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Los sueños, sueños son

El Sueño (Pablo Picasso, 1932)

Si tuviera que elegir una de entre las más de 88.000 entradas que recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, no dudaría en escoger el verbo ‘soñar’, acción que te permite ver la vida de otra manera y que hace que te olvides por momentos de lo que realmente es; que potencia tus anhelos y otorga el papel principal a la fantasía. Shakespeare soñó con una historia de amor y desamor, de enredos, de mitología y de magia; de realidad y de ficción. Calderón de la Barca, con la predestinación del hombre y el triunfo de la libertad y la honra. El gran Martin Luther King soñaba con la igualdad entre blancos y negros. Y así, un largo sinfín de grandes soñadores.

Durante mucho tiempo, cuando visitaba una gran ciudad, deambulaba por las aceras, con el cuerpo erguido y el pecho firme, soñando que alguien me ‘descubriría’ repentinamente, se abalanzaría sobre mí y casi sin aliento, como si de una aparición se tratara, me diría: “Eres la persona que estamos buscando”. A partir de ahí, castillos en el aire: cenicienta convertida en princesa y chica anónima de barrio protagonista del más feliz de sus sueños. Este fue un deseo permanente en mi día a día hasta que pasó a ser esporádico y esfumarse de mi imaginación.

A día de hoy, no he dejado de soñar. De un buen amigo, al que admiro y adoro, he aprendido que primero hay que soñar dormido y después, despierto. Pero hay que soñar, porque soñar es vivir. Hoy sueño con otras ilusiones que dan sentido a mi vida. Sueño con despertar cada mañana rodeada de todos aquellos que quiero. Sueño con vivir cerca, muy cerca, de quienes aportan luz a mis sombras y alegría a mis desdichas. Sueño con querer y ser querida, con amar y ser amada. Sueño con poder hacer realidad mis pequeñas ilusiones e inquietudes. No quiero que el miedo ensombrezca mis sueños y se queden aletargados en el olvido. No quiero que mi vida se vaya apagando y me invada el sentimiento de lo que pudo haber sido y nunca llegó a ser. ¡No quiero dejar de soñar!

Seguiré jugando a escuchar los susurros de mi ego para hacer realidad todos mis deseos. Continuaré dando rienda suelta a mi imaginación y a la fantasía para que no se conviertan en quimeras. Y seré cenicienta y princesa, chica anónima y protagonista de nuevas historias.

Soñemos y luchemos para conseguir nuestros deseos. Sólo de esta manera triunfaremos. Si no, será sólo un ejercicio de imaginación. ¡Nada más!

Imagen| Pinturas cubistas

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