Especial I Guerra Mundial, Historia 


Los “otros” Tratados de Paz

 

La I Guerra Mundial concluyó con la derrota de las potencias centrales y aunque es cierto que tradicionalmente Alemania ha sido presentada como la culpable de la “Gran Guerra”, los que fueron sus aliados también cargaron con parte de la culpa.

Mientras que el célebre Tratado de Versalles fijó las sanciones y reparaciones de guerra que Alemania se vería obligada a satisfacer, el resto de estados que habían estado del lado del II Reich, tales como el Imperio Austro-Húngaro o el Imperio Otomano, también firmaron tratados con las Potencias Aliadas. Unos tratados que, al igual que ocurriese con el de Versalles, establecieron unas condiciones claramente desfavorables para los vencidos. Dichos tratados fueron los de Saint – Germain en Laye, Neuilly, Trianon y Sevres y a lo largo del artículo voy a encargarme de su análisis.

Mapa del Tratado de Saint - Germain en Laye

Mapa del Tratado de Saint – Germain en Laye

Escasos meses después de la firma del Tratado de Versalles, concretamente el 10 de septiembre de 1919, las potencias aliadas y Austria – Hungría firmaron el Tratado de Saint – Germain en Laye. La firma de dicho tratado supuso la desmembración del Imperio Austro – Húngaro y el surgimiento de la República de Austria como estado sucesor del mismo. La república austriaca pasaría a contar con un 25% del territorio que anteriormente perteneció al Imperio y se vio obligada a aceptar la independencia de Hungría y el surgimiento de dos nuevos estados: Checoslovaquia y Yugoslavia.

Independientemente de las pérdidas territoriales, una importante clausula relativa a la independencia de Austria fue incluida en el tratado. La inclusión de dicha cláusula vino como consecuencia del idioma común y de la existencia de una base cultural homogénea que propiciaban que fueran muchas las voces desde el propio interior de Austria que clamaran por una unión con la recién nacida República de Weymar. Sin embargo, la enérgica oposición de Francia y Gran Bretaña hizo que dicha cláusula, que prohibía revocar la independencia de Austria sin la autorización de la Sociedad de Naciones, se incluyese en el tratado. A pesar de los esfuerzos, de poco serviría su inclusión, ya que el Anschluss propuesto por Hitler no tardaría en engullir el territorio austriaco. Además, el hecho de que importantes comunidades de germano parlantes permaneciesen en territorios que ahora eran controlados por estados como Italia o Hungría, fue aprovechado por Hitler como excusa para poner en marcha la maquinaria bélica del III Reich.

El segundo de los tratados, el de Neuilly, fue firmado el 27 de noviembre de 1919 entre las potencias aliadas y el Reino de Bulgaria. Dicho tratado, que en Bulgaria fue conocido como la “Segunda Catástrofe Nacional”, implicó el reconocimiento del Reino de Yugoslavia, la cesión de Macedonia al mismo y la pérdida de Tracia en favor de Grecia, lo que supuso la pérdida para Bulgaria de un acceso directo al mar. Desde un punto de vista económico, el tratado de Neuilly también fue desastroso para Bulgaria. Además de la obligación de pagar unas compensaciones económicas que hubiesen durado 38 años, la pérdida de los territorios de Dobruja y Tracia hizo que la producción de cereal y tabaco (eje central de las exportaciones búlgaras) cayese en picado, con el consiguiente impacto en la economía.

El tercer tratado que nos ocupa es el de Trianon, firmado entre las potencias vencedoras y Hungría el 4 de junio de 1920. Con base en este tratado, Hungría perdió territorios en favor de Rumanía, Yugoslavia y Checoslovaquia, pero hay que destacar que la firma del mismo, no estuvo exenta de problemas. Ante las duras condiciones impuestas por los vencedores, los líderes del nuevo gobierno húngaro dimitieron, lo que propició el ascenso al poder de los comunistas, los cuales llegaron a constituir un ejército que intentaría, sin suerte, retomar parte de los territorios perdidos. Finalmente, tras la derrota del recién creado ejército, los líderes comunistas fueron desalojados del poder, mientas que el nuevo gobierno, que contaba con el beneplácito de las potencias aliadas, firmó definitivamente el tratado.

Mapa del Tratado de Sevres

Mapa del Tratado de Sevres

El último de los tratados a estudiar es el de Sevres, el cual fue firmado el 10 de agosto de 1920 entre el ya extinto Imperio Otomano y las potencias aliadas, con excepción de la URSS y EEUU. Dicho tratado supuso la desmembración del Imperio Otomano, que se vio obligado a ceder territorios a Grecia y a renunciar a Arabia, Palestina, Siria, Mesopotamia  y Egipto (los cuales, siguiendo el régimen de mandatos, quedaron bajo influencia francesa y británica) además de los territorios de Armenia y el Kurdistán, que obtuvieron la independencia y la autonomía respectivamente.

El Tratado de Sevres fue aceptado por el Sultán otomano, pero el movimiento nacionalista encabezado por Mustafa Kemal Ataturk, a la postre conocido como “el padre de los turcos”,  se negó a reconocer la autoridad del Sultán. Tras una serie de enfrentamientos armados y la celebración de la Conferencia de Lausana en 1923, el nuevo Estado turco recuperó el control de toda la Anatolia (tras combates con armenios y kurdos) y parte de la Tracia Oriental, que arrebataría a Grecia.

Como se deduce de la lectura del artículo, me he centrado en las consecuencias territoriales de los tratados, con el fin de comprender como éstas influyeron en el posterior desarrollo del siglo XX. Tristemente, la conclusión no puede ser más demoledora: éstos tratados sentaron las bases que hicieron que se desarrollara un siglo de guerras y enfrentamientos.

El Tratado de Saint – Germain en Laye provocó que comunidades de germano parlantes quedasen fuera del territorio austriaco, lo que serviría a Hitler como pretexto para iniciar la II Guerra Mundial. Del mismo modo, produjo el nacimiento del reino de Yugoslavia, cuya descomposición a través de guerras llega hasta nuestros días. El Tratado de Neuilly, que podemos considerarlo como el menos catastrófico en cuanto a repartos territoriales, influyó en el revanchismo búlgaro, lo cual tendría su efecto en el desarrollo de la II Guerra Mundial, al igual que ocurriría con Hungría y el tratado de Trianon. Por último, el tratado de Sevres creó un polvorín, el de Oriente Medio, cuyos efectos son más que visibles hoy en día, siendo la reciente proclamación del Califato Islámico en tierras sirias e iraquíes, un claro ejemplo de ello. Por lo tanto, solo cabe decir que a pesar de que se hayan cumplido 100 años del inicio de la I Guerra Mundial, su recuerdo y fundamentalmente sus consecuencias, siguen presentes en el consciente colectivo y marcan el desarrollo de las relaciones internacionales.

Vía| Charles S. Maier, La refundación de la Europa burguesa: estabilización en Francia, Alemania e Italia en la década posterior a la I Guerra Mundial, 1989

Más Información| Ricardo Artola, La Primera Guerra Mundial: De Lieja a Versalles

Imagen| Mapa Tratado de Sevres, Mapa Tratado de Saint – Germain en Laye

En QAH| Especial Primera Guerra Mundial (1914-1918); El Reino de Hungría (1920-1945) (II)

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