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Los tributos y sus clases

Los tributos y sus clases

A la hora de hablar de los tributos nos situamos en el ámbito del Derecho financiero y tributario. El derecho tributario regula y trata todo aquello relacionado con la actividad financiera de los entes públicos, ya sea el Estado, las CCAA o los entes locales. Se trata de una actividad dirigida primordialmente a obtener unos recursos financieros con los que sufragar el gasto público que asume el organismo, algo que se conoce como financiación del Estado. Para obtener estos ingresos que devienen necesarios, el Estado dispone de muy variadas vías. Por citar alguna de ellas, puede optar por la venta de un bien patrimonial como, por ejemplo, una instalación propiedad del Ayuntamiento, o también mediante la solicitud de un préstamo a un organismo internacional como el BCE, algo que está muy a la orden del día. Existen innumerables formas de financiarse en la actualidad, sin embargo, de todos los mecanismos existentes hoy en día, para un ente público lo que más recursos proporciona son los tributos, y entre ellos hay que distinguir 3 clases distintas: los impuestos, las tasas y las contribuciones especiales. Para entrar a conocer más en profundidad cada uno de estos tipos debemos comprender primero el significado de hecho imponible. El hecho imponible es aquello (hecho jurídico) que nos obliga al pago del tributo, es decir, para el IRPF el hecho de disponer de un trabajo que nos proporciona unas rentas supondrá el deber de pago de un tributo.

En primer lugar, como tributo más importante y conocido están los impuestos, una prestación pecuniaria que es exigida por la Administración sin contraprestación alguna, y cuyo hecho imponible está constituido por negocios, actos o hechos que ponen de manifiesto la capacidad contributiva del sujeto pasivo. Sin contraprestación supone que es exigido coactivamente sin que el ente público realice actividad alguna más allá del cobro. Los más importantes cabría que decir que son el IRPF, que grava las rentas de las personas físicas, el IVA, y el IS, que grava las rentas de las sociedades y personas jurídicas.

En segundo lugar están las tasas, un tributo cuyo hecho imponible consiste en la concesión a un particular de una utilización privativa o un aprovechamiento especial de un bien de dominio público, es decir, cuando a un particular se le concede el uso de un bien público con exclusión de los demás o cuando sin excluirse dicho uso el particular dispone de ese bien con mayor intensidad que el resto. El hecho imponible también puede consistir en la prestación de un servicio o la realización de una actividad por parte de la Administración siempre y cuando se de que los servicios o actividades sean de obligada solicitud por parte del particular por no existir otros, o que exista monopolio de hecho o de derecho de la Administración. Por supuesto, a cambio de tales privilegios la Administración exigirá una tasa. Un aspecto importante de las tasas es que su importe no podrá exceder nunca del coste del servicio o actividad prestada, así por tanto nunca se obtendrán beneficios a través de ellas.

El último grupo es el de las contribuciones especiales, tributos cuyo hecho imponible consiste en la obtención para el ciudadano de un beneficio debido a la realización de obras o al establecimiento de un servicio público por el Estado(instalación de una boca de metro).

Con todo esto, podemos sintetizar lo comentando con anterioridad con unos breves apuntes. Lo que diferencia los impuestos respecto a los otros dos tipos de tributo es que en éstos no existe contraprestación por parte de la Administración a cambio del cobro del mismo. Por otro lado, mientras la tasa afecta a un sujeto determinado, las contribuciones especiales persiguirán un interés general, ya que los beneficiarios suelen ser los miembros de una comunidad.

Vía| Actibva

Imagen| Tributos

En QAH| Financiación municipal: Tributos locales

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