Historia 


Los nomenclátor, los esclavos perfectos para la campaña electoral

A pocos días de las elecciones, el político debe ganarse la confianza de todo aquel que aún esté indeciso con su voto. Debe hacer mucha política a pie de calle, hablando con la gente y escuchar sus problemas. Y para eso es importante conocer al pueblo. Tener claro quiénes son cada una de las personas con las que hablas y cuáles son sus preocupaciones, para poder solucionarlas. O al menos, hacerles creer eso…

En la Antigua Roma, donde existía un sistema muy jerarquizado y organizado, para acceder a los cargos públicos se votaba a diferentes candidatos que se presentaban para ejercer durante un año. Pero los políticos debían hacer frente a todos los gastos de la campaña e incluso del mandato, de ahí que necesitaran un gran apoyo de sus conciudadanos.

Por esta razón, durante su recogida de votos por el Foro en campaña electoral, los candidatos iban siempre acompañados de un esclavo dotado de una extraordinaria memoria, los llamados nomenclátor. Esclavos con el principal objetivo de memorizar los nombres de las personas, así como su trabajo o su situación familiar. De esta manera, a cada posible votante que se encontraba el candidato con quien entablar conversación, el nomenclátor, siempre de manera muy discreta, le susurraba a su amo toda la información posible sobre esa persona. Así, el político se ganaba toda la confianza de ese hombre preguntándole con naturalidad sobre su familia o sobre las dificultades de su gremio.

Candidato con su nomenclátor

Eso sí, los nomenclátor no podían errar, pues si en alguna ocasión se les olvidaba algún nombre y se equivocaban, eran castigados duramente al llegar a casa. Se tiene constancia, por ejemplo, que el emperador Augusto era muy exigente con su nomenclátor y siempre se quejaba que no recordaba los nombres. O Séneca, que se lamentaba que sus nomenclátor olvidaban las caras y se inventaban los nombres, con el principal problema que la persona corriente temiera contradecir al señor y no le dijese que ese no era su nombre real.

Y es que los nomenclátor se hacían influyentes en los tiempos de elecciones, pero no sólo trabajaban en ese período, pues muchos de los señores con poder iban habitualmente acompañados de su célebre esclavo. Y en ocasiones, ya que eran los más inteligentes, si también se les daban bien los números se les otorgaba la misión de llevar la contabilidad de los otros esclavos del amo.

Aun así, también se sabe de romanos que no necesitaban de este tipo de esclavos, ya que disponían de una memoria prodigiosa, como Catón el Joven, de quien se dice que era muy respetado porque recordaba todos los nombres, o el emperador Adriano, que alardeaba con el hecho de que con que le dijeran una sola vez el nombre de una persona él ya se acordaba de por vida.
Vía| ¿Qué era un nomenclátor? Los nomenclátor, esclavos con memoria de elefante Etimología de Nomenclátor
Más información| Nomenclator: Ancient Living-Human Calendar And Address Book
Imagen| Derecho romano Message To Eagle
En QAH| Pompeya y la propaganda electoral en el mundo romano

RELACIONADOS