Historia 


Los orígenes de la Casa de Alba

La Casa de Alba remonta sus orígenes en la Edad Media y fue vertebrada durante trescientos años por la familia Álvarez de Toledo. No será hasta el siglo XIV cuando la familia obtendrá la consideración nobiliaria en manos de Fernando, conde de Alba de Tormes, de manos del Rey Juan II. En el siglo XVI esta casa nobiliaria obtendrá su máximo apogeo personificado en Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque de Alba –y uno de los primeros “Grandes de España”-. Con la muerte sin descendencia de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo (1802) el linaje pasó a los Fitz-James Stuart, en la persona de Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, sobrino-bisnieto del XII duque de Alba de Tormes.

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Escudo original de la Casa de Alba de Tormes

La familia Álvarez de Toledo obtuvo protagonismo a partir de la muerte de Pedro “el Cruel” en 1369. Su sucesor, Enrique II de Trastámara impulsó el ascenso de nuevas familias nobiliarias para consolidar su poder. Este fue el caso de Fernán Álvarez de Toledo, aunque su paso fue fugaz ya que falleció luchando durante un asedio en Lisboa. Sus hijos, Gutierre, obispo de Palencia; y García, señor de Oropesa y Valdecorneja; mostraron también un gran compromiso con el reino apoyando a Juan II contra los infantes aragoneses. Como recompensa, el obispo Gutierre recibió los dominios de Alba de Tormes, en Salamanca, en 1429. Finalmente en será en la década de 1430, con el apoyo de la casa castellana a  don Álvaro de Luna, el privado del Rey Juan II, cuando se produjo el auge definitivo de la familia Álvarez de Toledo. Este apoyo se vio recompensado y Gutierre fue trasladado a la diócesis de Sevilla y acabó siendo Arzobispo de Toledo. Por otro lado, su hermano Fernando fue nombrado primer conde de Alba de Tormes.

Con García Álvarez de Toledo llegó a la casa de Alba el esplendor económico, el poder y el título de ducado. García era extremadamente ambicioso, con su astucia audaz logró sacar provecho del nuevo monarca Enrique IV “el Impotente”. La extrema debilidad de Enrique IV provocó una lucha entre nobles para obtener el control, y en esta lucha García se movió mejor que nadie. Fruto de estas disputas consiguió posesiones que recorrían ambas vertientes de la Sierra de Gredos y el Norte de Extremadura, llegando casi a las puertas de Salamanca. Ante el gran poder, la nobleza castellana, celosa, pidieron al rey en 1472 que le arrebatara las tierras al sur de la Sierra de Gredos. El Rey, presionado, le pidió la renuncia a dichas posesiones a cambio del rango de duque y los derechos sobre Coria (Cáceres). A la muerte de Enrique IV, García Álvarez de Toledo fue uno de los principales aliados de los Reyes Católicos durante la Guerra de Sucesión Castellana y prestó su ayuda militar en la Batalla de Toro de 1476. Falleció en 1488 dejando a su hijo Fadrique unas grandes extensiones territoriales y unas grandes relaciones con los Reyes Católicos.

Fadrique Álvarez de Toledo, segundo Duque de Alba, dedicó su carrera a apoyar los Reyes Católicos llegando a ser uno de los amigos más cercanos de Fernando “el Católico”. Destacó por encima de todo por sus habilidades militares, teniendo un papel muy destacado en el asedio de Granada (1492) y en 1514 se alzó como conquistador de Navarra para el Rey Fernando. Fadrique se caracterizó por su fidelidad a Fernando a la muerte Isabel, mientras la mayoría de nobles se posicionaron a favor de Felipe “el Hermoso” en la lucha por el trono hispánico. Tras la muerte de su amigo el Rey Fernando, Fadrique mostró respaldo al nuevo monarca Carlos I y le prestó su ayuda durante la Guerra de los Comuneros. A su muerte, cedió el testigo a su nieto Fernando Álvarez de Toledo, conocido como el Gran Duque de Alba.

(c) Royal Armouries Museum, Leeds; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Fernando Álvarez de Toledo, Gran Duque de Alba

El Gran Duque de Alba es considerado uno de los aristócratas más importantes de la historia de España. Soldado, cortesano, diplomático y gobernante, siempre estuvo al servicio del monarca, en primera instancia de Carlos V –I de España- y a su muerte, de Felipe II. Su fama como general atravesó fronteras y se convirtió en un prestigioso militar. En ese aspecto, fue el encargado de mandar las tropas españolas en el episodio histórico por el que será recordado, la Guerra de Flandes (1568-1648). Fernando Álvarez de Toledo reprimió con violencia la rebelión calvinista encabezada por Guillermo de Orange  -futuro rey de Inglaterra- consiguiendo una importante victoria para el reino de Felipe II. Anteriormente, en 1520, Carlos I le otorgó la categoría de “Grandeza de España” una categoría señorial al alcance de muy pocos y que le colocaba entre las familias más poderosas de la España del siglo XVI.

Los Álvarez de Toledo fueron durante más de trescientos años una de las familias más importantes y más influyentes de España hasta la muerte de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo cuando el linaje pasó a los Fitz-James Stuart. Aunque en nuestros días las casas nobiliarias ya no tienen ese estatus social superior que sí poseían durante los siglos XIV-XVI vale la pena reflexionar sobre la influencia que aún posee la Casa de Alba en la actualidad. La notoriedad en los medios de comunicación y las muestras de cariño mostradas por parte de la población de Sevilla por el fallecimiento de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba de Tormes, nos muestra que aún hoy la casa que inauguró García Álvarez de Toledo aún sigue teniendo un importante influencia en la España actual.

 

Vía| Fundación Casa de Alba, ABC

Más información| El Mundo

Imagen| Wikipedia, BBC

En QAH| El apunte histórico de la duquesa de Alba

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