Historia 


Los otros insurgentes

Este 19 de octubre el gobierno del Estado mexicano de Oaxaca instituyó el día del Pueblo Negro Afromexicano de Oaxaca, con el propósito de reconocer el legado cultural de esta comunidad. Aunque se han hecho esfuerzos por rescatar esta raíz africana, el grueso de la sociedad mexicana sigue ignorando el pasado y presente afromexicano; incluso es frecuente confundir a mexicanos de rasgos negros con ciudadanos extranjeros. No obstante, es un hecho de que los africanos han sido parte activa en la historia mexicana desde la llegada de los españoles, hasta la lucha por la independencia. En esta ocasión hablaremos de los africanos que abrazaron la causa insurgente.

Las leyes de la corona española que prohibieron la esclavización de los nativos americanos, incrementaron el tráfico de esclavos de origen africano hacia sus posesiones y la Nueva España no fue la excepción. Los conquistadores veían en ellos su resistencia al trabajo y su capacidad de contener a la población indígena, debido a su complexión física. Sin embargo, entre los españoles también existió el temor por la gran cantidad de africanos y sus descendientes. Ya en 1553, treinta y dos años después de la caída de Tenochtitlán, el virrey Luis de Velasco advirtió de la presencia de unos 20 mil negros, es decir, más que la población europea.

Con el paso del tiempo, los esclavos y sus hijos podían conseguir la libertad: ya fuera porque su amo los liberase o que ellos mismos compraran su libertad. No obstante, el temor español por los africanos siguió existiendo, al grado de prohibirles, tanto a esclavos como a libertos, salir en la noche, portar armas y la educación de todo lo que no fuese doctrina cristiana. Aún así, muchos de ellos se integraron a la compleja red de castas, lo que hacia difícil distinguir a las personas con algún descendiente africano; además de que los libros parroquiales no siempre proporcionaron la calidad de sangre o la etnia de aquellos que se bautizaban.

Miembro del Cuerpo de Morenos Libres, Veracruz. La enemistad entre negros e indígenas hizo que algunos grupos de estas comunidades se unieran a la causa realista.

Miembro del Cuerpo de Morenos Libres, Veracruz.

Aunque hubo presencia africana en toda la colonia novohispana, se concentraron más en las regiones productoras de azúcar, tabaco, ganado vacuno y en los puertos de Veracruz, Aculco y Campeche. Sus actividades variaban, podían trabajar en las plantaciones, en las minas, en el servicio doméstico e incluso como capataces de indígenas. Con la amenaza militar que representaba Inglaterra se fortificó el puerto de Veracruz con batallones de negros y mulatos, permitiéndoles portar armas.

Cuando ocurrieron los llamados a la rebelión de los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, muchos negros aún servían como esclavos en Veracruz. En 1812 los esclavos de las haciendas de Potrero y San José se sublevaron y poco después un mulato llamado Juan Bautista dirigió una insurrección que liberó los asentamientos de Chiquihuite y Palma Sola.

En la región de la costa del Pacifico la situación fue diferente. Por un lado, muchos negros y mulatos libres se encontraban arrendando tierras de los hacendados sin mayor animosidad, por otro lado existían comunidades de negros cimarrones, esclavos que huyeron de sus amos y que se refugiaron en las zonas montañosas. Por esta razón, cuando Morelos buscó el apoyo de los hacendados de la región también ganó esa invaluable ayuda africana. De igual forma, la causa insurgente contó con grupos de cimarrones.

Estas fuerzas se distinguieron con uno de los mejores caudillos insurgentes, Hermenegildo Galeana, quien luchó en la Costa Grande, zona de actual Estado de Guerrero. En uno de los episodios de la guerra, un comandante realista de apellido Garrote marchó hacia el pueblo de Chichihualco para capturar a un grupo de insurgentes. En el camino se encontraba Galeana con un contingente de negros a las orillas de un río, limpiando sus armas y bañándose. Al toparse las dos fuerzas, muchos negros que estaban en el río “pelearon desnudos y parecían demonios”. Dicha acción no sólo frenó el avance realista, sino que ocasionó su huida y expulsión de la región.

La participación de afrodecendientes no se limitó a las tropas, los grandes caudillos y héroes nacionales José María Morelos y Vicente Guerrero eran mulatos, algo que se mantuvo en el olvido hasta fechas recientes. Así que las comunidades afromexicanas de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Verecruz y Tamaulipas, tienen razones de sobra para celebrar y exigir el reconocimiento del resto de los mexicanos; para que no olviden sus aportes en la construcción de México.

Vía | Israel, Jonathan, Razas, clases sociales y vida política en el México colonial, México, FCE, 2005

Del Castillo Negrete, Emilio, México en el siglo XIX, o sea su historia desde 1800 hasta la época reciente, México, Santiago Sierra Tipógrafo, 1878. Chávez, Adriana, El fin de la esclavitud en las haciendas azucareras de Córdoba, Veracruz 1810-1825

Imagen de portada | Representación de un negro cimarrón

Imagen | Miembro del cuerpo de Morenos Libres

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