Historia 


Los Plantagenet IV; la leyenda de William Wallace

 

Estatua de William Wallace junto al castillo de Stirling.

 

Las dos últimas colaboraciones escritas aquí confluyen inevitablemente en la figura de William Wallace. La primera de ellas, redactada al hilo del referéndum sobre la independencia de Escocia, narraba las consecuencias del fallecimiento del rey Alejandro III de Escocia; la segunda, dentro de la serie de los Plantagenet, concluía con el reinado de Eduardo I de Inglaterra, Martillo de los escoceses.

Retomando la historia, después del fallecimiento del rey de Escocia Alejandro III y de su única heredera, su nieta Margaret de Noruega, se solicitó el arbitraje de Eduardo I de Inglaterra para dilucidar quién tenía mejor derecho al trono escocés. Eduardo era el candidato natural para esta tarea, como monarca vecino y como experto en este tipo de arbitrajes en otros conflictos europeos. Antes de aceptar el arbitraje solicitó que todos los candidatos al trono le juraran lealtad como señor soberano y, tras conseguirlo, se pronunció en favor de la candidatura de John Balliol sobre la de Robert Bruce (abuelo del que sería posteriormente rey de Escocia).

El problema para los escoceses es que consideraron que el papel de Eduardo I y su condición de señor soberano habían finalizado tras la coronación de John Balliol como rey de Escocia. Eduardo, sin embargo, consideraba que el rey de Escocia era un monarca vasallo del de Inglaterra y lo demostró revocando decisiones judiciales de Balliol en Escocia e incluso reclamando su presencia en Londres para rendirle cuentas de sus sentencias.

La gota que colmó el vaso fue cuando Eduardo solicitó a Escocia que reclutara tropas para sus guerras en Francia.  Inevitablemente, los escoceses se rebelaron contra Eduardo reclamando la soberanía de John Balliol. Dispuesto a dejar las cosas claras, en 1296 Eduardo invadió Escocia; derrotó a la caballería escocesa en Dunbar, se proclamó rey de Escocia y se apropió de la Piedra de Scone, tradicional pieza donde juraban su cargo los reyes de Escocia y se la llevó a Westminster donde estuvo hasta 1996.

En 1297, mientras Eduardo se encontraba en Francia, se produjo una nueva rebelión en Escocia. En realidad hubo tres focos. El primero, de la alta nobleza, estaba liderado por el joven Robert Bruce. Era el nieto del personaje del mismo nombre que había sido candidato al trono frente a John Balliol y que había fallecido. Robert había heredado la posición de su abuelo porque su padre se había desentendido del problema escocés y se había instalado en Inglaterra. La rebelión de los nobles duró poco y firmaron un juramento de lealtad a Eduardo en Wishart el 7 de julio de 1297.

Los otros dos focos de rebelión estaban liderados en el norte por Andrew Murray y en el sur, en los bosques de Selkirk, por William Wallace. Poco se sabe de la vida de Wallace antes de ese año. Era hijo  de un pequeño terrateniente de Ayrshire y su primer choque con los ingleses se produjo cuando mató al sheriff de Lanark en 1296, al parecer porque este había dado muerte a su amante. Después, huyó a los bosques de Selkirk donde se le fueron uniendo cada vez más hombres descontentos con el gobierno inglés. Cuando se enteró de la rebelión de Murray, Wallace decidió unir fuerzas con él para hacer frente al ejército inglés que se dirigía al norte para sofocar la rebelión de Murray. Los ingleses tenía que cruzar el estuario del río Forth atravesando el puente en Stirling. El 11 de septiembre de 1297, cuando una parte del ejército había cruzado el puente y la otra todavía se encontraba al otro lado del mismo, Wallace y Murray atacaron a las fuerzas que lo habían cruzado y derrotaron al ejército inglés en la que fue la más sonada victoria de Wallace. Murray falleció semanas después como consecuencia de las heridas sufridas en Stirling y Sir William Wallace fue nombrado Guardián de Escocia. Aprovechando que Eduardo I estaba en el continente, en los siguientes meses recuperó posesiones que los ingleses habían tomado en Escocia, e incluso se adentró en Inglaterra sembrando el pánico en Cumbria y Northumbria.

Piedra de Scone o Piedra del Destino, lugar tradicional de coronación de los reyes de Escocia. Eduardo I se la llevó a Westminster en 1296 y no fue devuelta a Escocia hasta 1996.

En 1298 Eduardo reunió a su ejército y el 21 de julio se enfrentó y derrotó al ejército escocés liderado por Wallace en Falkirk. Se ha escrito mucho sobre el papel de la nobleza escocesa en la batalla, que formaba la caballería del ejército de Wallace y que huyó de Falkirk sin entrar en combate. Se ha especulado con la posibilidad de que Robert Bruce, que lideraba la caballería, hubiese llegado a un pacto con Eduardo para acabar con Wallace, al que consideraba un advenedizo. Sin embargo, la batalla de Falkirk estaba perdida y si la caballería escocesa se hubiese sumado al combate únicamente hubiesen conseguido ser aplastados por los ingleses y terminar con toda resistencia en Escocia. Al no entrar en combate, los hombres que huyeron de Falkirk a caballo (William Wallace entre ellos, por cierto) garantizaron años de lucha por la independencia de Escocia contra Eduardo I y sus sucesores. Otra muestra de que no hubo pacto entre Eduardo y Robert Bruce para acabar con Wallace es que, después de Falkirk, el primer lugar al que se dirigió el ejército inglés fue al castillo de Robert Bruce para tratar de capturar a este.

La derrota de Falkirk constituyó un duro golpe en el prestigio de Wallace, al que se destituyó de su cargo de Guardián de Escocia. En los siguientes años viajó a Francia sumándose a los esfuerzos escoceses de encontrar el apoyo francés en su lucha por la independencia. Pero cuando una derrota francesa en Flandes y un conflicto con el Papa forzaron a Felipe IV de Francia a firmar la paz con Eduardo y olvidarse de los escoceses, era inevitable que Eduardo estableciera su autoridad en Escocia. A ello ayudó que John Balliol, el rey por cuya corona luchaban los escoceses, renunciara a la misma.

A lo largo de 1304 diversos líderes y fortalezas escocesas fueron jurando lealtad a Eduardo I, que se comprometió a perdonar su rebelión y respetar sus vidas y sus haciendas. Únicamente hubo un hombre al que Eduardo se negó a perdonar: William Wallace.

Sin una causa por la que luchar, sin grandes apoyos y con una recompensa por su captura, era cuestión de tiempo que Wallace fuese traicionado y entregado a los ingleses. En agosto de 1305 Sir John Meneith hizo prisionero a Wallace en Glasgow. Tras un simulacro de juicio en Westminster, William Wallace fue brutalmente ejecutado el 23 de agosto de 1305 en Londres y sus restos dispersados por diversos lugares para que sirvieran de ejemplo de la suerte que esperaba a quienes se opusieran a Eduardo I de Inglaterra, Martillo de los escoceses.

A los ingleses les esperaban todavía grandes problemas en Escocia por culpa de Robert Bruce … pero esa es otra historia.

En colaboración con QAH| Curiosidades de la Historia.

Vía| Marc Morris: Edward I, a great and terrible King ; Chris Brown: William Wallace, the man and the myth.

En QAH| Los Plantagenet, una dinastía de película ILos Plantagenet, una dinastía de película II, Los Plantagenet, una dinastía de película III;  La muerte del rey Alejandro III de Escocia.

Imagen| William Wallace Piedra de Scone

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