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Los tesoros mejor guardados de la vida

La vida está llena de regalos, regalos diminutos que se esconden a tu alrededor como esperando, en silencio, a ser encontrados. Tesoros ocultos que no tienen mapa, que han sido olvidados o que parecen lejanos e inaccesibles. Presentes que forman parte de tu pasado, presentes que hoy son las piedras donde vas a cimentar tu futuro.

Mi labor hoy consiste en hacerte recordar de qué se tratan estos placeres desatendidos, los pequeños detalles de la vida. Su origen nunca es exacto, el momento en el que aparecen tampoco, ni siquiera producen el mismo efecto, las mismas sensaciones, en unas y en otras personas. Aparecen, saltando como chispas de una bengala, dinámicos, incontrolables, hasta extinguirse en el aire sin dejar vestigio alguno de su paso por tu memoria.

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Los tesoros mejor guardados de la vida

Algunos se extienden en el tiempo y en el espacio porque anhelan ser eternos. Otros tan sólo duran lo que dura un suspiro. Unos entran en ti a través de la mirada, otros lo hacen perforándote la piel, o bien susurrándote al oído, algunos te seducen por su aroma, o directamente te conquistan el paladar. Pero si ignoras  su punto de partida puedes encontrar la finalidad que poseen, que no es otra que descubrirte lo poco que valoramos  los placeres de nuestro entorno.

Un paisaje, una sonrisa, una noche despejada o las luces de una ciudad, el paso de las nubes por el cielo, una novela, el cine, los colores de una tienda de golosinas, el brillo en los ojos de la persona que tienes enfrente…

El calor del sol sobre tu piel, la brisa acariciando tu rostro, el agua de la ducha cayendo por tu espalda, un abrazo, un gato jugueteando entre tus piernas, los pies clavados en la arena, las dunas que se forman en una cama compartida, un mordisco en la oreja, una mano tentando a otra mano…

La música, el sonido de una caracola, un pájaro piando al amanecer, la voz de una persona especial, el quebrar de una tableta de chocolate, la risa, el silencio, el timbre que precede a una visita inesperada, un “te quiero“…

El pan tostado, la tierra mojada, un perfume indescriptible pero cautivador, un juego de sábanas limpias, el césped recién cortado, el mar, el aire de la montaña, el regaliz, el café…

Como la vida tiene tantos sabores como pequeños detalles por descubrir, dejo a tu elección que rememores aquellos que te colmen de sensaciones, al fin y al cabo, la vida se trata de eso, precisamente, de acumular experiencias, perseguir metas y sorprenderse cada día, la vida es mucho más sencilla de lo que parece, sólo tienes que vivirla y disfrutarla.

Imagen| Deviant Art

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