Cultura y Sociedad, Literatura 


Los hombres y las mujeres de la Cultura

Las misiones pedagógicas (1931-1936)

“¡Comunistas, comunistas! ¿Cuándo es el cine?”

Fragmento del testimonio de una misionera en el que

expresa lo que los niños y las niñas del pueblo les decían

a su paso. Se puede ver en el documental de la exposición

“Las misiones pedagógicas”.

Durante este 2017, la Red de Exposiciones Itinerantes de la Comunidad de Madrid (Red Itiner) ha traído y traerá una serie de muestras de gran calidad a diversos municipios madrileños. Una de ellas, entre otras como “El tiempo encapsulado: ocio y oficios en el viejo Madrid” o la ya tratada por mí en otro artículo “El rostro de las letras: escritores y fotógrafos en España, 1839-1939”, es la titulada “Misiones pedagógicas: 1931-1936” que estos días, después de recorrer lugares como Guadarrama o Leganés, se puede ver en el Antiguo Hospital de Santa María la Rica de Alcalá de Henares.

“Las misiones llevaron desde el primer momento a los pueblos y dejaron en ellos libros para continuar aprendiendo y leyendo poesía; gramófonos para seguir oyendo buenas canciones y música bonita”.

Manuel Bartolomé Cossío (extraído de la web http://www.residencia.csic.es/misiones/presentacion/inicio.htm

Esta muestra presenta al público la historia de este sueño cultural, el cómo se llevó a cabo y la huella que dejó en quienes pudieron acceder a la cultura en muchos aspectos por primera vez gracias a él. Todo en ello dividido en dos espacios de la sala de exposiciones José Hernández.

Cuadros con paneles informativos poblados de fotografías, vitrinas con libros además de otra documentación y un documental son el alma de las misiones que estará expuesto hasta el próximo 8 de agosto.

Con ellos se abarca toda la historia de este trabajo desde sus inicios en las cabezas de quienes pensaron que algo así podía ser buena idea hasta su “aparente” final con la llegada de ese espanto que fue nuestra guerra civil. Digo “aparente” porque su espíritu, como esas canciones populares que tocara Lorca en su piano, siguió vivo dentro de quienes fueron sus protagonistas, tanto las personas que lo llevaron a cabo como quien lo recibió en los pueblos (impresiona ver como una mujer mayor, Josefina del bello pueblo de Sanabria, se acuerda del “Romance de la loba parda” visto en una de esas sesiones sobre los escenarios), y en el exilio puesto que en Sudamérica también se pusieron en marcha.

Creación del gran Francisco Giner de los Ríos y de Manuel Bartolomé Cossío, teniendo en cuenta luchas anteriores y otros antecedentes, las misiones comenzaron su ruta en 1931 en el pueblo segoviano de Ayllón (gracias a un decreto de la Segunda República). Con ellas se pretendían unos objetivos directos, necesarios y difíciles de llevar a cabo en esos tiempos que fueron los siguientes: “fomento de la cultura general, orientación pedagógica de las escuelas y la educación ciudadana de las poblaciones rurales”. Así, bibliotecas (con libros infantiles como Peter Pan; gran novedad de género en esos ámbitos), museos del pueblo (donde se exponían copias de los grandes maestros del Prado como Velázquez realizadas por personal de las misiones como Ramón Gaya; quién fue encargado de este museo), cines (con películas de Charlot, animación y documentales educativos), coros, teatro, música y retablos de fantoches inundaron de Arte y otros conocimientos los corazones de personas que no habían tenido acceso a ella por otras vías. Y es que en muchas de esas poblaciones de diversos lugares de España no había luz eléctrica y los maestros tenían muy limitado su campo de acción. Este grupo de personas hizo posible que estos defensores del saber tuvieran un lugar más digno en el mundo rural; algo de lo que ahora tendríamos que aprender un poco puesto que al docente se le ha quitado mucho del valor que tiene en la sociedad.

“La dignificación de la profesión de maestro era un punto fundamental dentro del proyecto”

Fragmento de un panel informativo de la muestra

Y es que las misiones significaron amor a la enseñanza, a la extensión de la cultura y a la educación en general. Eso, que fue su corazón, hizo que gentes muy distintas trabajaran juntas con una pasión admirable que era recompensada con las caras de admiración, alegría e ilusión que los habitantes de estas poblaciones, a quien supieron acercarse comprendiendo sus tipos de vida y aprendiendo mucho de ellos, ponían cuando veían un barco proyectado en una pared o cuando uno de ellos, al asistir al Museo del Pueblo, decidiera que aquello era casi hecho por la mano de verdaderos dioses y que él quería ser como ellos.

Hoy, con toda información que tenemos a nuestro alcance con solo un clic, es imposible ponernos en la piel de esas personas que pueblan la historia de las misiones pero lo que sí sentimos los nietos de ellos es la emoción que, a día de hoy, sigue emanando de sus rostros desde aquellas fotografías que son su historia y también la nuestra.

Gracias a todos aquellos y aquellas, desde Alejandro Casona hasta el electricista que hizo posible la proyección en muchas villas, que hicieron posible ese milagro. Solo puedo decir que no se pierdan esta exposición que además, como manda en el espíritu de las misiones, es gratuita.

La próxima parada de esta expedición será en la vecina Torrejón de Ardoz y su Casa de la Cultura (del 5 al 26 de septiembre).

 

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