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Los esclavos del siglo XXI

Desde que se tiene constancia del desarrollo humano, la esclavitud ha sido un pilar sobre el que han crecido todas las grandes civilizaciones como la Egipcia, la Griega o la Maya.

El día 10 de diciembre de 1948 ,en el seno de Naciones Unidas, tuvo lugar un hito en la historia de la humanidad. Ese día nacía la “Carta Internacional de los Derechos Humanos”, compuesta por 30 artículos y una serie de tratados internacionales que obligan a su cumplimiento a los países firmantes (58 en ese momento). Por primera vez en la historia del hombre se creaba un texto legislativo internacional en el que quedaban recogido los más fundamentales e innatos derechos del ser humano desde el momento de su nacimiento. Algunos tan importantes como el que recoge el Artículo 4 de la Carta: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”.

Más recientemente el conocido como “Protocolo de Palermo” del año 2000 reconsideró la situación de la esclavitud moderna e impuso nuevas medidas para establecer como prioridad internacional la abolición de la esclavitud moderna, centrándose especialmente en los sectores de mayor riesgo como son las mujeres y los niños.

La libertad es un derecho que nos parece tan natural como el propio derecho a la vida y sin embargo en Europa hace apenas unos 200 años aún había esclavos. Hasta finales del siglo XX había países esclavistas en el mundo, siendo el último en dar este paso Mauritania en 1980.

Hoy en día pese a los esfuerzos internacionales se puede considerar que sigue existiendo la esclavitud, aunque en la actualidad es más conocidad bajo el nombre de “trata de personas”.
La trata de personas se puede resumir como: El delito internacionl de explotación de seres humanos mediante el uso de la coacción, rapto o cualquier tipo abuso de poder. Los delitos más comunes asociaciados a la trata de personas son: la explotación sexual y laboral con fines comerciales, cualquier forma de servidumbre involuntaria, los trabajos forzados por deudas y la extracción de órganos .

Según el Informe del 1 de junio de 2012 de la Organización Internacional del Trabajo en el mundo hay 20,9 millones de personas víctimas de la trata de seres humanos. El comercio ilegal de personas en la actualidad afecta a más de 130 países y es la tercera actividad ilícita más rentable a nivel mundial por detrás del tráfico de drogas y armas.

Los esclavos modernos
Como podemos ver el denominador común para determinar una situación de trata es la explotación de la víctima y la incapacidad decisión sobre su propia vida.
Actualmente los 4 tipos de explotación más comunes son: la trata con fines sexuales, la explotación laboral, la servidumbre doméstica y el tráfico de menores.
El 98% de las víctimas mundiales de trata de personas son víctimas del comercio sexual, especialmente en las regiones de Asia y África.
La explotación sexual con fines lucrativos es un tipo de trata que afecta de forma dramática a las mujeres y niñas, ya que este colectivo es el 80% del total de víctimas.

La trata laboral de personas es un tipo más oculto y difícil de catalogar como esclavitud porque engloba otros delitos como el reclutamiento, transporte ilegal o la retención de personas en contra de su voluntad. De los 15.205 casos identificados en 2011, solo 278 obtuvieron una condena legal.

Al igual que en el caso de la explotación sexual aquí también se da la situación de esclavitud como compensación a una supuesta deuda adquirida, normalmente a cambio de un traslado de país o un nuevo trabajo. Aún así, no es necesario que la persona esté en otro lugar diferente a su país de origen para ser víctima del trabajo forzoso. En algunos países de Asia y África esto es especialmente grave porque la deuda se puede heredar, por lo que hay personas que ya nacen con la condición de esclavas. Dentro de los diferentes tipos de esclavitud el que podemos considerar más grave y con peores repercusiones para la víctima es el que sufren los menores de edad en sus distintas formas: explotación sexual, laboral y reclutamiento como soldados.

Otro colectivo muy vulnerable a esta situación es el de los menores desplazados o refugiados. Este tipo de violación de los “Derechos del Niño” no siempre es fácil de reconocer ya que en ocasiones las familias acceden a ello o los explotadores se hacen pasar por parientes del menor. En el caso de niños soldado es difícil impartir justicia porque generalmente estas situaciones ocurren en países en guerra o con gobiernos débiles incapaces por sí mismos de garantizar los Derechos Humanos en su territorio.

