Historia 


Los últimos días y la muerte de Felipe II

Introducción

Felipe II de España (1527-1598) no solo fue el dirigente más poderoso del siglo XVI, sino uno de los personajes más destacados de la Historia de nuestro país. Fue el rey que culminó la formación del primer imperio global jamás conocido, por herencia de sus abuelos y sus padres, gracias al cual llegó a gobernar sobre una cuarta parte de la población mundial. No obstante, la muerte llega para todos.

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

El agotamiento de un rey

A diferencia de su padre, Felipe II se va a mantener en el poder hasta sus últimos momentos, ya que va a morir el 13 de septiembre de 1598, solo dos semanas después de abandonar algunas de las funciones estatales que todavía seguía realizando, recibir la extrema unción y esperar la muerte. Sin embargo, su salud y su ánimo habían decaído bastante desde 1592, tanto por su larga lucha contra las enfermedades como por los acontecimientos que había tenido que vivir en los reinos ibéricos: la crisis aragonesa abierta tras la fuga de Antonio Pérez y los tumultos de Zaragoza, o la conjura del pastelero de Madrigal, planificada por el fraile agustino Miguel de los Santos y en la que se vio implicada Ana de Austria, nieta de Carlos I e hija de don Juan de Austria.

Tras volver de Aragón, el Rey había empezado a despojarse de parte de sus responsabilidades, nombrando una Junta de Gobierno encabezada por Cristóbal de Moura, figura clave que lo acompañaría y le ayudaría a despachar los asuntos estatales más relevantes hasta su retiro total a finales de agosto de 1598. Además, mandó a su sobrino, el archiduque cardenal Alberto, que dejara su puesto de virrey de Portugal para que viniera a la Corte para ayudar al príncipe Felipe en su incorporación progresiva a las tareas de Estado. A finales de junio de 1598, el Rey, que hasta entonces gobernaba desde el alcázar madrileño, ordenó su traslado al monasterio de El Escorial, sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida y queriendo pasarlo en su refugio predilecto.

Agonía y muerte de Felipe II

Retrato de Felipe II de Antonio Moro

A partir de ese momento, Felipe II atraviesa sus momentos finales. La gota se le intensificó tan agudamente que no soportaba siquiera el roce de las sábanas, y un tumor maligno le afloró en una pierna. Por si no fuera suficiente, va a sufrir de llagas por todo el cuerpo por no moverse y una incontinencia que llevó a abrir una abertura en el lecho para que el monarca no tuviera que levantarse. Y en medio de ese tormento perpetuo le visitaba Cristóbal de Moura para informarle acerca de los asuntos estatales más relevantes.

En sus últimas semanas de vida, Felipe II hace que su hija Isabel Clara Eugenia permanezca siempre a su lado, que le pongan cerca del lecho algunas de sus reliquias más veneradas, y que se lean continuamente los textos sagrados. También llamó a su hijo y heredero, el príncipe Felipe, para que viera con sus propios ojos en qué acababan las glorias terrenales, y que los reyes, al fin y al cabo, eran hombres mortales.

Cuando su hora se acerca, los médicos, por orden expresa del monarca, le informan de ello para que el Rey pudiera afrontar su muerte tal y como quería. Pidió el crucifijo con el que habían muerto sus padres, y falleció entre las oraciones de los presentes, a las tres de la madrugada del 13 de septiembre de 1598.

El funeral y entierro de Felipe II

Testamento de Felipe II

Testamento de Felipe II

La extremada minuciosidad con la que el Rey organizó no solo todos los ritos de las últimas semanas de su vida, sino también todas las ceremonias de su propio funeral y su entierro son la última muestra que nos deja Felipe II acerca de la gran preocupación que sentía acerca de todo lo que tuviera que ver con la creación de su majestuosa imagen.

Al contrario de lo que podría pensarse en un primer momento, el entierro del monarca más poderoso de su tiempo fue sobrio y muy sencillo por orden del mismo. La noche anterior a este entierro en El Escorial su cuerpo fue velado por religiosos y la guardia de los monteros de Espinosa en unas condiciones de penumbra, pues el Rey había dispuesto que solo se iluminara la oscura estancia con cuatro cirios. Entre otras cosas, también dejó escritas instrucciones precisas de cómo debía ser su funeral, y de los ritos a seguir a la hora de enterrarlo.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| FLORISTÁN, A. (2005): Edad Moderna: Historia de España. Ariel, Barcelona; BOUZA, F. (1998): Imagen y propaganda: capítulos de historia cultural del reinado de Felipe II. Akal, Madrid.; Testamento y codicilio de Felipe II (2015), de Testimonio Compañía Editorial. Recuperado de este enlace.

Imagen| Retrato de Sofonisba, Retrato de Antonio Moro, Testamento

En QAH| La legitimación del poder en Felipe II; Felipe II, mecenas de las artes plásticas

RELACIONADOS