Historia 


Los Herbarios medievales

Harley MS 2020 f. 146

Herbario medieval. Harley MS 2020, f. 146. British Library.

Si el mes pasado hablábamos sobre la representación animal en los bestiarios medievales, en esta ocasión es el reino vegetal quien ocupa el centro de nuestro interés.
Los herbarios se conciben como grandes catálogos botánicos. Cada ejemplar aparece ilustrado con su correspondiente descripción al lado en la que se especifican sus características y usos: nombre, sinónimos, situación geográfica, propiedades curativas, elaboración de remedios, contraindicaciones, etc.
Las fuentes fundamentales para su constitución hay que buscarlas en la tradición clásica. Tratados como el Herbarium de Pseudo-Apuleyo, la Materia Médica de Dioscórides o la Historia de las plantas de Teofrasto constituyeron la base de la botánica durante toda la Edad Media. Las referencias que se usaron para constituir estos herbarios aparecían dispersas por distintas compilaciones: de carácter farmacológico, agrícola y medicinal, además de las incluidas en relatos de viajes o en poemas didácticos. Las traducciones de textos botánicos por los árabes permitieron el conocimiento de nuevos ejemplares procedentes de la flora persa, india e incluso tibetana.
Antes de la irrupción de los herbarios latinos en la Baja Edad Media, es interesante destacar la producción de este tipo de tratados en otras partes del territorio medieval. Bizancio puede estar orgulloso de haber hecho una gran aportación a la botánica medieval con la introducción de una iconografía vegetal; ya en el siglo VI se tiene constancia de la existencia de códices que contenían la Materia Médica de Dioscórides ilustrada, cuyo ejemplar más antiguo es el Anicia Juliana Codex. En China se tiene conocimiento de la producción de herbarios (pen ts’ao), de corte farmacológico, desde el siglo II; pero fue en el siglo X, bajo la dinastía Song, cuando se llevó a cabo una compilación que pretendía resumir la tradición botánica anterior. Un ejemplo de esto es el Herbario de la era Kai-pao.
Ya de vuelta en Europa, los herbarios latinos surgieron a partir del siglo XIII, bajo la influencia de la Escuela de Salerno, como respuesta a una demanda práctica, es decir, la necesidad de tener toda la información en un mismo ejemplar, en latín, sin necesidad de tener que buscarla por distintos tomos. Como fuentes influyentes, ya plenamente medievales, se usaban el Macer Floridus (siglo XI) de Odon de Meung y el Circa instans (siglo XII) de Mateus Platearius. La composición del herbario se llevaba a cabo por varios individuos, el escritor y el ilustrador, por lo que esto, junto al desconocimiento de algunas de las especies a describir por el autor, podía provocar discordancias entre el texto y la ilustración. Como bien apunta Crombie, la finalidad a la hora de realizar herbarios “(…) era, habitualmente, intentar identificar en su propio jardín las plantas mencionadas por Dioscórides y el Herbarium de Pseudo Apuleyo”.
En cuanto a su representación, se suele usar la clasificación que Signer diseñó en 1947. El estilo romano, cuya intención era representar la planta de manera ornamental, sin incidir en sus rasgos de manera más precisa. Esta técnica se dio en el norte de Francia. El segundo estilo es el llamado realista, que buscaba facilitar la identificación de ejemplares vegetales. En el siglo XIII se perfeccionaron las ilustraciones puesto que la intencionalidad era práctica. Muchos de los autores acudieron al estilo realista de las escuelas flamencas e italianas, alcanzando en siglos posteriores un alto grado de naturalismo, cuyos representantes más destacados fueron Durero o Leonardo. Este realismo vegetal se puede apreciar en los relieves escultóricos góticos cristianos o en la decoración oriental, incluyendo cada vez más detalles.

 

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Herbario de Pseudo Apuleyo. MS Ashmole, 1431. Fol. 9v 10r. Bodleian Library, Oxford.

Las plantas catalogadas en los herbarios pueden clasificarse por orden alfabético o en torno a sus características, siendo un intento más serio de clasificación “científica”. Por ejemplo, en el Herbario de Rufino, del siglo XIII, se organizan los ejemplares por orden alfabético y se agrupan en tres conjuntos: labiadas, compuestas y leguminosas. En el norte europeo se observan estos intentos de ordenación con ejemplos de plantas umbelíferas.
El Herbario de Bury S. Edmunds (siglo XII), el Herbario de Rufino (siglo XIII) o el Herbario de Benedicto Rinio son sólo algunos ejemplos de la gran producción que comenzaría a circular por Europa como apoyo a la actividad médica y farmacológica.

Vía| COLLINS, M.: Medieval herbals: The illustrative traditions. London: British Library, 2000./ CROMBIE, A.C.: Historia de la Ciencia: De San Agustín a Galileo. Vol. I. Madrid, Alianza Universidad, 1985./ FUENTE FREYRE, J.A. de la, La biología en la Antigüedad y la Edad Media. Salamanca, ediciones Universidad de Salamanca, 2000.

Imágenes|   Herbario Harley  Herbario de Pseudo Apuleyo

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