Estas personas normalmente caen en las redes de trata porque se encuentran en una situación de vulnerabilidad y pobreza. Las personas que abusan de ellos suelen recurrir a un mismo patrón de dominación caracterizado por: restricción de movimiento, mantenerles en condiciones de vida, salud y trabajo deplorable, y utilización de la violencia, la amenaza y coacción como método de sumisión.

Fotografía por Eworn

No siempre es fácil identificar una situación de esclavitud porque a menudo puede confundirse con otras problemáticas sociales como el tráfico ilícito de inmigrantes o la prostitución. La diferencia entre trata y tráfico de inmigrantes es el consentimiento inicial de la persona que viaja, que la relación ilícita de tráfico termina cuando llega al lugar de destino, y que además el viaje siempre es transnacional. En el caso de la prostitución se diferencia porque en la trata la persona nunca dió su consentimiento o si lo hizo en algún momento, el uso de la violencia contra ella hace que pierda toda validez.

Las víctimas de la trata quedan marcadas de por vida aún cuando consiguen librarse de su condición de esclavas. Las consecuencias físicas en ocasiones pueden repararse aunque las más graves abarcan desde enfermedades hasta la muerte. Las mentales como sentimiento de abandono, culpa, ansiedad o trastornos mentales, serán más difíciles de subsanar y pueden condenar a la persona a la exclusión social de por vida. La dificultad para definir la trata de seres humanos y su implicación con redes de delincuencia organizada en ocasiones lleva a que las víctimas sean tratadas como delincuentes al igual que sus tratantes. Para evitar estas deplorables situaciones los organismos internacionales más importantes como Naciones Unidas o la Unión Europea, dedican grandes esfuerzos luchar contra esta lacra.

En el marco de Naciones Unidas el último gran avance fue el “Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños”, conocido más comúnmente como “Protocolo de Palermo” y que ha sido firmado hasta el momento por 117 países. Este tratado obliga a los países firmantes a adoptar una serie de medidas que pueden resumirse en 3 líneas de actuación o “Las 3 P”: protección de la víctima, prevención del delito y procesamiento y castigo a los tratantes. El objetivo es centrarse en la víctima ofreciéndole seguridad, justicia y posibilidades de reinserción social.

Si hablamos de la Unión Europea tenemos que mencionar la última legislación aprobada en 2011, “La Directiva de la UE contra la Trata de Seres Humanos”. En ella al igual que en el protocolo de Naciones Unidas se define la trata y se fijan parámetros legales para penalizar cualquiera de sus formas. Esta directiva obliga a su cumplimiento a los estados miembros de la UE, pero la teoría difiere de la práctica. Según datos recientes de la Comisión Europea entre 2008 y 2010 de los 27 solo 3 países han traspasado esta normativa a su legislación nacional. Esos años también se tiene constancia de que la trata ha aumentado un 18%, siendo más de la mitad, el 61%, ciudadanos de la UE. Esto es un claro reflejo de que esta lacra social está muy lejos de eliminarse.

Si los considerados países desarrollados no llegan a un acuerdo sobre cómo luchar contra la esclavitud, si los grandes organismos internacionales no ponen verdaderas herramientas útiles al servicio de esta causa, todo el esfuerzo acaba siendo un cúmulo de buenas intenciones.

Si ni siquiera podemos garantizar en nuestras propias fronteras la libertad de nuestros ciudadanos deberíamos replantearnos que tipo de sociedad democrática tenemos y reflexionar sobre si la globalización realmente también incluye la universalización de los derechos y no solo la del capital.

Imagen|www.uaa.mx

Más información| Acnur, Aministia Internacional, Us Departament of State, Comisión Europea,

En QAH|  ¿Qué son los Derechos Humanos?, ¿Qué fue el movimiento de los derechos civiles?, La protección de los Derechos Fundamentales en Europa: El Consejo de Europa y la Unión Europea,

 

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