Historia 


¿Macondo o Colombia?

El pasado 2 de octubre poco más de doce millones de colombianos acudieron a las urnas ante el llamado del Gobierno Nacional, que como mecanismo refrendatorio de los acuerdos que adelantó durante cuatro años en La Habana con la guerrilla más grande e importante del país, las FARC,  impulsó un plebiscito en el que se le preguntaba al elector si aprobaba o no la inmediata implementación de dichos acuerdos, que además habían sido firmados en Cartagena de Indias el pasado 26 de septiembre, una semana antes del plebiscito. Sin embargo, el resultado de las elecciones fue realmente inesperado para todos: Ni el Gobierno Nacional, ni el país, ni la comunidad internacional esperaban el triunfo del No. Ante este panorama, resulta complejo explicar las razones que llevaron a múltiples electores a rechazar un acuerdo de paz en un país que se ha desangrado en más de medio siglo de guerra. En la misma noche del domingo 2 de octubre, el jefe de Estado Juan Manuel Santos en una breve alocución presidencial, se dirigió a los colombianos reconociendo el resultado del plebiscito que, le otorgaba al No la victoria por menos de un punto porcentual (El No ganó 50,21% de la votación frente al Sí que obtuvo el 49,71% – cifra que en términos de votantes se traduce en una diferencia de más o menos sesenta mil votos entre la opción ganadora y la perdedora). Asimismo, el mandatario reafirmó tanto su autoridad presidencial como su voluntad de dialogo con determinados sectores políticos y sociales que hicieron suya la victoria del No.

A nivel regional, el Sí a los acuerdos de Paz, de color verde en el mapa, ganó en Bogotá y en los departamentos que más víctimas han puesto al conflicto armado.

A nivel regional, el Sí a los acuerdos de Paz, de color verde en el mapa, ganó en Bogotá y en los departamentos que más víctimas han puesto al conflicto armado.

Pero ¿cuáles son dichos sectores que se opusieron a los acuerdos de La Habana? Las semanas previas a la realización del plebiscito, tanto el Gobierno Nacional como sus opositores jugaron todas las cartas posibles para convencer y asegurar el voto de los colombianos. Por un lado, la bandera del Sí fue enarbolada desde la institucionalidad, pasando por  múltiples sectores académicos y universitarios,  apoyada por las víctimas del conflicto y por la mayoría de los partidos políticos. El No por su parte contó con el apoyo de sectores extremadamente conservadores y ultraderechistas como el partido Centro Democrático, en cabeza del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero mientras que los sectores que apoyaban el Sí, confiaban en que Colombia, uno de los países con menos índice de cultura lectora en la región, leyeran, comprendieran y apoyaran los contenidos de los acuerdos; quienes defendían el No acudieron prontamente a la desinformación y al miedo, dejando en evidencia la profunda ignorancia de amplios sectores de la población colombiana, quienes ni siquiera se tomaron el trabajo de verificar las afirmaciones de los defensores del No.

Entre los múltiples elementos de desinformación que se promovieron desde la campaña del No estuvieron por ejemplo, el miedo al comunismo (o “castrochavismo” en la variante criolla – derechista – colombiana) y en especial, el terror que producía la llamada “ideología de género” que supuestamente contenían los acuerdos. Y aunque lo consignado en los textos de La Habana hablaba únicamente del respeto a las diferencias, independientemente del género o la orientación sexual, sectores como el Uribismo (Centro Democrático), personajes como el exprocurador Alejandro Ordóñez y colectividades como la mayoría de las Iglesias cristianas del país y otras tantas católicas, demandaron que los acuerdos de paz amenazaban la estabilidad e integridad de la familia y que apuntaban a una perversión y homosexualización de la población.  A esto se le sumaban también argumentos relacionados con una “Paz sin impunidad”, pues se aseguraba que las FARC no pagarían por sus delitos y que por el contrario, serían premiadas entregándoles múltiples cargos del Gobierno Nacional.

La argumentación de la mayoría de quienes se inclinaron por el No, e influidos por la desinformación ocasionada por el Centro Democrático (estrategia que sería reconocida días después en una entrevista  por Juan Carlos Vélez Uribe, líder promotor del No y miembro de dicho partido), dejó traslucir algunos elementos profundos de la sociedad colombiana. En primer lugar se puede señalar la falta de educación. En esta ocasión al Gobierno de Santos le jugó en contra su propia política de abandonar la educación pública, tanto primaria y secundaria como universitaria. Si desde el inicio de su mandato hubiese fortalecido la educación como un pilar de desarrollo, quizá los resultados del plebiscito hubiesen sido abrumadoramente diferentes. En segundo lugar, la increíble cantidad de votos conseguidos por el No dejan en evidencia también a Colombia como una sociedad profundamente cristiana, hipócrita y egoísta. Al acudir a las urnas, muchos de los votantes no pensaron en lo que realmente estaba en juego: la terminación del conflicto, la reparación de las víctimas, etc. Pensaron en sus propios intereses y temores infundados. Así, la Iglesia Cristiana que tanto se vale de la imagen de Cristo como un ser abierto y misericordioso, que perdona los pecados de los hombres, abandonó esta faceta para convertirlo nuevamente en un Cristo cruzado, medieval e intolerante.

Bogotanos en la Plaza de Bolívar durante la Marcha por la Paz el 5 de octubre, como reacción a los resultados del plebiscito.

Bogotanos en la Plaza de Bolívar durante la Marcha por la Paz el 5 de octubre, como reacción a los resultados del plebiscito.

Con los resultados del domingo dos de octubre quedó también claro que las palabras de Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, seguían teniendo vigencia para la situación nacional: Al parecer los hombres de esta nación, de esta estirpe, no tendría una segunda oportunidad sobre la tierra. Con el triunfo del No el clima de incertidumbre y desconcierto se generalizó en el país. Pronto se supo que los promotores del No tampoco tenían una idea clara de qué hacer respecto a los acuerdos, ni sabían a ciencia cierta qué tipo de cambios, o qué tipo de “paz” querían ofrecer a los colombianos. Nadie pensó en los más de 220.000 muertos que el conflicto ha dejado, ni tampoco que Colombia es una de las naciones con mayor índice de desplazados en el mundo.  Sin embargo, las manifestaciones a favor de la paz pronto se hicieron sentir para batir el ánimo de desesperanza del ambiente. El 5 de octubre más de 50.000 colombianos en Bogotá llenaron la Plaza Mayor exigiendo la prolongación del cese al fuego, una pronta salida al limbo jurídico en el que se encontraban los acuerdos y el inicio de una nueva etapa en la historia del país, donde la paz, la justicia social y el respeto a la diferencia se conviertan en los rezos y las misas de cada día.

Vía| Desinformación en el PlebiscitoMarchas por la PazResultados Plebiscito
Imagen|MapaMarcha
En QAH|Los inicios del Conflicto armado en Colombia (1946 – 1958)

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