Historia 


Los Plantagenet, una dinastía de película (III)

Sepulcro de Juan Sin Tierra en la Catedral de Worcester

Sepulcro de Juan Sin Tierra en la Catedral de Worcester

Tras la muerte de Juan Sin Tierra y la subida al trono de su hijo Enrique III se inició en la dinastía Plantagenet una curiosa especie de ruleta rusa genética, que hizo que se alternasen reyes de fuerte personalidad y éxito arrollador con otros de carácter débil y reiterados fracasos. Enrique perteneció a este segundo grupo. Muy religioso y mirándose en el espejo del rey sajón Eduardo El Confesor, tuvo que enfrentar numerosos problemas externos e internos, la mayoría de ellos heredados de su padre Juan I.

El primer foco de problemas fue Gales. Juan había casado a su hija natural Joanna con el gobernante galés Llywelyn El Grande. Ello no evitó que entre ambos hubiese múltiples disputas que continuaron entre Enrique y el nieto del galés, de su mismo nombre. La debilidad de carácter de Enrique, sus múltiples problemas internos y su proyecto de organizar una cruzada a Jerusalén hizo que tuviese que apartar el problema de Gales y llevó a un hecho histórico. En 1267, por el Tratado de Montgomery, por primera y única vez Inglaterra reconoció a un galés con el título de príncipe de Gales; su nombre era Llywelyn Ap Gruffudd.

Para lidiar con sus problemas en Gales y Gascuña Enrique necesitaba dinero y hombres, pero en esa época no existía una recaudación de impuestos como la entendemos ahora y tampoco un ejército permanente. Para obtener ambas cosas el rey necesitaba contar con el apoyo de sus nobles para aprobar recaudaciones y para cederle sus hombres. Y Enrique heredó los problemas al respecto que obligaron a su padre a firmar la Magna Carta. Cada soldado que un noble cedía a un rey era un campesino menos para arar sus tierras y a los nobles no les interesaban los problemas del rey en Gascuña. La cuestión se agravó por la emergencia de una figura que lideró a los nobles en su oposición al rey. Este hombre, de origen francés, conde de Leicester y casado con la hermana del rey se llamaba Simon de Montfort (hijo del caballero del mismo nombre que lideró la cruzada contra los cátaros). Simon de Montfort derrotó a Enrique en 1263 en la batalla de Lewes y le obligó a aceptar un régimen que se considera el precedente del actual sistema parlamentario inglés; Enrique conservaba la corona, pero un parlamento liderado por de Montfort gobernaba el país. En garantía del cumplimiento de estos acuerdos por parte del rey, su hijo y heredero Eduardo quedó recluido en Wallinford. Pero Eduardo escapó de su prisión y lideró el ejército que derrotó a de Montfort en Evesham en 1265. De Montfort fue ejecutado  y su cadáver descuartizado y esparcido en el río.

Abadía de Evesham, donde fue trasladado el cuerpo sin vida de Simon de Montfort tras la batalla del mismo nombre.

Abadía de Evesham, donde fue trasladado el cuerpo sin vida de Simon de Montfort tras la batalla del mismo nombre

La muerte de Simon de Montfort tranquilizó algo la situación en el país, hasta el punto de que se pudo por fin organizar la cruzada para reconquistar Jerusalén, que fue liderada por el príncipe Eduardo. Eduardo, de unos extraordinarios para la época ciento noventa centímetros de altura, estaba casado con Leonor de Castilla y había sido ordenado caballero en Burgos cuando tenía quince años por el rey de Castilla Alfonso X El Sabio. La cruzada que lideró fue un fracaso absoluto y Eduardo estuvo a punto de morir por una herida de un cuchillo envenenado. Tuvo que desistir de su propósito y se encontraba en Sicilia cuando se enteró de la muerte de su padre en 1273. Aunque tardó casi dos años en regresar a Inglaterra, que dedicó a tratar de solucionar sus complejas relaciones con el rey de Francia, finalmente tomó posesión del trono en 1275.

Eduardo pertenecía a la primera clase de reyes Plantagenet de la que hablábamos antes. Como titula el libro que ha servido de fuente para esta entrada, fue un rey grande y terrible. Grande desde el punto de vista inglés y terrible sobre todo para sus vecinos galeses y escoceses. Respecto de Escocia, contamos la historia en la entrada publicada el día del referéndum escocés y se ha hecho muy famosa a raíz de la película Braveheart. En cuanto a Gales, Eduardo fue el primer gobernante inglés capaz de superar las dificultades logísticas de la complicada orografía galesa y conquistó el país. El príncipe de Gales Llywelyn murió en una escaramuza y su hermano Daffyd sufrió la misma suerte que posteriormente correría el escocés William Wallace. Para evitar dudas Eduardo nombró príncipe de Gales a su hijo y heredero, costumbre que se mantiene hoy día.

El personaje de Eduardo I de Inglaterra en la película Braveheart

El personaje de Eduardo I de Inglaterra en la película Braveheart

Decíamos que para los ingleses Eduardo fue un gran rey. No sólo por sus conquistas en Gales y Escocia, sino también por ser capaz de poner fin a las diferencias con los levantiscos nobles que afrontaron su padre y su abuelo. Además de imponer con mucha mayor fuerza su autoridad como consecuencia de su fuerte personalidad y su impactante aspecto físico (era conocido como Longshanks), Eduardo encontró imaginativas formas para conseguir ingresos sin necesidad de depender de impuestos aprobados por el parlamento, lo que rebajó mucho la tensión. Además, ello le permitía pagar por la cesión de los hombres para el ejército por períodos superiores a los cuarenta días habituales.

Eduardo I de Inglaterra, el gran y terrible Longshanks, murió el 7 de julio de 1307. En su sepulcro se puede leer la leyenda Martillo de los Escoceses. Le sucedió su hijo, Eduardo II. 

 

En colaboración con QAH.com| Curiosidades de la Historia

Vía| Marc Morris Edward I, a great and terrible king.

Imagen| Archivo del autor Eduardo I

En QAH.com| Los Plantagenet I; Los Plantagenet IIOrigen del conflicto anglo escocés

 

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