Uncategorized 


Luces y sombras en el programa de Pablo Iglesias (I)

El pasado veinticinco de mayo, Podemos, el partido liderado por Pablo Iglesias irrumpió con fuerza en el panorama político nacional, consiguiendo colocarse como cuarta fuerza política en el Parlamento Europeo gracias a más de un millón doscientos mil votos. Toda una entrada estelar sin precedentes. Teniendo en cuenta este éxito imparable, y antes de que llegue la hora de ir otra vez a votar, conviene hacer un análisis de cuáles son sus principales propuestas –aunque muchas de ellas todavía están por desarrollar-, así como las consecuencias que éstas traerían de llegar a materializarse. Ya adelanto que, en general, la mayoría de ellas tan sólo llevarían a conseguir el efecto contrario del pretendido y aunque no todas sean del todo desechables –derogación del plan Bolonia, por ejemplo- o la intención que las impulse sea aparentemente de lo más loable, el resultado es inalcanzable por lo utópico de la receta. Pero mejor véanlo ustedes mismos, es decir, léanlo y juzguen libremente por su cuenta:

Dejar de pagar la deuda pública
Una de las propuestas estrella del programa, que es, a su vez, sin duda alguna una de las más descabelladas. Esto es así de sencillo, si tú dejas de pagar a alguien que te prestó dinero; la consecuencia lógica es que a esa persona no se le ocurra volver a prestarte más. E incluso, si después de tu cosechada fama como buen pagador, consigues que otros inversores te presten dinero, es evidente que lo harán a un tipo de interés mucho más alto, pues el riesgo de que no lleguen a cobrar es mayor. Hasta aquí todo claro.

Resulta que el Estado, al igual que el resto de las empresas privadas, requiere de financiación, ya que sería materialmente imposible llevar a cabo las políticas públicas sin el apoyo económico de otras entidades distintas a los ciudadanos. Digo distintas a los ciudadanos porque los contribuyentes no podrían soportar la presión fiscal necesaria para poder cubrir los gastos de todos los servicios sociales -que por otro lado Podemos pretende engrosar-. Por tanto, si España deja de pagar a sus actuales acreedores la deuda pública, estaría abocada irremediablemente no sólo a un ostracismo internacional a nivel económico y político –de llevarse a cabo, implicaría una declaración de guerra a Europa con todas las letras, cosa que, en las circunstancias en que nos encontramos, no nos podemos permitir-, sino a un mayor empobrecimiento interno. A la postre, por mucho que la idea de establecer un Estado de Bienestar más justo y equitativo no sea del todo mal intencionada, medidas como la que están proponiendo sobre la deuda haría inviable su propio fin y quedaría frustrada desde su planteamiento. Piensen en lo que sería una España aislada por completo del contexto económico. Las consecuencias recaerían directamente sobre los ciudadanos, especialmente los más desfavorecidos que se verían desprovistos de algunas de las prestaciones básicas que en la actualidad, y a pesar de las circunstancias de la crisis, cubre el Estado, en gran parte gracias a que nos siguen prestando dinero.

Por tanto, la deuda pública no es en sí el problema, como hemos visto es más que necesaria para hacer viable el funcionamiento de todo país que se precie en el marco de nuestro actual sistema económico. El problema principal es que seguimos gastando por encima de nuestras posibilidades, que no se han llevado a cabo reformas de calado que cambien esta situación de gasto desmesurado e irresponsable; y que los recortes, si bien pueden servir para aumentar las arcas del Estado en el corto/medio plazo, a la larga no se han producido sobre aquellos ámbitos estructurales que son el auténtico problema que tiene nuestro país –por ejemplo, una buena reforma de las administraciones públicas que evite duplicidades entre las comunidades autónomas-. La deuda pública no es el problema, sino la mala gestión política de la Hacienda Pública. Ergo, cambiemos a los políticos incompetentes que han sido incapaces de llevar a cabo tan ardua misión, pero morder la mano que nos da de comer, no sólo no servirá para resolver los problemas existentes, sino que además contribuirá a crear otros nuevos.

