Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Los estragos de la inundación de Florencia en el Crucifijo de la Santa Croce

Debido a la gran inundación que se produjo en Florencia el 4 de Noviembre de 1966, alcanzando una altura superior a cinco metros en algunas zonas de la capital, parte de los bienes culturales sufrieron grandes daños. Uno de ellos fue el crucifijo de la Santa Croce, donde el agua dañó tanto la basílica, como los bienes situados en su interior.

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Inundación de Florencia en 1966

Realizado entre 1275 y 1285, el conocido Cristo de la Santa Croce supone una de las obras clave para la evolución de la pintura europea, rompiendo con las figuras esquematizadas realizadas en la época. El autor de la misma es el pintor florentino Cimabue, considerado uno de los mas importantes de la escuela de Florencia. Esta ruptura se puede observar en una forma más sinuosa del cuerpo, trazos más suaves, un volumen realista y sombras mejor calculadas. Todo ello, enmarcado en una representación suavemente difuminada.

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Crucifijo tras la inundación

La inundación alcanzo la zona del nimbo, lo que provocó que se perdiera un 60% de la película pictórica del crucifijo, quedando algunos desprendimientos de pintura flotando en el agua. Además de la pérdida pictórica, este dramático hecho también provocó la aparición de moho que se extendía por toda la superficie, el combado de la tabla, y el debilitamiento y daño en la madera. Los tratamientos comenzaron tras la catástrofe y se prolongaron hasta un total de diez años. Este hecho se debía a la importancia del crucifijo, el tamaño del mismo, de 3’90 metros y los distintos tratamientos que debieron efectuarse sobre él. La intervención suscitó un gran interés y fue tomada desde un punto de vista enfocado en el mayor respeto al original.

La restauración comenzó con la fumigación del crucifijo, tratando de eliminar el avance del moho. Una vez realizado se produjo un secado de la superficie y de la madera de forma gradual. Tras esta intervención fue necesario separar y aislar los dos estratos principales del bien cultural, este hecho se produce con el objetivo de aplicar tratamiento diferenciales a cada uno de ellos, debido a la debilidad de la madera y evitando el arqueado de la misma.

 

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Crucifijo tras la restauración

Fue la intervención sobre la película pictórica la que provocó un mayor interés, creando incluso cierto tipo de polémica. En esta ocasión los restauradores, encabezados por Umberto Baldini, decidieron utilizar una técnica conocida como cuatricromía. Ésta, consistía en el uso de los colores primarios; el magenta, el cian y el amarillo, junto al negro. Mediante este cromatismo, aplicado en pequeñas pinceladas moduladas sobre la superficie de la obra, se conseguía un tono que variaba levemente dependiendo de la zona, pero que en conjunto, desde una posición más alejada, asemejaba a un tono neutro. A través de esta técnica se pretendía distinguir la intervención de la obra original, pero con una armonía global de la obra. No obstante, no todos los restauradores compartían la misma opinión, ya que consideraban esta técnica demasiado discernible, por lo que se dividía la opinión sobre la restauración de la película pictórica. Sin embargo, debido a la gran importancia de la obra, tanto a nivel histórico como artístico, la decisión de realizar esta reintegración se centró en la visión de la obra original y no en la posible reintegración más ilusionista que podía haberse realizado. Una vez restaurado, el crucifijo ha recorrido gran parte de los museos europeos, incluido el Museo del Prado.

Via| Elpais

Más información| ARGAN, J. C. (1988) Renacimiento y Barroco: De Miguel Angel a Tiepolo, Madrid, Akal

Imagen| Inundación, Antes, Después

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