Historia 


Los metales de Iberia: las fuentes y la arqueología

La importancia de la plata ibérica es uno de los principales motivos de la colonización fenicia en la península. De esta manera lo recogen ya textos clásicos como Diodoro de Sicilia o Estrabón. El momento en el que, arqueológicamente hablando, comenzaron los trabajos de extracción de la plata en las minas del suroeste peninsular, aprovechando la cantidad de recursos argentíferos que presentaba el Cinturón Ibérico de Metales que se extiende por la zona tartésica, es un problema todavía hoy.

El aprovechamiento del cobre que tuvo lugar en el mismo lugar se remonta hasta el IV milenio a. C., aunque no será hasta el Bronce Final cuando tengamos pruebas de una relativa importancia; sin embargo, los yacimientos fueron abandonados precisamente en el Período Orientalizante, cuando apareció el interés fenicio por la plata tartésica. Volviendo a la plata, últimamente se están remontando los orígenes de su explotación y aprovechamiento hasta la época precolonial, durante el Bronce Pleno o Bronce Final. Sin embargo es durante el Período Orientalizante cuando disponemos de pruebas más que suficientes que nos permiten hablar de la explotación minera en busca de la plata tartésica.

Imagen idealizada del mítico Argantonio

Imagen idealizada del mítico Argantonio

Según M. E. Aubet, el principal metal que desde un primer momento buscaron los fenicios fue precisamente la plata; la riqueza metalúrgica del suroeste peninsular hizo que ésta se ligara muy estrechamente desde la antigüedad misma con Tartessos, apareciendo incluso la raíz arg- en topónimos y nombres propios, como por ejemplo en el nombre del legendario rey Argantonio, o en el Mons Argentarius, identificado con Sierra Morena.

En este primer momento fueron las explotaciones mineras del sur, concretamente las de las actuales provincias de Huelva y Sevilla, junto a puntos secundarios en Sierra Morena y Portugal, las que abastecieron el comercio fenicio. En esta zona nos encontramos con diferentes poblados en los que distinguimos un carácter bien de centro metalúrgico destinado a la obtención de plata, bien a su posterior comercio. En este ámbito podemos diferenciar dos focos de obtención de plata; por un lado nos aparece el que estaba situado en torno a las minas de Riotinto, que orientaba su producción hacia la ciudad de Huelva, y por otro el que se articulaba alrededor de las minas de Aznalcóllar, orientado comercialmente hacia Cádiz.

Según parece, los fenicios dejaron en manos indígenas la explotación minero-metalúrgica al tiempo que controlaban y monopolizaban el comercio de la misma. El método con el que contarían para hacerlo sería mantener el control sobre el plomo, material necesario para la copelación de la plata, que no es si no el procedimiento que hay que seguir para extraer la plata de los minerales complejos que se encuentran mezclados con ella en el Cinturón Ibérico de Metales. De todas formas, asegurar esto no es nada fácil, aunque lo que sí parece estar claro es que el método de la copelación fue introducido en la península por los fenicios.

Bocado tartésico de bronce fundido

Bocado tartésico de bronce fundido

Junto al interés fenicio por la plata nos aparece el que se tendría hacia el estaño, considerado por M. Pellicer más importante que la plata debido a su necesidad a la hora de elaborar el bronce, algo que explicaría los tempranos asentamientos fenicios en la costa portuguesa, rica en este metal. De la misma forma que ocurre con la plata, en las fuentes clásicas abundan los pasajes relacionados con el estaño ibérico, relacionándolos casi siempre con las míticas islas Estrímnidas o con las Casitérides. De esta forma, ya el mismo Herodoto nos menciona las Casitérides, aunque sea para asegurar que no puede certificar su existencia. Como vemos, parece que ya contaban con ese halo de leyenda desde tiempos muy antiguos. Avieno, por su parte, no menciona las islas Casitérides, sin embargo se deja llevar por otras islas, las Estrímnidas, ricas en estaño y plomo y que muy probablemente se identifiquen con las Casitérides de Herodoto, Estrabón, Diodoro y Pomponio Mela. Con todo, la localización que Avieno da para las Estrímnidas es tan oscura como la que tenemos para las Casitérides, puesto que el pasaje donde empieza a hablar del cabo Estrimnis no enlaza directamente con el pasaje anterior, por lo que parece más bien un cambio de idea que no sabemos cómo interpretar. Con todo, hemos de contar con la posibilidad de que las islas Casitérides no existieran como tal, esto es, que fueran consideradas islas Casitérides todos aquellos lugares donde fuera abundante el estaño. De esta manera habría multitud de islas Casitérides según el momento y el autor, de manera que no tendríamos que ubicarlas en un solo lugar, sino que toda la geografía atlántica peninsular estaría plagada de islas Casitérides.

Dejando a un lado las fuentes y centrándonos en lo que a la arqueología se refiere, hemos de tener en cuenta que, en la península Ibérica, las vetas de estaño se concentran en el occidente peninsular, a lo largo de toda la fachada atlántica, existiendo también en territorio tartésico, concretamente en la baja Extremadura. Con todo, tendremos que contar con que dentro de las redes de comercialización tartésica pudieron incluirse los depósitos estanníferos de las Beiras y la Extremadura portuguesas, norte de Portugal, Galicia, Zamora y Salamanca, cuyo comercio se realizaría tanto por mar, a través del Atlántico, como por tierra, a través de la Vía de la Plata.

La práctica ausencia de estaño explotable en Tartessos y su abundancia en toda la zona noroccidental peninsular parece un motivo lo bastante fuerte como para justificar la expansión fenicia por las costas portuguesas, que llegó claramente hasta la desembocadura del Mondego y más al norte. En esta zona se conocen numerosos yacimientos, entre los que destaca Santa Olaia, con abundantes materiales orientalizantes. Según la opinión de M. Pellicer este asentamiento sería de origen fenicio, aunque su población sería mixta (indígena y fenicia). Su ubicación en esta zona estaría destinada a servir como centro nuclear de comercio del que dependerían los otros poblados orientalizantes del Mondego, dedicándose al intercambio de estaño y oro procedentes del Duero y de Galicia, así como de la Beira Alta portuguesa.

En el territorio existente entre el Mondego y el Tajo también encontramos una zona rica en estaño, zona que incluiría el oriente de Portugal y las provincias españolas de Salamanca y Cáceres, territorio que comprende alrededor de cincuenta yacimientos de estaño y oro. En la zona de la desembocadura del Tajo nos encontramos con diversos yacimientos que cuentan con material orientalizante, y que probablemente se dedicaran a la transacción del estaño de Extremadura y del Centro de Portugal.

Lo mismo ocurre en el estuario del Sado, donde también aparecen asentamientos que cuentan con material orientalizante, a la vez que otros que han sido catalogados de factorías o puertos de comercio fenicios, localizados en esta zona puesto que su destino sería también el comercio de metales.

Vía| ALVAR, J. (1980) “El comercio del estaño atlántico durante el período orientalizante”, MHA IV; AUBET, M. E. (1997) Tiro y las colonias fenicias de occidente. Edición ampliada y puesta al día, Barcelona; PELLICER, M. (2000) “El proceso orientalizante en el occidente ibérico” HA 16; PÉREZ MACÍAS, J. A. (1996) Metalurgia extractiva prerromana en Huelva, Huelva; TORRES ORTIZ, M. (2002) Tartessos, Madrid.

Imagen| Imagen idealizada del mítico ArgantonioBocado tartésico de bronce fundido

En QAH| Causas que llevaron al fin de Tartessos, Expansión fenicia a Occidente: causas, La fundación de Gadir

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