 

• Prohibir despidos en empresas con beneficios
Aparte de atentar de lleno a la libertad de empresa recogida en el artículo 38 de la Constitución, así como al derecho de todo empresario a poder desempeñar libremente su actividad productiva; esta medida, más allá de ayudar a los trabajadores, acabaría por empeorar considerablemente la situación de muchos de ellos. Pero vayamos por orden, primero de todo, contribuiría al cierre de tantas empresas que, tras una etapa de bonanza económica en la que pudieran haberse planteado una restructuración de los bienes de producción; al no poder despedir empleados, es posible que cuando llegue una época de crisis se vean incapaces de soportar los costes de producción que en su día se les impidió reajustar y se vean obligadas a echar el cierre. ¿Qué es lo que hemos conseguido? Mandar a toda una plantilla de trabajadores al paro. Pero, ¿no era esto precisamente lo que queríamos evitar? De nuevo, la intención podía ser más o menos buena, pero sin duda alguna, la idea, nefasta.

No obstante, esta no es la única consecuencia que debemos tener en cuenta a la hora de poner en práctica la citada medida. De todos es sabido, que quien hizo la ley, hizo la trampa; resultaría bastante sencillo para cualquier empresario deshonesto realizar los ajustes necesarios para que el balance de sus cuentas no reflejara beneficios y así poder llevar a cabo los despidos que le plazcan –por ejemplo, aumentarse el sueldo o inflar los costes de forma disparatada-. Por tanto, no sólo no habremos logrado el fin último de la medida, que es el mantenimiento del empleo a largo plazo, sino que habremos contribuido de forma destacada al fraude empresarial.

Además, todo aquel empresario desprovisto de escrúpulos que quiera deshacerse de empleados, buscará otras formas más crueles que le ayuden, sin necesidad de ser él quien firme la carta de despido, a que sean los trabajadores los que se vayan por su propio pie. No sólo no conseguimos que baje el desempleo, sino que estamos condenando a muchos trabajadores a soportar unas situaciones laborales algo desagradables.

Por último, sería injusto para el empresario honesto y competente, no poder prescindir de un trabajador que no cumple con sus obligaciones laborales -imaginemos a un empleado que falta sistemáticamente a su puesto de trabajo sin justificación alguna-. Esto parece bastante obvio, pues se trata del despido procedente actual que contempla nuestro Derecho Laboral pero que por desgracia, no se han dignado siquiera a comentar en el programa, por lo que damos por hecho que no lo contemplan como excepción.

• Derogación del plan de pensiones y jubilación a los 60 años
Si tenemos en cuenta los datos del último informe del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, se prevé que para 2050 el número de pensionistas aumente, de los nueve millones que hay en la actualidad, a los quince. Sin embargo no parece que vaya a ir acompañado de una subida en las cotizaciones. Esto es evidente, más que nada, por lo aplastante del argumento demográfico, España es un país envejecido, donde las perspectivas de inversión de nuestra pirámide de natalidad no parece que vayan a mejorar en los próximos años. A esto hay que sumarle el escaso crecimiento y el estancamiento en que nos encontramos, pues seguimos sin ser capaces de crear empleo. Si ya con la crisis han sido necesarias varias reformas y ajustes en el sistema de pensiones que permitieran hacer frente a su pago, imaginen si sumamos varios millones de nuevos pensionistas reduciendo la edad a los sesenta. Traducido a cifras, estamos hablando de un sobrecoste para la Hacienda estatal de cuarenta millones de euros al año. La palabra es inviable. De llevarse a cabo podría poner en riesgo las pensiones de dentro de treinta o cuarenta años y al final, como siempre, acabarían pagando justos por pecadores. Estamos de acuerdo en que nuestro sistema de pensiones es verdaderamente insostenible, y requiere de una reforma drástica y efectiva, pero no parece que Podemos ofrezca ninguna alternativa real al respecto, aparte de su propuesta de bajar la edad de jubilación. Estaremos a la espera de ver si perfilan o no algún plan concreto, más allá de echar pestes sobre lo que tenemos y abogar por su derogación, por otro lado, no sin gran parte de razón.

En general, hay bastantes contradicciones en todo su programa económico. Como la renta básica universal, que a pesar de sonar como algo bastante bonito e idílico que podría gustar a cualquiera, en la práctica es imposible de llevar con una política de aumento considerable de gasto, sin llegar a explicar de qué forma pretenden financiarlo. Si tenemos en cuenta que la idea de financiación privada no les gusta demasiado, sólo nos queda pensar que la alternativa para pagar semejante empresa no es otra que la de un aumento considerable de impuestos.

En los próximos artículos seguiremos comentando algunos de los puntos más destacados del programa.

Vía:  Libremercado

Imagen: Elecciones europeas

El equipo de Pablo Iglesias celebra su entrada en el parlamento europeo

RELACIONADOS