Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Los monstruos de Antonio Saura

Fotografia de Antonio Saura

Fotografia de Antonio Saura

El arte contemporáneo español suele estar relacionado con la figura de Picasso, y eso quizás, ha dejado en un segundo plano a otras figuras del escenario artístico más actual.  Uno de esos casos sería el de Antonio Saura, pintor prolífico de vital importancia para el arte español de la segunda mitad del siglo XX, pero que en ocasiones, no es conocido por el gran público. En este artículo intentaremos revisar algunos de sus hitos y obras más relevantes.

Antonio Saura nació en Huesca en 1930. A muy temprana edad tuvo que lidiar con la Guerra Civil y con distintos cambios de residencia con su familia: Madrid, Valencia y Barcelona. Desde pequeño tuvo inquietudes artísticas, sobre todo tras visionar en Madrid las obras de Goya y de Velázquez. En 1943, una tuberculosis ósea lo mantendría inmovilizado cinco años, experiencia que le ayudó a conectar con su mundo interior y dar rienda suelta a su creatividad. En 1947, de forma autodidacta, pintó sus primeras obras de pequeño formato, con fuertes influencias surrealistas. En 1948 su familia comenzaría a veranear en Cuenca, lugar del que quedó maravillado, convirtiéndose en una referencia clave de su obra. Poco a poco comenzaría a moverse dentro de círculos artísticos, con varias exposiciones en Zaragoza y Madrid.

A. Saura. "Crucifixión". 1959-63

A. Saura. “Crucifixión”. 1959-63

En 1952 se mudó a París, donde pudo conocer la obra de Miró o Man Ray. En ese momento decidió romper con la tradición surrealista, evolucionando su pintura hacia un estilo más instantáneo, en el que el gesto se convertiría en el vertebrador de las formas, y en la que la paleta reduciría progresivamente sus colores. Todo ello forma parte del éxito que el informalismo y el action painting tuvieron durante los años cincuenta, convirtiéndose en los pilares que sustentarían toda su obra de madurez.

En 1957, de vuelta en España, fundó con grandes intelectuales y pintores el grupo “El Paso”, movimiento que consiguió catapultar y dar a conocer la pintura informalista española a lo largo de todo el mundo occidental. En este momento en que su obra comenzaba a ser reconocida, realizó Saura sus series de Crucifixiones y de Retratos imaginarios, en los que abordaba de manera liberadora una revisión de los grandes genios de la pintura, como Rembradt o Goya. En estas series ya se pueden ver los rasgos más característicos de su pintura: el gesto brusco pero consciente compone los retratos de unos personajes que han perdido todas sus facciones, y que se presentan más bien como monstruos deformes que se funden en una compleja composición de tonalidades oscuras.

A. Saura. "Retrato imaginario de Goya", 1985

A. Saura. “Retrato imaginario de Goya”, 1985

Su carrera a partir de 1960 sería meteórica, ya que recibió numerosos premios y consiguió exponer sus obras en museos y galerías a lo largo del mundo, siendo uno de sus reconocimientos más importantes la Medalla de Oro de Bellas Artes, otorgada en 1982. Durante este período también realizó otras series de gran relevancia, como la de Retratos imaginarios de Goya y Perros de Goya (1967), en la que el pintor tomaría de nuevo uno de los pilares del arte español para fundirlo con su particular visión de la pintura.

En sus últimos años mantuvo una actividad artística de gran envergadura, e incluso pudo ver la creación de la Fundación Antonio Saura en Cuenca (1995). Finalmente, el 22 de julio de 1998 falleció en Cuenca dejando uno de los legados artísticos más relevantes del siglo XX.

 

Vía| Fundacionantoniosaura

Más información| IVAM, Millares, Saura, Tàpies : el informalismo español, las colecciones del IVAM, Valencia: IVAM, 1991.

Imágenes| Antonio Saura, Crucifixión, Goya

RELACIONADOS