanas al gran público.

La tempestad (1916) Museo Kröller-Müller

Tras esta etapa en Ámsterdam, el artista tuvo una existencia nómada regida por diferentes encargos como las ilustraciones para la edición de El cantar del rey Salomón o El Cantar de los Cantares, que llevó a cabo inspirado por las vidrieras de la Universidad de Utrecht de Antoon Derkinderen. Posiblemente, en aquella época, estrechó lazos con el crítico de arte y pedagogo H.P. Bremmer quien le introdujo en un pequeño círculo de admiradores, cuya figura destacada fue Helene Kröller-Müller, su futura mecenas que describió al creador como “un rostro característico de las emociones de nuestro tiempo” en su libro Reflexiones sobre los problemas del desarrollo de la moderna pintura. Su interés por el artista fue tal que entre 1913 y 1939, adquirió de él unas 42 pinturas y 400 dibujos, contratándole durante parte de ese periodo como empleado en su empresa Müller & Co. para diseñar murales y vidrieras que decorarían los edificios de la compañía. Entre sus encargos destaca una vidriera para la sede en La Haya sobre el tema de las actividades mineras. A la hora de abordaar este proyecto Van der Leck se documentó en las minas de España y Argelia, y regresó con más de cien dibujos y acuarelas. Además de esta vidriera, también diseñó carteles para la línea Batavia de la empresa, mosaicos para la oficina en Londres y para la granja en la finca familiar con diseños tipográficos (a menudo en colaboración con el arquitecto H.P. Berlage) y bocetos para las casas de la pareja Kröller-Müller, incluido el St. Hubertus Hunting Lodge en el actual parque nacional Hoge Veluwe.

En 1916, el artista terminó su contrato y se mudó a Laren. Allí, completó dos de las pinturas más importantes de toda su carrera: La tormenta y Trabajo en los muelles, puesto que ambas muestran una simplificación radical de color, forma y contenido. Es en este momento cuando Van der Leck conoció a Mondrian quien, con su ordenamiento estricto de líneas horizontales y verticales, su extremada abstracción y sistema rítmico de líneas y planos, le causó una gran impresión. La comprensión de su obra le llevó a un cambio abrupto y fundamental en su estilo: con ese nuevo grado de reducción y abstracción en sus pinturas, la realidad fue menos reconocible. Sin embargo, todas sus composiciones se basaban ​​en temas reales. Se trata de un proceso en el que  se empiezan a abstraen los elementos en planos rectangulares, compuestos por colores primarios sobre un fondo blanco.

Composición n. 8 (1917). Gemeentemuseum de La Haya

Pese al entusiasmo con el que abrazó estas ideas, su mecenas y amiga Helene Kröller-Müller no vio con buenos ojos este cambio, el cual le impulsó en 1917 a formar parte de la nueva revista De Stijl. Van der Leck vio en la publicación un medio para asociarse con colegas afines y desde ahí escribir apasionados textos sobre arquitectura y pintura. Pero, la importancia que le dio a la representación (aunque abstracta) de la realidad no fue compartida por los otros miembros del grupo. Van der Leck se negó a firmar el primer manifiesto del grupo y decidió seguir su propio camino. En 1918 publicó El jinete, en cuya portada el caballo y su jinete son claramente reconocibles a pesar de cierto grado de abstracción. Así, sus motivos de colores, junto con líneas negras o grises, daban forma a este tipo de motivos.

A finales de la década de 1920 y principios de 1930, Van der Leck buscó oportunidades para aplicar su pintura en la arquitectura, como el encargo de Metz & Co. para el diseño de telas de tapicería y alfombras, que se exhibieron junto con los muebles de Gerrit Rietveld en París. Sólo unos ejemplos de la primera edición han sobrevivido y el diseño de sus alfombras todavía pueden comprarse como parte de una edición limitada.

Su campo de experimentación se amplía en 1934 cuando recibe un pequeño horno como regalo. Es entonces cuando comienza a interesarse por la cerámica. De sus cuadernos de dibujo se intuye que le tomó tiempo transferir su estilo de pintura con colores primarios (en un campo blanco) a este nuevo formato, sin embargo, en 1936 ya dominaba la técnica. Produjo varias series de azulejos con representaciones de frutas, pájaros y cabezas de animales, dos series de platos e incluso jarrones con formas geométricas.

Murió dos semanas antes de cumplir ochenta y dos años tras su habitual paseo matutino, cuando se disponía a ejecutar una nueva obra, esta vez, frente a su caballete.

Vía| Grego Castaño, Charo. El Espejo del orden. El arte y la estética del grupo holandés De Stijl. Madrid: Akal, 1997; Museo Kröller-MüllerMuseo Thyssen-Bornemisza y Tecnne

Más información| Holanda

Imagen| Museo Kröller-Müller y El País

En QAH| Maestros de la línea y el color (I) Piet Mondrian; Maestros de la línea y el color (II) Theo van Doesburg; Maestros de la línea y el color (III) George Vantongerloo; Maestros de la línea y el color (IV) Gerrit Rietveld

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